POLOKITOS Y DZIPONCITOS. POR: LUIS CHAY CHUIL

 

 

Hay personas pasaditas de peso simpáticas; no es broma, es en serio y es mi particular forma de mirarlas, aunque eso no quiere decir que es lo mejor para su salud; peor aún si ese físico les trae consecuencias severas.

Recientemente fui al doctor y me han descubierto hasta de lo que no estoy enfermo… ¡plop! Con razón nunca me ha gustado visitar al médico. Me han puesto a dieta, me han convertido en una farmacia andante; estoy más pendiente del medicamento que me toca a cada hora que del tiempo de dormir… ¡bieeen exagerado!

Arrumbar mi vida deportiva ha ocasionado todo esto, por lo que ahora chechoneo. Lo curioso es que a la clínica a la que voy, la trabajadora social está pasadita, la asistente tiene unos kilitos de más, la directora está chonchita, la administradora es dziponcita.

Cada cual en su mundo y con su particular manera de llevar su mal o ha aceptado su situación, pero al menos no se les ve amargadas, se esfuerzan en el trato a la gente. No son las únicas, hay muchas a quienes se les ve en las calles de la ciudad con ese físico o envueltas en ropajes a más no poder haciendo ejercicios por diversos parques.

Esas cotidianidades me llevan a verlas con alegría y respeto, por su perseverancia, por lo que les llamo gorditos/as, por lo que los diez kilitos que dicen estoy excedido son una minucia, pero puede más la desidia, los pretextos, contratiempos, pero sobre todo siento más rico los brazos de mi amada… hamaca.

Traer a la luz todas estas cosas es preámbulo para comentar que me parece que la felicidad y la salud son aspectos que van de la mano. No en vano especialistas afirman que quienes son más felices tienen tendencia a ser más sanos o viceversa.

¿Qué es primero? No sé, lo cierto es que ambas se asocian y pueden crear un círculo virtuoso. El estilo de vida tiene mucho que ver en todo. Son patrones de comportamiento influidos por la sociedad, ya que los estilos de vida interactúan e incluso puede reforzarse entre sí.

Por ejemplo, situaciones en las que uno deja de fumar y hace más actividad física, se alimenta mejor y, además, mejora su estado de ánimo, es un círculo virtuoso porque beneficia a la salud.

Sin embargo, se puede caer en la situación contraria. Dejar de alimentarse bien, engordar y deprimirse. Esto es un círculo vicioso porque pone en riesgo la salud.

Aún no están claros los mecanismos mediante los cuales la felicidad o la satisfacción con la vida podrían influir en la salud física de las personas, pero es posible que los más felices lleven una vida más saludable, lo que los protegerá de padecer enfermedades crónicas. A la vez es posible que una buena salud actúe como propulsor de felicidad.

Que los especialistas se encarguen de aportar más al respecto, lo que me queda claro es que salud y felicidad van de la mano y si se aprende a cultivar con pequeños detalles cotidianos la alegría, el optimismo y la gratitud se pueden alcanzar mayores niveles de felicidad y satisfacción.

Luego entonces se favorecerá la salud emocional y física, ya que hablamos del respeto al cuerpo, la vida y la sociedad.

Mientras eso ocurre sigo trotando, luego unas cien lagartijas, cincuenta agachadillas, trescientas abdominales… pero en mi mente, mientras reposo en mi hamaca.

No se crean todas estas mafufadas, hagan ejercicio y quiéranse un poco. Ya lo tengo en mi agenda, es serio que no se quedará en buenas intenciones.

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