LO QUE EL CORAZÓN ME DICTA. POR: RITA ELENA VÁZQUEZ PEÑA

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LA FAMILIA: AMOR INDESTRUCTIBLE

 

Creo que no hay algo más importante y bello que nuestra familia. En ella se sientan las bases, los cimientos, para formarnos en la vida. Hace unos días tuve la fortuna de contar con la presencia de mis hermanos por motivo de mi cumpleaños. El único que no pudo asistir a causa de su trabajo fue el más pequeño.

El primero en llegar a la reunión fue el tercero de la familia (en orden de nacimiento). Un hombre recto, dedicado a su hogar, a quien le gusta mucho escribir poemas y se parece físicamente a mi mamá, con esa mirada profunda y carácter fuerte que lo ha ayudado a salir adelante. Recuerdo que cuando éramos niños, él me cuidaba mucho, me defendía de aquellos “amiguitos” que a veces querían golpearme.

Hizo su entrada a la casa el segundo de la familia, un caballero, quien igual trabaja a brazo partido para sacar adelante a su gente. Con su singular humor y canto, hace de las reuniones momentos verdaderamente agradables. Cuando éramos niños, me consentía mucho, me decía con cariño “nena” y era compañero de juegos y travesuras.

Y llegó el cuarto: mi hermanito, quien tiene un corazón muy grande pero le cuesta trabajo abrirlo de par en par. Es muy cariñoso, pero con un carácter muy ligero. En nuestra infancia, era el más travieso de la familia, creció muy feliz y libre. Ahora, todo un hombre, ha logrado estabilidad con base a mucho esfuerzo e inteligencia.

Cuando el mayor de mis hermanos se presentó, enseguida me recordó a mi papá, con esa serenidad y sabiduría que lo caracterizan. Tiene un carácter muy jovial, es directo en sus palabras y aunque a veces no lo parezca, estoy siempre pendiente de sus opiniones y en la mayoría de las veces aplico lo que él dice. Cuando éramos niños y mamá salía a trabajar, quedábamos a su cuidado, entonces se convertía en el celador más rígido que existiera en la tierra.

No pudo asistir a la reunión mi hermano menor, con quien a muy temprana edad empecé a ser madre… la mayoría de las veces tenía la gran responsabilidad de atenderlo, pues mi mamá salía a trabajar y confiaba mucho en dejarlo a mi cuidado, considerando le llevaba sólo algunos años de diferencia. Ahora es un hombre pleno y exitoso, enamorado de la música y de la vida.

Soy muy feliz al reflexionar y concluir que mis padres nos dejaron una hermosa herencia: El amor indestructible de la familia; puedo imaginármelos sonriendo satisfechos porque hicieron un excelente trabajo en inculcarnos valores que día a día se reflejan en nuestras vidas, porque ellos viven en cada abrazo y muestra de cariño que nos profesamos y, aunque ya somos adultos, siento que me siguen cuidando y consintiendo con el mismo amor como cuando era niña.

¡Dios los bendiga a todos junto con sus familias!

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