CARTA MISTERIOSA(POR: ALEXA MONTES)

 

 

Andrea recién enviudada llega puntual a la cita en el café, necesitaba platicar con alguien de su entera confianza y quien mejor que Gladis, su gran amiga de infancia, ella que pudiera entenderla y guardar su doloroso secreto, al verla justo en la entrada le dice;

-Que bueno que llegaste mi muy querida amiga, ahora que mi marido murió no puedo callar mas.

-Me da gusto verte Andrea, entiendo tu pena, todos estimábamos a tu marido y lamentamos su muerte.

-No se bien como empezar, es que no soy buena para relatar, así que te pido que no me interrumpas y si tienes preguntas las haces al final por favor porque esto que te voy a contar, me es difícil y pues bien; mi matrimonio en los últimos meses se convirtió en la mas tediosa relación, oscura, sin encanto eso ya te lo había contado, pero el colmo fue cuando él dejó de tocarme, no teníamos intimidad y al principio lo extrañe pero después me alegraba que no se me acercara, sentía tu tacto como la mas áspera piel de zapa, además de que sus palabras cada día eran mas groseras con ese matiz de su voz que parecía que quisiera ahuyentarme, en fin, un día en el piso de la entrada a mi oficina, encontré una carta sin remitente ni sello postal, sólo mi nombre escrito a maquina y me resultó extraño, pues quien en estos días escribe cartas en papel y en máquina de escribir, pero eso me hizo mas curiosa y de inmediato abrí la carta, al empezar a leerla me sentí como adolescente y por un momento me olvidé de mi marido, que por supuesto, nunca me había dicho palabras tan lindas como esas que leía, decía que desde la primera vez que me vio pasar sintió que lo transporté al paraíso con mi figura tan perfecta, ese momento fue mágico e inolvidable ¿te imaginas que alguien te hable así?, con lo mal que estaban las cosas en casa, por un momento me gustó y aunque pensé que ese sería sólo ocasional, pasó la semana y el siguiente lunes, ahí estaba otra carta y el siguiente y el siguiente y así cada lunes, había una carta llena de pasión y delicada declaración, pero todas sin remitente y sin firmar, ¿como poder agradecerle a alguien que no quiere ser descubierto?, seleccioné algunas que quiero leerte, las he guardado y les puse nombre a cada una, esta que te voy a leer la llamé “Despertar de una pasión” y dice así: Mi adorada Andrea, hoy te escribo para decirte que no soporto más el no tenerte, te he soñado tantas veces y he recorrido tu piel con mis ojos, no he visto piel mas perfecta, tu figura me acompaña por las noches, mis manos quieren conocer cada parte de ti, me desarmas pero me sostienes, cada día es un diluvio de fe eres mi dicha y mi pasión te has metido muy dentro de mi ser y no puedo dejar de pensar que haría el día que puedas pasar una noche a mi lado”. Las cartas fueron subiendo de tono, como esa que llamé “Contigo hasta el fin” y dice así: Mi adorada Andrea, el pasado viernes, vi como sonreías con esos labios que invitan a besar y morder, no paro de desearte y con tu cadencioso caminar te he imaginado en mi cama, tus piernas abrazando mi cuerpo, sentir tu desnudez sería el paraíso. Lo demás mi amiga… no puedo leerlo, pero quiero que veas lo feliz y enamorada que me sentía todos los días, al punto en que pensé en el divorcio pero a quien amar, si no sé ni su nombre, a veces me enojaba que no tuviera el valor de al menos decir quien era, y quería poner su carta afuera de mi puerta para que viera que no eran bienvenidas sus palabras, pero el perderlo me daba miedo y estaba enamorada, atesoré estas cartas y las leía una y otra vez, días antes de morir mi esposo entré a la recámara, como cada noche, y me dijo que lo mejor sería que me fuera a dormir a otra recámara pero eso no fue lo mas cruel, lo fue cuando me dijo “Ya no te amo, creo que nunca te he amado”, ¿te imaginas?, si yo no hubiera recibido estas cartas, ¿que hubiera sido de mi?

Gladis quería interrumpirla a cada momento, pero Andrea no se lo permitía, hablaba tan rápido.

-Me hubiera derrumbado, si no sintiera que alguien en esta vida me amaba, pero ahora viene lo peor, y eso es que cuando muere mi esposo no sentí pena o dolor, al contrario, me sentí liberada, tuve que fingir ante todos ustedes que lamentaba su muerte y yo sólo esperaba que fuera lunes para poder recibir carta y esta vez estaba dispuesta a todo, y tal vez, él al saber de la muerte de mi marido, si me dijera su nombre y se presente ante mi, para decirle cuanto lo deseo, pero llegó el lunes y no recibí carta, y hasta hoy no recibo ninguna, he llorado tanto que no se si mis ojos algún día se recuperen, ¿que hacer?, no dejo de pensar en él y me duele tanto que no se como enfrentar el hecho que no reciba una más de esas cartas, he pensado que tiene miedo de que al estar libre ya no hay impedimento para estar juntos, otras veces he pensado que es muy feo y no se atreve a presentarse ante mi y otras que  piense que yo maté a mi marido, no se que hacer, ¿ahora vez que esto es de lo mas reprobable? Dime, ¿esto cuenta como infidelidad?, te pido no me juzgues, imagínate en mi lugar, la vida con mi marido era terrible y sin este enamorado no se que hubiera hecho, él salvó mi vida, llegó cuando más lo necesitaba.

En eso Andrea suelta a llorar con tal sentimiento que Gladis tuvo que abrazarla para consolar, después de un momento, Gladis toma aire con gran suspiro y le dice:

-Se que lo que voy a contarte cambiara las cosas, y así como tú, te pido no me interrumpas, deja que termine y ya veremos.

Andrea aún con sollozos le dice que está bien,  que la escuchará tal y como lo hizo ella, claro estaba que creía que sería un sermón moralista.

-He sido tu amiga desde hace muchos años y te vi casar, y también note que no eras feliz con tu marido porque aunque no lo creas; se te notaba la infelicidad, tu quisiste abrir nuevamente esa oficina para tener un pretexto para no estar en casa. Y un día pasé por ti para salir a tomar una copa o cenar pero te fuiste a visitar a tu abuela,  tu esposo estaba ahí tomando y cenando solo, así que me pidió que lo acompañara, yo accedí y luego de varias copas, pues… como decirte… se acercó y me besó.

Andrea no quería interrumpir a pesar de que se estaba enfureciendo.

-Y ahí en la sala fue como me hizo el amor y amanecimos juntos, pero al despertar, en nuestro juicio, continuamos teniendo sexo con todos los sentidos y empezó un romance, hasta que un día me dijo que no quería estar sin mi pero que no sabía como dejarte, pues eras buena esposa y mi mejor amiga, así que juntos ideamos un plan, algo que nos liberara de cargos de conciencia y no te lastimáramos, tuvimos varias ideas pero la mejor fue inventar un hombre que te enamorara y que fueras tu la que decidiera dejarlo, y también me pidió que me alejara de ti para que no nos descubrieras, pero nunca imaginamos que tuviera un accidente y muriera, yo no puedo mas con esta culpa, no sólo te quite a tu marido, también te quite a tu amante y ahora no se como volver a verte sin sentirme la peor, ahora puedes decirme lo que gustes que no me defenderé porque no hay excusa que pueda librarme de esta agonía y que mis sentimientos ahora son mi condena.

Para asombro de Gladis, Andrea se pone de pie y sale de la cafetería, creía que sus ojos estaban secos de tanto llorar, y al salir nuevamente soltó en llanto, tanto fue su llorar que tuvo que parar de caminar pues no podía ver, saco un pañuelo de su bolso, secó sus lagrimas una vez más y siguió su camino. Pasaron varios años para que se volvieran a encontrar y aunque no volvieron a ser grandes amigas, al menos podían contestar una mirada y saludar.

Andrea un día se decide a hablar con Gladis pues tenía una gran duda.

-Hola Gladis, no se si agradecerte todo aquello que pasó, y aunque la traición no se perdona, creo que me liberaron, sólo quiero saber, ¿quién de ustedes dos me escribían esas cartas llenas de pasión y tanto amor?, porque ambos me conocían y sabían mis debilidades y necesidades, ¿a quien debo de agradecer?.

Gladis atónita por la llamada, pero aún más por la pregunta, contesta con tono melancólico.

-Las cartas las escribía él y nunca me mostraba lo que decía en ellas, creo que al final nos engaño a las dos, pues a mi jamás me dijo palabras tan lindas como a ti, creo que en el fondo disfrutaba del juego de enamorarte y a mi cada día me decía que teníamos que esperar, creo que nunca sabremos a quien amaba.

 

 

 

 

 

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