CICATRICES [POR: GLORIA GARCÍA SOSA]

foto Gloria

 

Hola cómo estás?

-Aquí cicatrizando-

Otra vez?

-Es el círculo de la vida,

De mi vida-…

Hoy me transporto a aquellos días en los que la incertidumbre y el miedo me invadían al no saber que mi vida estaba cambiando por una enfermedad llamada Fibromialgia.

Un pequeño recorrido del terror vivido y la travesía de encontrar la fortaleza para seguir adelante con esperanza hacia un futuro mejor de amor a mí y a todo aquel que tiene cicatrices por diferentes circunstancias y que al igual que yo han caído a un precipicio y han emergido para aportar su experiencia y tender su mano para quien la necesite.

“Cicatrices”

Intenté ponerme de pie como cada día,

Mirando el tic tac del reloj de mesa,

Estoy despierta, veo y escucho todo,

Pero no puedo moverme,

mi cuerpo se quiebra, se paraliza

Y mares ondeantes escurren mis ojos.

Soy fuerte pero también soy humana,

-Resisto las pruebas-

Será esta una de ellas?

Los soles transcurren marcando los días

Y yo he perdido la fecha,

No sé quien soy pero recuerdo quien era.

Recuerdo también que cerré la puerta,

De aquel viejo cofre

donde duerme la sombra de mi YO

Soñadora,

De aquella mujer sonriente de amor por la vida,

De quien peinaba sus penas

Con cepillo de mariposas doradas

Y siempre creía que al amanecer

Desaparecían los fantasmas,

Pero no se fueron todos,

-Yo era uno de ellos-

Un fantasma pálido en pijamas.

Dolor, cansancio extremo,

Píldoras, hierbas, ungüentos,

Quien soy? No me encuentro,

Me he perdido en el lago profundo del olvido,

Soy sombra negra

deambulando en los pasillos.

Donde está la llave?

Quien tiene la clave?

Quiero abrir el cofre donde encerré

Mi ser amado, mi sonrisa,

Mis sueños, mi amor y mi vida…

Silencio y más silencio,

Nadie tiene la llave,

No existe una clave.

Maldije, tiré todo,

lloré noches enteras,

Me arrastré,

sangré montañas de duelo,

Destruí la auto compasión

Que me tenía presa.

Dormía y una ráfaga de luz

Tocó mi frente,

Me hizo abrir los ojos,

Y toqué un aire de amor consciente.

Me aferré a la mano de mi Dios que me repara,

No podía verle pero sentía su presencia,

Siempre a mi lado, en cada escena,

Cantándole a mi alma inquieta.

Me puse de pie, caminé por la vereda,

Arrastrando los pies,

dejando huellas,

Por si tú te has perdido,

Ya tengas trazado el camino,

Porque para poder salir,

Al igual que yo,

Tuviste que haber pisado el abismo.

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