ABANDONADA(POR: YOXI)

FOTO OFICIAL 2 DE YOXI

Addy era una niña rubia muy delgada y de ojos verdes que no hablaba, sufrió de falta de oxigeno al nacer lo que le ocasionó un retraso mental. Su madre al verla crecer en esa condición, la encerró por vergüenza en el cuarto más apartado de la casa.

Al cumplir trece años la madre murió y el padre huyó con otra mujer abandonándola.

Una tía muy pobre y su marido bebedor la recogieron, no habían tenido hijos y con ese pretexto la tenían en su casa, pero se aprovechaban de ella, la obligaban a pedir limosna a la salida de la parroquia y él abusaba de la niña cuando la esposa no estaba.

Addy no era fea, pero sucia y en harapos como la tenían, causaba lástima a la gente, que se compadecía y le daba algunas monedas, que su padrastro gastaba en alcohol.

Permanecía siempre callada, como ausente y con la mirada perdida en la distancia. A veces parecía regresar de su letargo unos minutos y hablaba a la gente de un tesoro escondido, decía que unos duendes que veía le habían revelado donde estaba, pero nadie le hacía caso.

Un día Mauro, un viejo tacaño que quedó varado en el pueblo a causa de una avería en su auto y el mal tiempo, la vió mendigar en la calle y se acercó a verla; ella, como despertando de su letargo lo miró a los ojos y le dijo lo de su tesoro oculto. Incrédulo al principio pero tentado por la codicia, Mauro pensó que no perdía nada con probar, esperó hasta que el padrastro llegara por ella a la tarde.

Los hombres se apalabraron y el padrastro se la alquiló a Mauro  por cien pesos la noche, este se la llevó de la mano, ella le siguió en silencio como manso corderito.

Al llegar a su hotel la bañó y abusó de ella, le dijo que le daría dinero si le decía donde estaba el tesoro, ella mirando al vacío, finalmente asintió con la cabeza, así que equipados con pala y pico se dirigieron caminando al lugar al que ella lo llevó, era una vieja cabaña abandonada apenas a las afueras del pueblo, entraron y ella le apuntó con el índice un rincón, el hombre la ató entonces a un poste para que no se fuera y se puso a cavar, amenazándola que si estaba mintiendo la castigaría.

El hoyo se profundizaba y no aparecía nada, así que molesto y cansado regresó con ella, le gritó a la cara que lo había engañado y que pagaría por ello; ella se limitó a señalarle nuevamente el rincón con un ademán de su cabeza.

Maldiciendo cielo y tierra, Mauro se puso a cavar nuevamente y de repente topó su pala con un objeto sólido de madera, era un cofre, le brillaron los ojos y siguió cavando hasta sacarlo.

No cabía en sí mismo por el hallazgo. Vió que el cofre era antiguo y tenía un enorme candado al frente; rompió el herraje a golpes con la pala y el candado cayó, mientras ella lo seguía mirando sin verlo, se arrodilló frente al cofre, lo abrió lentamente y pegó una carcajada de gozo, metió la mano y levantó un puño de monedas de oro que dejó deslizar entre sus dedos complacido, lo cerró y decidió entonces huir del pueblo y abandonar a la niña que ahora le estorbaba.

Se acerco a ella, pero Addy al ver sus intenciones de dejarla ahí atada empezó a llorar, a forcejear y a gritar como loca moviendo la cabeza negativamente. Mauro no contaba con eso, así que para no llamar la atención, la golpeó en la cabeza con la pala dejándola inconsciente, luego la tiró al foso y cubrió todo de nuevo con la tierra, se fue a su hotel a empacar su equipaje y partir de inmediato.

Mientras preparaba sus bártulos, se soltó una fuerte lluvia, una tormenta con truenos y relámpagos que no le permitían salir, esperó a que amainara un poco el temporal y mojándose aún trajo el coche frente al cuarto, tomó su equipaje, lo metió en el asiento de atrás, abrió el maletero y entró en busca del cofre.

En ese momento llegó con gran alboroto la policía en cuatro patrullas con sirenas abiertas y torretas encendidas rodeando el hotel, el padrastro los había llamado.

Rápidamente metió el cofre en el closet y se presentó tranquilo ante ellos. Era el aguacil y varios policías que lo detuvieron e interrogaron sobre el paradero de la niña pero él negaba todo.

Revisaron el auto sin encontrarla, pero al revisar el cuarto descubrieron el cofre en el closet, entonces le increparon de nuevo dónde estaba la niña y de dónde había salido el cofre.

Poniéndose más nervioso buscó otra mentira que decir, alzó la vista y miró por la puerta abierta hacia la calle,  fue entonces que vió a Addy: Estaba afuera parada frente al hotel, empapada bajo la lluvia y revolcada toda de lodo. Lo miraba como si no estuviera ahí, entonces él les señaló, ¡ahí está la niña, se los dije, yo no tengo nada que ver, déjenme ir!

Un policía corrió por la niña y la trajo, la abrazó y la envolvió con una manta, tenía el rostro manchado de sangre, Mauro no quería ni verla. Esposaron a Mauro y le leyeron sus derechos, sacaron el cofre del closet y lo abrieron frente a todos…

Salió una nube de polvo que hizo toser a varios. Cuando se asentó el polvo, se asomaron a su interior, uno de los policías metió la mano y sacó un puño de tierra negra con gusanos rosados, miró incrédulo a Mauro y a los demás, mientras deshacía con sus dedos el terrón.

Mauro azorado al ver solo tierra en el lugar de su tesoro, pegó una  sonora carcajada que no paraba, mientras tanto Addy, abrazada al policía y envuelta hasta la cabeza con la manta, esbozó por primera vez una leve sonrisa.

Cuento By Yoxi                                               4/10/2018

 

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