OFICIOS SIN GLORIA: TORERO DE PUEBLO [RAÚL R. DZUL PAREDES]

foto Raul

Creía ver miedo en esos ojos color ámbar y grandes. Exageradamente saltones y fijos en aquel toro, abonaban a mi idea de que estaba lleno de pánico. Pero quizá sólo lo estudiaba y medía el terreno. Su complexión era baja y regordeta. De piel morena, evidentemente quemada por el sol. Sudaba enfundado en un traje desteñido que alcanza a notar su matiz obispo y algunas luces.

El público empujaba con sus gritos a que alguien se enfrentara al animal, que corría retador de un lado a otro. El tono sepia de su piel le daba una estampa singular. Sus enormes tarros, pero limados para restarle su filo de cuchillo, eran un buen indicio de su carácter matrero. Peligroso, muy peligroso porque no tomaba el engaño e iba directo al cuerpo. De aproximadamente 400 kilos. Un golpe suyo a las costillas podía significar varias de ellas rotas.

–¡Métele Pau! Empieza a desquitar tu paga –le ordena su jefe de cuadrilla, atosigado por el público que les grita de todo.

En ese momento el toro pasa a diez metros de la guardería donde se protegía Pau, ahora conocemos su nombre de torero, que a decir verdad no suena tan mal.

Entonces el subalterno, sale de la tabla y cuenta mentalmente unos nueve pasos. Cita al burel y éste se le deja venir a gran velocidad. Pau lo finta y le estampa la capa en la cara al animal, que se revuelve furioso… pero el “torero de pueblo” está fuera de su alcance, a buen resguardo, jadeante y, por la cantidad de adrenalina que produjo, sonriendo nervioso.

Sus ojos saltones a no más, poco a poco retoman su habitual tamaño.

El público también disfrutó de un poco de adrenalina y se conforma por el momento. Pero la fiesta sigue y la corneta anuncia nuevo toro…

–Conozco este toro, es ciego del ojo izquierdo, amagas a la derecha y te sales por la izquierda –instruye a Pau su jefe, cuando de nuevo le toca “desquitar la paga”.

–Tu última salida Paulino Canché –le dice condescendiente el jefe de la cuadrilla.

Pau echa una final mirada al terreno e identifica sus marcas de seguridad. Es una vaquilla ceniza y debe pesar más o menos 200 Kilos, apenas tiene cuernos, bien visto parece menos peligrosa que el animal de su lance anterior. Ahora no denota tanto miedo.

Pau sale al terreno, pega un brinquito algo plástico y simpático. Consigue llamar la atención de la vaquilla y ésta se deja venir con gran rapidez, Pau apenas organiza su capa y cuando lo cree oportuno hace el clásico amague y se sale a su izquierda… sorprendido siente un durísimo golpe en el estómago que le saca el aire, la gente grita asustada, cae boca abajo a metro y medio de la vaquilla que hace por él y le pega par de revolcadas, antes que la ayuda se la quite de encima.

Abre la boca desesperado tratando de meter aire, siente que se asfixia y sus ojos saltones hablan por él. Pasan unos segundos que le parecen eternos, ahora intenta mirarse abajo pues siente que la sangre le escurre. El jefe de la cuadrilla entiende su preocupación y le suelta:

–¡Te orinaste tonto!

Ahora sonríe y le pregunta:

–¿No me dijiste que saliera por mi izquierda?

–¡Claro que no! Te dije que te salieras a su izquierda, ¡su!, ¡su!, izquierda, ante el ojo que tiene ciego.

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