LO QUE EL CORAZÓN ME DICTA(POR: RITA ELENA VÁZQUEZ PEÑA)

R-3

DOÑA VITA, LA REZADORA

“Salgan, salgan, salgan, ánimas en  pena, que el rosario santo rompa sus cadenas…”, aunque no tan bien entonada, doña Vita cantaba estas estrofas en los rosarios dedicados a las ánimas.

Doña Vita era una mestiza de aproximadamente sesenta años, delgada, con el cabello lacio recogido con una peineta, labios delgados, nariz recta. Estaba casada con don Cuxo, un campesino dedicado a la siembra. Doña Vita era la rezadora oficial, por así decirlo, de todo Hoctún. Constantemente la contrataban para rezar en  las novenas dedicadas a distintos santos o para hacer rosarios de difuntos –cuando propiamente era el caso de un velorio- o para épocas de finados.

Este matrimonio vivía en la esquina de mi casa en Hoctún. Recuerdo que tenía un patio inmenso que daba precisamente frente a mi hogar, por lo que era muy frecuente que cayera la pelota de juego en aquel  terreno y nosotros, como niños que éramos, no medíamos el peligro y entrábamos a aquel lugar  que estaba celosamente cuidado por bravos perros, a quienes literalmente se les escurría la baba de la ferocidad al  querer alcanzarnos y poder arrancarnos un pedazo de piel. Era una verdadera odisea llena de adrenalina aventarnos a aquel campo minado y salir victoriosos para continuar con nuestros juegos de futbol o beisbol.

Doña Vita nunca pudo tener hijos y creo que me quiso como a una hija porque me llevaba al parque, a sus rezos, a la  iglesia y me invitaba a sorbetes de coco al salir de misa. Poco a poco, por la costumbre de ir con ella a los rosarios, me fui aprendiendo los cantos y le fui muy útil,  porque doña Vita  no sabía leer y frecuentemente, en pleno rezo, se le olvidaban las letras de los cantos, es cuando yo entraba al quite “soplándole”  las  estrofas de éstos.

Recuerdo que en una fría noche de noviembre, doña Vita y yo fuimos a rezar en una novena la cual terminó tarde porque era la “última noche” y los organizadores se lucieron dando apetitosos refrigerios (“toch”) , hubo música y prendieron fuegos artificiales… en fin, se puso muy bueno el convivio; el caso es que doña Vita y yo nos quitamos de esa casa  ya muy tarde, aproximadamente como a las doce de la noche. Ya cansadas, tomamos camino para nuestras casas. En el camino,  doña Vita se quitó la peineta y dejó caer su lacio cabello, cuyo largo le llegaba más allá de las caderas.

A mi corta edad –  tenía más o menos ocho años- , las esquinas del pueblo me parecían muy largas y  la caminata interminable, pero la alegre plática de doña Vita (parte en maya y español), hacía del trayecto  más liviano. Íbamos muy  entretenidas cuando de pronto escuchamos los gritos de un hombre que decía: “¡Párate, X’tabay!, a dónde llevas a esa niña,  ven acá desgraciada, que ahorita vas a ver qué te voy a hacer!!!”

Al escuchar esto, las dos entramos en pánico y empezamos a correr,  pero aquel hombre empezó a perseguirnos y a lanzar pedradas, por poquito y una le da en la cabeza a doña Vita…  Seguimos corriendo y aunque ya no escuchábamos tan cerca los gritos de aquel hombre, el susto nadie nos lo quitaba, así que llegamos a mi casa,  doña Vita le dijo a mi mamá lo que pasaba y se retiró rápido hacia la suya.

Como a los cinco minutos, tocaron en la puerta de mi casa. Entonces reconocí la voz familiar de aquel señor  que desesperado le decía a mi mamá: ¡ Vieja! , cuidado, porque acabo de ver a la X’tabay que se estaba robando a una niña, seguramente para hacerle daño y pude ver que acá la dejó,  pero seguramente ella está guardada para atacarnos!!!

Mi madre, abrió la puerta y sin decir nada, se acercó y olió a mi papá para luego “regañarlo” y decirle que entrara a la casa y se acostara a dormir, que al día siguiente platicarían.

Ya luego me enteré que mi papá, luego de un arduo día de trabajo en el campo, había ido a aquella  novena cuyo organizador era su mejor amigo y estuvieron en el patio de la casa platicando y bebiendo  más de un jaibol, así que la combinación cansancio-licor  lo “golpeó” dejándolo borrachito, por lo que confundió a pobre doña Vita con la X’tabay, por su cabello lacio,  cuyo largo le llegaba más allá de las caderas…

 

 

 

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