RELATOS SENCILLOS(EL SENTIDO DEL AMOR) [POR: JOSÉ SALATIEL TEC]

 

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“Dijeron que los indios campesinos incendiaron los maizales, y los cañaverales junto con las haciendas del poniente, por eso el viento traía olor a miel quemada y a masa calcinada”

Muchos de los peones de Nohchén que escapaban por las noches a la selva, se  unían a muchos más, abandonando a sus esposas y a sus hijos para luchar por su emancipación. Algunos volvían de vez en cuando, furtivamente, con el aire de la noche para volver a ver a sus familias. Pero algunos no volvían nunca. Sobre todo si caían en manos de los “blancos” acababan colgados de los pies, balanceándose sin vida en lo alto de los árboles, como nidos de yuya vacíos, mecidos por las últimas ráfagas del aire taciturno.

Entre aquellos que volvieron, retornó también Jacinto Cituk. Había dejado a su esposa encinta y a su pequeño hijo primogénito. Cuando volvió, su esposa acunaba en su rebozo a su segundo hijo, apenas acarició su cabecita, para luego concentrar toda su atención en su hijo primero. Y es que no había pasado prácticamente ningún tiempo con el recién nacido, que le pareció como un extraño. Y es que la guerra fratricida separa los corazones, ahuyenta la sonrisa, acalla los cantos luminosos. En vez del tierno olor de las bugambilias  o el suave perfume de las flores de mayo, hay olor a fruta descompuesta, a ceniza calcinada, a vegetal que se abarquilla, a multitud de hojas muertas…

Por eso el corazón indiferente de Jacinto Cituk hacia su segundo hijo, tiene mucho que ver con la dureza de la guerra, la muerte que se refleja en sus pupilas cada día, le nubla la razón y el sentimiento…A los pocos días, el pequeño neo nacido enfermó misteriosamente…Del brocal del pozo arrancaron hojas de yantén para hacerle una bebida.

Jacinto lloró todo ese día. El joven profeta le dijo:

-¡Llora Jacinto! ¡Algunas veces en el dolor, se adquiere el sentido del amor verdadero!

Al día siguiente, el pequeño mejoró de todos sus dolores,  por primera vez lo tuvo entre sus brazos, y fue  como haberse visto en el espejo de agua del cenote, como tener entre sus manos un racimo de suaves limonarias, o como tener entre sus manos un colibrí dormido.  Ese día, Jacinto Cituk tuvo dos hijos…

Pero su condición de guerrero libertario, lo puso de nuevo en el camino de los corazones separados, por eso volvió a la lucha con mayor ahínco, porque ahora sabía que no importaba terminar un día colgando de los pies, como un nido vacío, porque su sangre no terminaría ahí, ni tampoco su espíritu de lucha….seguiría de seguro con su prole como una antorcha encendida que no se extinguiría nunca hasta alcanzar el mismo ideal…porque él, ahora tenía dos hijos que son el sentido de su vida, de su amor y de su lucha.

 

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