LA BANDA DEL PODER(DOS). POR: JOSÉ GARCÍA

JOSÉ GARCIA

PARTE  DOS.

 

 

Salimos del antro ya de madrugada. Nos esperaban los guaruras, que supongo llamó el licenciado cuando me ausente al baño. Llegue a mi departamento ya sábado, todo bloqueado de alcohol.

A la mañana, en mi reloj marcaban más del medio día. La cabeza me reventaba, tan así, que un zumbido de mosca me trastornaba la mente.

El agua fría caía como bálsamo en mi cuerpo, fui recuperando mi piel pero no mis sentidos. Prepare dos efervescentes en agua, y un vaso de michelada con cerveza y todas sus especies, jugo de limón, chile molido, salsa inglesa, etc.  Iba cediendo el fuego cuando sonó mi celular.

Mi jefe, ya de píe, me solicito pasara a buscarlo en la sede del partido ¿coño? , no descansa el cabrón, respondí entre dientes enojado.

Como una lechuga fresca se veía. Fumando su habano. Pendientes de las hojas por firmar. Me miro, y me señalo un sofá a un lado de su fino escritorio, sin dejar de atender a los diplomáticos en junta.

–Mi estimado Jacob–¿Qué tal la cruda?–. Sirve dos rones de la gaveta.

Se dirigió a mí, apenas atravesaron la puerta los visitantes. Con vaso en mano, el licenciado no dejaba de hablar de los forros de ayer, lo que se tomó y cosas vagas, hasta que me recordó lo último…

–¿Y como ves la propuesta?—pronunció directo.

–¿Perdón jefe, cual propuesta?—respondí de manera normal.

Se me quedó mirando con asombro. Silencio un segundo. Se me acercó, posó su brazo sobre mis hombros, y rememoró cada palabra, recalcando “asesinar al presidente”.

–No habló en serio— le puntualicé.

–Jacob. Lo que te dije, y hoy te repito, no debe salir de estas paredes ¿entiendes?

Íbamos por la tercera copa, mi cuerpo comenzaba a estabilizarse, pero no mi mente, confundido buscaba las palabras precisas que le dieran a entender que todo es una broma. Pero la insistencia del jefe sobre el tema, lo afirmó.

En su plan, directamente no sería yo, el asesino. ¿Claro? Atentar contra  un presidente no era sencillo, sobre todo que siempre anda repleto de gente de civil y militares.

El licenciado me encasilló con sus palabras haciéndome su cómplice tan solo por escucharlo. Mi trabajo consistiría simplemente en ver que nadie este junto a él, en el momento del atentado…

–¿y cómo sería eso?—me pregunté.

–Escucha bien el plan, Jacob—dijo.

“El Martes 24 del presente. El presidente estaría en casa del Licenciado León, en la de Acapulco, para reunirse con su paquete. El presidente sigue siendo rabo verde. Desde hace tres años, la Secretaria de Salud es su amante, cuando han estado en giras se desatrampan, pero hace casi cuatro meses que no, todo por culpa de un periodista que intuyó que había una relación entre ambos.  El Licenciado León es la gente que más confianza le tiene y su achichincle. Solo, seis agentes del estado mayor permanecerán a diez metros en los alrededores, pero éstos los maneja León”.

Tú. Agregó. Estarás en la casa un día antes. Escondido en un subterráneo que solo el licenciado León conoce. Por órdenes de él, no habrá avanzada y eso ayudará”.  Se oyó fácil. Pero dudé por su simplicidad. Me convenció un sobre en las manos que mire de reojo, eran billetes de color verde.

Toda la noche no pegué ojo. ¿Si me cachan refundo mi vida en la cárcel?  No mencionó el jefe quien haría la tarea, mejor, pensé en mí. Mi presencia a la hora del complot, será para dar fe  ¡Nada más! y avisarle enseguida.

Así  se pactó.

Los días previos fueron un tormento. En las reuniones la mirada de mi jefe, el sobresalto en ellas se manifestaron, se volvió silencioso su andar, quizás pensado para no incriminarlo.

Una semana antes, me dio vacaciones, quizás para que me relajara y me diera fuerzas. Leía los periódicos, nada anormal, el presidente con su agenda de siempre, y mi jefe por lo consiguiente, se distancio también del Licenciado León, por eso de las casualidades. Una tarde, lluviosa por cierto, me dirigí a la casa de Acapulco, quería saber a detalle el  lugar.

Estaba situada en uno de los complejos adinerados llamado punta diamante. Eran casas tipo chalet, diez casas nada más, entre casa y casa una distancia de cinco metros, todas de maderas finas de dos pisos, con amplias alfombras de césped americano de un color verde intenso, y enormes palmeras en las avenidas. Solo había una caseta de vigilancia en la entrada, con tres vigilantes privados, que a la hora de los rondines solo uno se quedaba en la entrada.

Un lugar retirado perfecto para un affaire…Y para un asesinato.

El día fijado era sábado. Previo, dos civiles enviados por el licenciado León me trajeron copia de la llaves de la casa y un sobre carta de manila sellado. En  él  venía el croquis de la casa, qué ya conocí, y un boleto de avión con destino libre a Italia con fecha domingo 25 del presente, muy de madrugada.  En la parte trasera de la casa dos cuartos que funcionan como bodega, pegadas una con otra. A espalda de estas lo divide una malla de alambre electrificada, sin servicio  para ese día y de fondo un bosque denso.

El subterráneo que me guardara, realmente era una cisterna vacía, cerrada, y acondicionada con respiradero, un catre y un botellón con agua, y puertas de madera con rendijas.

Llego el día:

Todo estaba bien estudiado por el licenciado. Los guardias de acceso, solo me miraron cuando pronuncie que venía de parte del Licenciado “León “, observaron en los alrededores como esperando a alguien más, apresuraron mi entrada  y solo habría que esperar. Llegué a la casa, ubique el lugar para mí, encendí un cigarrillo y me puse a mirar la noche sin pensar.

Me despertaron ruidos en exterior. Había dejado abierta las puertas de la cisterna por tanto calor que hay. Miré mi reloj, pasaban ya las diez de la mañana. Dos individuos salieron de la casa con prisa, ¿Cómo? ,¿Se supone que la operación es al medio día?  Corrí al interior, atravesé la cocina, la sala, y nada, subí las escaleras y en el primer cuarto…un cuerpo tirado. ¡ Era, el Presidente de la República ¡.

Tomé mi celular, marqué los números de mi jefe, iba a dar la llamada…pero corté. Estaba bloqueado. Analicé la situación sentado en las escalinatas de las escaleras, cuando un ulular de sirenas que se aproximaban me despabiló.  Tomé una foto al cadáver y me dirigí al bosque detrás de la casa, aproveché que se encontraba sin electricidad la cerca.

Llegué a la carretera, mi corazón desbocado, miraba a todos lados, me encaminé en la carretera hasta que alguien se apiado de mí. Me baje del taxi una cuadra antes de mi departamento. Había cinco personas dispersas en la entrada. No sé, si era lo mismo, no quise averiguar. Palpé los boletos en mi pecho y me dirigí al aeropuerto.

En el trayecto hilvanando mil hipótesis para imaginar el desenlace,  sonó mi celular:

–¡Era mi jefe!

No contesté. Tras de sí, cinco llamadas más. Busque la sala de internacional en el aeropuerto, me puse una gorra, lentes recién comprados y encubierto con el periódico del día, caminaba y miraba por todas partes. Se ve, despejada la sala de internacional. Saque un café de las máquinas de monedas, me dirigí a un cajero, mi saldo no tenía movimiento !Uff!

Después de conocer el lugar de Acapulco, fue buena idea abonar la paga en mi Américan Expréss. Una garantía mundial. Reposé mi cabeza en una banca de espera, me ganaba el cansancio, cuando una mano me tocó el hombro. Dos civiles, no había duda, mostrándome sus fuscas en su cinto que cubren sus gabardinas me invitaron a seguirlos.

–El Licenciado León quiere verte—murmuraron al oído.

Me vendaron los ojos en el trayecto. Los vaivenes me hicieron suponer que dieron decenas de vueltas, ¿Quizás para despistarme?, o era el camino. La cinta canela en la boca evitaba mandarlos a chingar a su madre.

De frente a mí, a quien menos imagine ver era a él. Al licenciado León.

-¿-Que paso cabrón ?—pregunto sin nada más.

–¿Cómo estuvo la noche?—en sarcasmos hablaba–.Tengo algo que decirte pero como dicen por ahí: “ ¡Lo que sucede en Las Vegas…en las Vegas se queda! “.

Después de mil pendejadas, fue al punto del asunto.

— ¿Sabes, tu jefazo, se pasó de verga? –explicó como si nada.

Con vesania. Relató como mi jefe, quería traicionar a quien le dio de comer en la mano. Resulta, que una de las personas que “compró” mi jefe, para matar dos pájaros de un tiro, era gente cercana al Licenciado León. ¿Y porque razón?…El apoyo para el camino a la Presidencia en los siguientes años, ya estaba designado: el “dedazo “, recaería en el Licenciado León. Por consiguiente, se quedaría a vestir santos por segunda vez.

Mi libertad costo una fotografía. Y mi silencio. ¿Y qué me dejó?

–Ser el futuro Secretario del  Presidente Nacional. ¿Cómo una banda se vuelve codiciada cuando no tienes ese carisma…?.

 

FIN.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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