LO QUE EL CORAZÓN ME DICTA(POR: RITA ELENA VÁZQUEZ PEÑA)

R-3

SOL DE OCTUBRE

Tambaleante, te aproximabas a  mí y yo, emocionada, te decía: ¡Así, un poquito más mi amor, un pasito más y lo lograrás!

Tus primeros pasos fueron tus primeros triunfos; luego, correr fue tu pan de cada día, tanto, que en dos ocasiones te has quebrado el brazo.

Todavía recuerdo cuando supe que iba a ser madre por tercera ocasión. Déjame decirte que me sentí muy feliz pero a la vez muy preocupada porque en primera, ya iban a ser tres hijos pequeños para cuidar y en segunda, al enterarme que  serías varón, me dió miedo no saber atenderte.

En un sol de octubre llegaste a nuestras vidas y fue uno de los momentos más bellos  que  he tenido. Es muy  cierto el dicho de que “Dios aprieta  pero no  ahorca”, porque con la ayuda de tus abuelitas paternas –y la de mi madre que te cuida desde el cielo- , salimos adelante.

Esos festejos del día de las madres en el jardín de niños y  primaria eran muy emotivos, porque la reina para tus ojos, era yo. Recuerdo que en uno de esos festivales, te acercaste orgulloso con una flor y me diste un cartel  en el que estaban las huellas de tus manos y  que decía  “te amo, mamá”.

No había madre más orgullosa que yo al verte bailar en los festivales,  cuando salías a declamar o al participar en  el homenaje a la bandera en algún lunes escolar. Recuerdo cuando valientemente te le enfrentaste a aquella ogra  maestra de cuarto de primaria,  defendiéndome porque no me habían permitido pasar a presenciar aquel concurso de declamación en el que declamarías un poema que compuse para ti; lloraste pensando que no me verías, pero finalmente tu carita se alegró cuando en primera fila allí estaba yo,  aplaudiéndote orgullosa.

Fui tu heroína, tu reina, tu todo, porque así me lo hacías sentir… ¡Bendita infancia!

Como despega y se eleva un avión, así ha sido tu crecimiento y evolución: Al inicio, sale poco a poco y luego se impulsa  victorioso zurcando los aires. Así has crecido sin darme cuenta y hoy cumples quince años. ¡Qué orgullosa me siento al verte tan guapo!, porque ante los ojos de una madre, sus hijos son los más bellos del mundo.

En esta etapa tan linda de la juventud, hay muchos sueños y proyectos. Eres como un pequeño árbol cuyas verdes ramas se van extendiendo. Papá y yo somos como la lluvia, cuyas gotas fortalecen tu crecimiento y nunca, mientras Dios permita, dejaremos de protegerte.

Cuenta conmigo y con papá en todo lo que necesites y acércate a nosotros con la misma confianza como cuando eras niño; abre tu corazón, nosotros te comprenderemos perfectamente y, aunque posiblemente no estés conforme con los consejos que te demos, no dudes que siempre buscamos tu bienestar.

Por ahora, en esta bella etapa en la que estás viviendo, tal vez ya no sea la reina o heroína de siempre porque comprendo que los intereses, amigos y amigas absorben tu mundo,  pero amorosa y  pacientemente  esperaré  para que en cualquier momento que lo necesites  acudas  a mí, y si es necesario, sacaré mi escudo y capa para protegerte y  vuelvas a verme como la heroína más fuerte y bella del mundo.

¡Felices quince años  hijo, te amo y que Dios te bendiga!

 

 

 

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