CARRETERA A PROGRESO(POR: ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA)

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Salí carretera a progreso alrededor de las 10:30 am, supervisaré unas obras en construcción frente a Yucalpetén, pero al pasar por el desvío a la universidad Mayab, había un aparatoso accidente, ambulancias, patrullas y bomberos llenaban ambos lados de la carretera, porque una camioneta de 3.5 toneladas al chocar contra un volquete, derrapa, rompe el muro de contención y brinca invadiendo el carril contrario donde venía una combi llevando pasaje a la hacienda de Xcunyá.

Nos detuvieron más de 40 minutos, mientras recogían a los lesionados y varios cadáveres, la escena realmente era impresionante. Me identifiqué y me puse a disposición de la Cruz roja ya que en los años de juventud fui voluntario y manejé la ambulancia 341. Por un momento sentí que revivía aquellos años, no note esos 40 minutos de espera y me sentí útil y tan emocionado que tomé datos con el médico a cargo para retomar tan noble actividad. A pesar de tan triste momento me identifiqué con los voluntarios.   Raúl, voluntario jefe en turno me agradeció con un abrazo sincero y prometí unirme a ellos. Al despedirme me recordó que mi identificación la tenía el primer oficial y que podía pasar hasta la patrulla por ella.

Caminé lento hasta mi camioneta para dejar mis herramientas que saqué para brindar auxilio, pensando que la vida siempre está brindándome la oportunidad de servir a mi prójimo, y entrado en mis pensamientos vi como una mujer se me acercaba e interrumpía mi silencio.

¿Nos podrá llevar señor?

Me preguntó una mujer con trenzas enrolladas en la cabeza, con un rebozo morado que le cubría medio hombro y espalda, a la vez le daba sombra al  pequeño hijito que sostenía entre sus brazos.  Una niña pequeña como de cuatro años se agarraba del hipil que vestía su madre, y se escondía detrás, como guardándose de mi mirada.

—Claro, si les llevo.  ¿A dónde van?

—Hasta la hacienda de Xcunyá patroncito.

—Suban, sólo recogeré la documentación que le di al oficial y enseguida seguimos nuestro camino, ustedes a su hacienda y yo sigo para Progreso.

Al subir, le di a la pequeña una paleta de dulce que tenía en la guantera, la mujer sonrió y se presentó diciéndome:

—Gracias doctorcito por ayudar, yo soy Yadira, tenemos una fonda en la hacienda, cuando usted esté de regreso bájese a cenar unos salbutes de relleno negro, soy la única en el pueblo que los preparo, le será fácil encontrarme, tengo mi puesto junto a la iglesia.

—Sí, gracias, estaré aquí como a las 18:00 horas, paso mucho por esta carretera y créame que nunca he entrado a esta hacienda de Xcunyá.

Por el accidente muchos habitantes de la hacienda estaban a la orilla de la carretera, quizá trataban de averiguar de sus seres queridos o esperaban la combi para ir a Mérida. Por estas haciendas se usa mucho el tricitaxi. Dos jóvenes se enteraron que iba rumbo al puerto, así que se acercaron a pedirme aventón.

Suban les dije, y pregonando que iba al puerto recolecté a unos cuantos más, la camioneta estaba completa, avisé que arrancaba y nos fuimos alejando poco a poco.

Al llegar al entronque de Progreso, todos se bajaron dándome las gracias, mandándome todo tipo de bendiciones y parabienes.

Terminé mi trabajo, alrededor de las 5:30 de la tarde regresaba a Mérida, y al pasar por el desvío, Leí Xcunyá a mano izquierda, y dudé en entrar, estaba cansado de todo el día de trabajo y me pasé de largo, pensé: en otra ocasión entro.

A unos 5 kilómetros recordé que Yadira me ofreció los salbutes de relleno negro, y busqué el retorno para entrar a Xcunyá.

La hacienda es realmente hermosa, con una pequeña capilla muy antigua, caminé por la explanada buscando el puesto de Yadira, un joven se acercó y me recordó:

Doctorcito, Soy Pech, hoy nos hizo el aventón a San Ignacio, ¿qué se le ofrece por aquí?

Busco el puesto de Yadira, al tiempo que más gente se empezaba a acercar, es que me ofreció unos salbutes de relleno negro.

Una anciana me dijo que yo pasara al atrio de la capilla, ahí se daban los salbutes de relleno negro después podía yo entrar a la capilla, ahí velaban el cuerpo de Yadira y sus pequeños hijos quienes fallecieron en el accidente de esta mañana.

 

18 DE OCTUBRE DE 2018.

 

 

 

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