LO QUE EL CORAZÓN ME DICTA. POR: RITA ELENA VÁZQUEZ PEÑA

R-3

Tu voz, inolvidable 

Escuchaba tu voz cuando navegaba en el vientre de mi madre y percibía el gran amor con el que posabas tus manos tratando de adivinar mi cara; entonces, alborozada, brincaba haciéndome notar.  Cuando asomé a este mundo, tu voz me acarició junto con  la de mamá.

Claramente llegan a mi mente los recuerdos de una infancia en donde predominaban las tardes adornadas con la música de tu guitarra y aquellos cantos de trova, boleros, huapangos… Esa misma voz que  me consentía, pero también se volvía áspera cuando me reconvenía si hacía algo mal.

Transcurre la vida y nunca olvidaré tu llamada angustiada  diciéndome que se  llevarían a mamá al hospital, de urgencia. Recuerdo tu llanto unido al mío, inconsolables, cuando tu compañera de vida entregó su alma al creador. Nos habíamos quedado solos pero nos teníamos el uno al otro.

Etapas nuevas y aquella tu voz quebrada mezcla de felicidad y desamparo cuando me entregaste  al novio que me esperaba en el altar de la iglesia. La bendición de  Dios con el regalo de nueva vida y el orgullo de tu inolvidable voz al acariciar a tu nieta;  aquellas palabras que me reconfortaban  desde el  otro lado del teléfono cuando te contaba los problemas  normales de una familia  que todavía comenzaba.

Por las noches, de regreso del trabajo a mi casa, pasaba por la tuya y veía las luces prendidas… sabía que estabas bien porque escuchaba tu cantar, con letras de canciones que transcribías porque ya comenzabas a olvidarlas.

En una tarde infortunada, nuestra vida tuvo otro drástico giro. Fue muy difícil  escucharte quejar de dolor porque siempre habías sido muy fuerte. La última vez que te vi, no escuché tu voz, a lo lejos sentí tus ojos llenos de amor fijos  en los míos y en mi vientre que  albergaba otra vida… en ese momento no supe interpretar que aquella  tu mirada  fue una despedida.

Tengo la esperanza  en  que Dios nos regalará la oportunidad de reencontrarnos y escucharé  de nuevo que me cantes “Chacha, mi chacha linda, cómo te quiero,  mi linda muchacha…”

Por ahora,  me reconforto al cerrar los ojos e imaginar escuchar tu voz inolvidable en cada latido de mi corazón.

En memoria a mi señor padre, Don Roque Humberto Vázquez Pérez.

 

 

 

 

 

 

 

 

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