DE CACERÍA. POR: WILBERTH BERMÚDEZ CH.

FOTO OFIC DE WILI

 

Nos fuimos de cacería,

mi hermano, yo y cuatro perros.

Visitamos varios cerros,

a ver qué presa caía.

Soltamos los cuatro canes

y empezaron a ladrar;

los podíamos escuchar

detrás de unos arrabales.

Perseguían a una presa,

pude verlo, era un venado

grande, hermoso, colorado,

con cuernos en la cabeza.

Los perros iban detrás,

él parecía que volaba;

mi hermano le disparaba,

pero no logró acertar.

Pasaron por la explanada

y cruzaron por un río;

luego pasó al frente mío

y se fue por la cañada.

Los perros seguían ladrando

muy atrás se habían quedado,

fue más rápido el venado,

se les estaba escapando.

Nos dábamos por vencidos

y de pronto de un cañal

apareció otro animal,

más hermoso que el perdido.

Mi hermano le dio un balazo

en el puro centro del pecho;

matarlo estuvo mal hecho

mi hermano no me hizo caso.

Al bajar las serranías

seguí sintiéndome mal,

pensando en ese animal

que había perdido la vida.

Nunca volveré a cazar,

detesto la cacería.

¿Por qué quitarle la vida

a tan hermoso animal?

Puntarenas C. R.

D.R.A.

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