BAILANDO CON LA LUNA. POR: LEANDRO EZEQUIEL DZUL CENTENO

 

 

 

Lauro era un joven muy apuesto que vivía en una mansión que se ubicaba a la entrada de un reino. Aquel sitio era extenso y la construcción llegaba hasta un quinto piso, se asemejaba a un castillo y estaba rodeado de un gran estanque artificial.

La familia que ahí habitó, a pesar de haber vivido con muchas comodidades económicas, jamás perdió su humildad; debido a esa misma razón, el padre de la familia, que era la mayor autoridad en ese lugar, convocó a toda su familia y la de su esposa para celebrar sus bodas de plata.

Lauro, sin necesidad de pedirlo, obtuvo el permiso de su padre para invitar a muchos de sus amigos. Eso no fue para él un problema, porque tenía pocos; el problema se encontraba con sus amigas, porque al ser un galán lleno de riquezas muchas lo pretendían para ser algo más que amigos.

La noche de la fiesta se aproximaba y finalmente Lauro decidió invitar a una sola de sus muchas amigas a la fiesta. Pensó que era lo mejor para evitarse penas con otras esa misma noche, bien sabía que si invitaba a muchas se pelearían por bailar con él.

Sin embargo no sabía a quién de ellas invitar, la decisión le era difícil, así que cierta noche subió al quinto y último piso de su casa, donde se encontraba su enorme habitación, salió a su azotea y comenzó a mirar los alrededores de su hacienda.

No había mucha iluminación debido a que era poco más de la medianoche y en el reino la gente solía descansar desde temprano, por lo tanto podía ver cómo las estrellas brillaban en su máximo esplendor. Mientras observaba el hermoso panorama pensaba seriamente a cuál de sus amigas debía invitar a bailar; pero no se percató que en lo más alto del cielo unos ojos miraban fijamente su belleza.

Para él la decisión era un serio problema, así que finalmente terminó hablando en voz alta “¡Oh, no! ¿A quién debo invitar a bailar en la fiesta?”.

Al decir esas palabras comenzó a sentirse observado, entró a su habitación para vigilar que nadie extraño estuviera ahí y al no ver a nadie de nuevo salió a su azotea.

En ese instante vio una resplandeciente luz amarilla que bajaba del cielo y que se acercaba a él. No tuvo miedo pues aquella luz le transmitía paz y tranquilidad en su interior, era la Luna.

–¿Cómo estás? –saludó la Luna.

–Muy bien ¿y tú? –contestó Lauro y se quedó atónito ante ella, por ser divina.

La Luna se sintió orgullosa de conocer a un joven guapo y apuesto.

–Muy bien., ¿Cuál es tu nombre? –preguntó la Luna.

–Lauro.

–Eres muy lindo y me gustaría ser quien baile contigo la noche de la fiesta –dijo la Luna.

Ella era tan hermosa que el joven no dudó en decirle que sí y se enamoraron a primera vista.

–A mí también me gustas mucho –dijo Lauro–, así que te espero esa noche.

–Gracias –mencionó la Luna muy contenta– te prometo ser la más bella.

Finalmente el joven optó por invitar a todas sus amigas a la fiesta sin comprometerse a bailar con alguna en especial, aunque lo apartaba cada una al recibir su invitación él sólo decía que mejor llevaran a un amigo porque tenía una invitada especial para esa noche.

La noche tan esperada por Lauro, sus padres y los invitados por fin llegó. El joven estaba ansioso por que la hora de bailar comenzara, así que en la espera de ese momento decidió convivir con sus familiares y amigos.

Las señoritas llegaban acompañadas de un amigo tal como les sugirió, pero de pronto una de ellas, llamada Flor, se le acercó…

–¡Qué gran fiesta Lauro! –dijo.

–Sí amiga, mi padre la ha organizado para reunir a todos nuestros familiares y amigos con motivo de celebrar sus bodas de plata –comentó el joven.

–¿Y con quién bailarás esta noche?

–Con una amiga que vendrá a la hora del baile.

–Pues ya quiero conocerla, de hecho todas morimos de ganas por saber de quién se trata. Bueno, me está esperando mi acompañante, con permiso Lauro.

–Diviértete.

Se anunció la tercera llamada para dar inicio con el baile de la noche, todos comenzaron a tomar a sus parejas de la mano y a hacer presencia en la pista moviéndose al ritmo del son.

Lauro rápidamente subió a su recámara y salió a su azotea; no podía creer lo que veía, la Luna estaba ahí con un vestido muy elegante color azul celeste, además traía puesto un collar con perlas de oro y tenía pulseras de plata en forma de estrellas, el vestido tenía también estrellas color fosforescente.

–He estado esperándote aquí desde hace rato –dijo la Luna.

–Lo siento. La hora de bailar es hasta tarde.

–No te preocupes lindura, estoy contenta de ser tu invitada especial esta noche.

–Vamos, ya quiero presentarte, muchas personas desean conocerte –comentó el joven.

–Será un placer –dijo la Luna y sus ojos le brillaron con misterio, sin ser percatado por él.

Entraron a la casa y comenzaron a dirigirse al lugar de la fiesta. Al asomarse ahí, la pista estaba llena de parejas bailando.

–Vamos, comencemos a bailar –dijo la Luna muy emocionada.

–Sí, andando –dijo Lauro muy nervioso.

Al meterse entre la gente todos quedaron impresionados al ver a Lauro con una bella acompañante que no era humana. Hacían la mejor pareja de la fiesta debido a que el joven era alto, guapo y de apariencia fina; su invitada tenía un brillo tan bonito, con su fase cuarto menguante era la más delgada entre todas las señoritas. Sus ojos eran muy profundos como el mar y lucía el vestido más fino entre todas las mujeres ahí presentes.

Fue así que comenzaron a bailar pacíficamente.

Al paso de varios minutos la música se detuvo para que todos tuvieran oportunidad de descansar y beber; fue entonces que Lauro aprovechó el momento para presentar a su invitada especial a toda su familia y amigos. La gente estaba impactada con lo que veía, así que muchos no se resistieron a tocarla suavemente. Fue bien recibida ante todos.

Luego de presentarla tomaron asiento en una pequeña mesa que se encontraba vacía, ahí platicaron sobre sus vidas para conocerse más a fondo, también cenaron y bebieron vino y champán.

El baile continuó después de algunos instantes y de nuevo hicieron presencia en la pista. Esta vez bailaron sin nervios, miedos, tiempo ni espacio debido a que las miradas ya no eran en gran cantidad al haber sido presentada formalmente.

Lauro tomó de las manos a la Luna, eran tan suaves y finas que las trató con gran delicadeza.

La noche pasó en un abrir y cerrar de ojos, el amanecer estaba cerca y gran parte de los invitados ya se habían ido; la Luna tenía que regresar al espacio antes que el sol mostrara los primeros rayos del día, juntos y tomados de la mano subieron las amplias escaleras de la enorme casa hasta llegar al último piso.

Estando ahí comenzaron a sentirse tristes porque debían despedirse, pero antes de hacerlo uno al otro derramaron sus instintos pasionales por toda la habitación.

Seguidamente ella salió a la azotea, se elevó unos metros y en ese preciso momento su hermoso vestido se desvaneció produciendo una lluvia de diminutas lunas color azul celeste.

–¡Adiós Lauro, fue un placer pasarla bien contigo ésta noche! –dijo la Luna riéndose en su mente con algo de sarcasmo.

–Te extrañaré mi amor –contestó con lágrimas en los ojos.

–No llores, debes aceptar y comprender que he de regresar al lugar que pertenezco.

–Lo sé –dijo Lauro quedando cabizbajo –gracias por haber venido.

En ese momento la Luna comenzó a elevarse más alto. Finalmente Lauro levantó el rostro para ver cómo ella se elevaba en lo más alto hasta encontrarse de nuevo adornando el cielo en los últimos minutos de aquella madrugada.

Entró a su habitación para no verla más y dejar de llorar, cerró sus puertas y ventanas para poder descansar y reponer su energía perdida durante toda la noche.

Los días fueron pasando y Lauro aprendió a vivir con el recuerdo de la Luna; mientras tanto ella comenzó a notar que su vientre crecía noche tras noche y supo que era el fruto de aquel derrame de pasiones que tuvieron la noche de la fiesta, entonces decidió bajar cierta madrugada para informarle…

 

 

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