EL DIARIO DE AMANDA. POR: ALEXA MONTES.

 

 

Lety, que siempre tomaba la misma ruta de camión, esa vez estaba sorprendida, casi no cabía una alma en ese viejo camión, y después de varias paradas, consigue un asiento en la primera fila, poder descansar de tantas horas de trabajo arduo era lo mejor.

Minutos más tarde, se da cuenta de que alguien olvidó una libreta y aunque decía “Diario de Amanda”, decidió abrirla y leer su contenido. Pasaron minutos sin dejar de leer y con gran interés cambiaba de página sorprendiéndose de cada palabra e historia, al mismo tiempo se preguntaba el porqué cada una de ellas estaba escrita con diferente tipo de letra, no había ninguna igual a la otra.

En eso siente que el camión ya no tiene movimiento y decide cerrar ese diario y guardándolo en su bolsa, se para de su asiento y camina a la puerta para bajarse del camión, cuando escucha la voz del chofer diciéndole que dejara aquel diario, pues no le pertenecía y ella le pregunta que si conoce a Amanda, pues así dice el diario.

El chofer toma asiento y le pide sentarse unos minutos para explicarle lo del diario, pues ya no había ningún pasajero, todos habían bajado. Así inicia la más interesante charla, él le cuenta que Amanda es su hija y padece de cuadriplejía desde los 5 años debido a un accidente, que además la deja huérfana, no tiene contacto con el mundo exterior y siempre que él llega de trabajar, se sienta junto a Amanda y le cuenta un cuento, pero inventar un cuento cada día es demasiado, así que inventó ese diario y por eso en su primera página escribió: “Este diario pertenece a Amanda, pero te pido escribas en él alguna anécdota o historia que puedas compartirme que además te ayude a desahogarte y que tu vida sea más fácil, luego déjalo donde lo encontraste y que tengas un mejor mañana”.

Lety le dice que la disculpe, que no se fijó en esa primera página, y que le permita escribir su anécdota. Después de algunas preguntas, él accede pues le parece una linda señora que tal vez pueda aportar una gran historia, con ese vestido de buena calidad pero viejo y descolorido por tanta lavada, su cabello bien alisado color natural, figura esbelta pero cansada y cara delicada suaves facciones dejando ver sus benditos cuarentas.

Entonces Lety cuestiona dos de las historias ahí escritas: la de esa chica que dejó la escuela una tarde porque tenía que trabajar. Su sueño era ser una bailarina, ¿qué pasó con ella?, y la que deseaba ser maestra de primaria y ahora convertida en dependienta de una tienda de abarrotes para aportar unos cuantos pesos a esa casa vieja y descuidada en la que vivía con sus padres y dos hermanos menores.

Lety le pregunta.

–¿Cómo cambias ese panorama gris para hacerlo una gran historia?

–Esa fue una historia fácil: Una linda bailarina que después de años de presentarse en los mejores teatros, ahora trabaja en enseñar a niñas que, como ella, algún día soñaron con ser bailarinas y es quien cumple esos sueños, por eso ahora trabaja en una de las mejores academias de ballet.

–Y ¿la maestra de primaria?

–Ese fue un muy divertido cuento, era una chica que trabajaba en una tienda de dulces y que soñaba con ser la mejor maestra. Esa tienda, llena de los más deliciosos y coloridos dulces, desde los tabletones, mazapanes, paletones y variedad de chilitos, y que a los chicos del barrio que no tenían dinero para ir a la escuela, les daba la lección en la tienda y por cada respuesta correcta y actitud de lección aprendida les daba dulces, era divertido ver a los niños aprender.

“La letra con dulzura entra”, así le llamó. La charla continuó y pasaron varia historias, anécdotas y demás, pero llegó a una que en especial llamó su atención, era esa que te gustaría nunca haberte enterado, la de la pequeña Nadia, que con sus apenas nueve años, escribió en el diario que todas las mañanas cuando su mamá se marchaba a trabajar, entraba la pareja de su mamá y se acostaba en su pequeña cama y se la pasaba manoseando ese pequeño cuerpo aun sin curvas. Ese día él mismo lloro al leer esa historia, y pensó en arrancar las páginas, pero pensó que si algún día subía a su camión la mamá de Nadia, ella podía leer y enterarse y así salvar a su pequeña.

–¿Convertir esa atrocidad en cuento para la pequeña Amanda?

–Eso sí fue difícil, pero así surgió la fábula de La gallina y el zorro, la fábula de esa gallina ponedora que invita a ese zorro viejo a vivir con ella y su polluelo, pero cuando salió a buscar el alimento, el viejo zorro se comió al polluelo y cuando llegó la gallina a su casa, el viejo zorro le dijo que se descuidó y se salió su polluelo y se perdió, y la gallina le creyó, confió en él, hasta que un día, intentó comérsela. Moraleja: “Nunca abras la puerta a extraños y menos los invites a vivir contigo”.

A lo que Lety agregó: “las aves, con las aves; y los zorros… con las zorras”.

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