ZAPATILLAS DE BALLET. POR: ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA

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En el majestuoso teatro José Peón Contreras, iluminado en todo su esplendor, lleno en su totalidad, se escucha decir:

“Tercera llamada, esta es la tercera llamada: Comenzamos”.

Se apagan las luces paulatinamente, todo queda en silencio, y tras la enorme cortina roja los bailarines están en posición escuchando las últimas indicaciones cuando empieza a correr el telón.

Con sonrisas naturales pero nerviosas, al oír los primeros acordes del opus 20 de El Lago de los Cisnes empiezan a bailar con soltura y profesionalismos. No se hacen esperar los aplausos y los bailarines a desplazarse por el enorme escenario.

Sarita, quien interpreta a Odette, y Felipe, quien interpreta al príncipe Sigfrido, son la pareja más aplaudida, ellos bosquejan una sonrisa en su rostro feliz, saludan y siguen bailando.

Beatriz siempre ha querido ser la primera bailarina, pero no dedica el mismo tiempo que Sarita a los ensayos, llegando tarde, faltando y sin poner atención a las explicaciones de la coreografía, distraída y sin soltura, siempre buscando como golpear a Sarita para que ésta tropiece.

Se termina el tercer acto y el telón baja de nuevo.

En los pasillos los bailarines descansan sentados, otros corriendo van por cambios de vestuario, algunos conversan y bromean.

Felipe y Sarita, sentados aparte platican muy cariñosamente, tienen la invitación para un ballet en el escenario del famoso teatro de Bellas Artes en la Ciudad de México.

Ella se inclina para retirarse las zapatillas y descansar los pies, Beatriz aprovecha este momento para tambalearla y tirarla, al tiempo que Felipe la observa y le grita:

¡Sarita! ¡Sarita!

Pero no logra llegar la advertencia a tiempo.

Felipe corre para detenerla y Sarita cae sobre su pie derecho.

Beatriz simplemente dice:

“¡Perdón! no quise botarte. ¿Acaso estás lastimada?”.

Felipe, quien se ha dado cuenta de la maldad, la levanta con cariño y verifica si ha tenido secuelas este incidente.

Justo se oye tras la cortina roja:

“Pedimos su atención, esta es la tercera llamada”, y el telón se abre nuevamente.

Sarita llora en el hombro de Felipe diciéndole que no podrá continuar, y se frota el tobillo, a lo que Felipe se acerca y tiernamente le dice al oído:

“Sarita, tú eres una bailarina maravillosa, yo te sostendré para que no tengas que apoyar fuerte el pie, y lo que hacías con el pie derecho, ahora lo harás con el izquierdo, quizá el público no se dé cuenta, ten confianza en nosotros”.

Se oyen los aplausos y a un público satisfecho y feliz, la función termina.

Rumbo a los camerinos se ven policías llevándose a Beatriz culpable del hecho gracias a las grabaciones de las cámaras de vigilancia reportado por el administrador del teatro.

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