EL PLOMERO. POR: YOXI

FOTO OFICIAL 2 DE YOXI

 

Pepe era un hombre bueno aunque solitario, tal vez por su humilde oficio que junto con su padre llevaban con dignidad. Pasaban todos los días muy temprano por la avenida del poblado, contentos y llevando sus implementos y herramientas de plomería y en las tardes se les veía volver sucios y cansados, pero siempre de buen humor.

Pepe era el mayor de ocho hijos que, gracias al duro trabajo del padre y de él como hermano  mayor, les habían costeado carreras universitarias a los hermanos más pequeños, y ya había entre ellos: Un Médico, un Abogado y una exitosa Contadora, todos titulados mientras los demás estudiaban, sin entender realmente el trabajo y sacrificio que ello implicaba de parte de su hermano y de su progenitor.

Irlanda era una joven que fue regalada por su madre al nacer a una pareja mayor que no pudieron tener hijos. Lo hizo con el corazón roto y por necesidad, ya que vivía en extrema pobreza y tuvo temor que su marido —que era borracho, desobligado  y golpeador— descubriera algún día que Irlanda tenía otro padre, que por unas monedas una noche  engendró a la niña.

Irlanda vivía rodeada de comodidades, sus padres, económicamente solventes, tenían negocios y propiedades en todo el pueblo, autos de lujo y una inmensa y hermosa casa que desentonaba un poco con la austeridad de otras construcciones en el barrio clase mediero en que se encontraba.

Un día que se descompuso el inodoro de la casa, llamaron al plomero para que lo arreglara y fue ahí donde Pepe conoció a Irlanda. Entró e hizo su trabajo respetuosamente, pero sin poder evitarlo, sintió una fuerte atracción por la muchacha que, paradójicamente también quedó mirándolo abobada, no obstante que Pepe le llevaba a ella más de diez años de edad…

De ahí en adelante, Pepe la buscó con la mirada cada vez que pasaba frente a la casa, y la muchacha le correspondía asomándose temprano desde su ventana a través de las cortinas, y por las noches, desde atrás del mostrador del negocio de papelería que sus padres le habían regalado en su cumpleaños.

Un día, los padres adoptivos de Irlanda notaron la emoción de esas miradas equivocadas para ellos y la amenazaron con quitarle todo si se atrevía a establecer siquiera una amistad con el plomerito. Lo mismo pasó con Pepe, ya que su padre, al ver los ojos de borrego de éste al pasar por el sitio, le advirtió que ni siquiera pensara en la posibilidad de nada con una chica rica, que el pertenecía a otra clase social y que la muchacha jamás le haría caso a uno de su gremio.

Los hermanos de Pepe al enterarse del incidente —sin pensar que fue gracias al apoyo de Pepe a su padre que fue posible sacar a la familia adelante— se burlaron de él y lo criticaron también por no haberse casado, de estarse haciendo viejo, no haber estudiado y no pasar de ser tan solo el ayudante de un viejo plomero.

Los hermanos prosperaban y ya había carros nuevos frente a la casa de ellos, pero Pepe y su padre seguían su rutina habitual, saliendo y llegando del trabajo a pie y en camión.

El desprecio a la persona de Pepe seguía en aumento, aunque este lo tomaba estoicamente y con humor ya que su carácter seguía siendo tan apacible como siempre, motivado además por su gran amor y la esperanza de tan solo ver todos los días a su amada chica a la distancia y de ser correspondido al menos con una mirada.

Un día que la madre adoptiva de Irlanda enfermó, salió a comprarle medicinas a la farmacia y cuando Irlanda salía, Pepe entraba. Le pidió que la acompañara a su casa pues ya se estaba haciendo oscuro; Él fascinado y sintiéndose el hombre más afortunado del mundo la acompañó, no supieron cómo pero esa noche se tomaron de las manos y se besaron prometiéndose amor eterno, era la locura.

Un día, dada su avanzada edad, el padre adoptivo de Irlanda murió y la madre cayó gravemente enferma, muriendo finalmente unos meses después, heredando toda su hacienda a su única hija adoptiva, Irlanda.

Después de las pompas fúnebres a las que asistieron algunos familiares muy ricos de la extinta pareja —desconocidos para Irlanda— y que no tenían ningún interés por la fortuna de éstos; Irlanda, luego de reponerse porque realmente les amaba, buscó a Pepe, éste extasiado y sin saber que ella había heredado, le pidió que se fueran juntos, que con él nada le faltaría, a lo que ella le respondió que mejor fuera él quien viniera a vivir con ella, que ya tenían casa y hacienda, solo para ellos.

Pepe e Irlanda se casaron y el humilde plomerito del poblado, pasó a ser el flamante hombre más rico del pueblo, ante la incredulidad de sus familiares, que jamás lo volvieron a criticar.

 

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