MI ABUELITA. POR: SONIA MAYLLEND

sona 2

 

─ ¿Mamá? hablo para saber si ya comiste o te llevo algo. Llego en dos horas. Te quiero. Háblame.

─Alberto, ¿fuiste a ver a tu abuelita esta semana? le dejé un mensaje en su contestadora y no me regresó la llamada, lo malo es que tengo que salir con las amigas del club y no me dará tiempo de ir a su casa. Si habla me disculpan por favor. Los hijos de Stephanie se miraron sin decir nada y en esa mirada se leía la picardía y cierta complicidad.

─Oye Melanita, ¿cómo ves lo de mi Abue? A mí ya me preocupa eso de que no regrese las llamadas ¿estará enojada?

─Mira Robert si mi Abue está en ese plan, pues hay que respetarla y ni te preocupes, si necesitara algo ya nos hubiera enviado aunque sea un WhatsApp.

─Melanie, ¿desde cuándo no vamos a verla?, porque la última vez que yo fui hará como un mes.

─pues yo tengo un poco más de no verla por lo de la excursión pero yo si le hablaba, además ¿por qué no has ido a su casa? ¿Será que por eso tienes cargo de conciencia? aunque yo también y creo que no es excusa. ¿Sabes si mamá la visitó recientemente?

Robert se mordía las uñas pensativo y comentó ─Me acuerdo cuando mi mamá le regaló su iphone,  se le quedaba viendo y le dijo: Pues muy bonito el juguetito ¿pero cómo le hago para marcar? Entonces mi mamá le grabó los números de la familia, del doctor Méndez, bueno, hasta el 911 y aún así decía que prefería el que tenía en la cocina.

─con razón, cada vez que me veía se la pasaba haciendo preguntas y como niña chiquita quería que le explicara todo, que si cómo se usa el WhatsApp, que cómo podía oír los mensajes de voz, y hasta… —Enséñame qué es eso de la selfie— ¡se pasa mi Abue!

─ ¿sabes con qué me salió el otro día?,  le arrebató la palabra Melanie, ─ ¡quiso que le enseñara lo del correo electrónico! y ahí me tienes tratando de explicarle,  me tuvo como uno hora enseñándole cómo mandar un email… —ahora ayúdame a ver las fotos de ustedes en mi Facebook— o —Ya se me olvidó mi pasword — Se miraron y comenzaron a reír. ─A qué mi Abue tan chistosa, un poco pesadita pero pues es que está muy solita y también ya está chocheando…

De pronto Melanie dijo ─ ¿cómo ves si nos lanzamos a verla?, ya hasta siento que extraño que me agarre a beso y beso y que a ti te dé tus jalones de orejas por tus pantalones rotos, Es un amorss ja, ja, ja,

─pues órale vamos, pero tú manejas, Robert la mira de reojo y le dice ─juega, pero tú pones la gasolina, ─va!, pero ya vámonos porque ahora sí me dieron ganas de verla, ojalá tenga galletas de canela, las hace muy sabrosas ¡como las de ella no hay! y de pasada le compramos unas flores de alhelí, sus favoritas.

Diciendo esto los hermanos se fueron a casa de su Abue Miquita, así le decían de cariño.

Ahí estaban Melanie y Robert, muy formalitos con su ramo de flores haciendo sonar la aldaba de la puerta que, entre paréntesis, tenía forma de mano, cosa que les causaba mucha gracia a los muchachos.

Tocaron a la puerta una vez, dos veces, y a la tercera ya lo hicieron con mayor fuerza y… nada. Eso les erizó la piel y de inmediato levantaron el tapete y ahí estaba la llave, indicio de que no estaba en casa. Inmediatamente entraron y revisaron la casa. Todo en orden. Fueron a su recámara y… todo en su lugar. Mudos y sin respuesta, ambos sacaron su celular para marcarle a Miquita tan solo para escuchar “el número que marcó está fuera de área o se encuentra desconectado. Intente más tarde”

Melanie fue la primera en hablar ─ ¿tú crees que haya salido de compras?

─No, cómo piensas eso, mi mamá le surte la despensa y lo demás lo pide a domicilio. No, ella nunca sale sola, el doctor se lo recomendó.

­─ ¿Entonces, dónde está mi Abue? a Melanie se le anegaron los ojos y se cubrió la boca para ahogar una exclamación de horror…

Robert tenía un mal presentimiento e imaginaba lo peor por lo que sólo atinó a decir ─pues hay que salir a buscarla, o hablar al 911 o ¿qué propones?

 

La tranquilidad del vecindario se rompió. En un abrir y cerrar de ojos llegaron 3 patrullas y 2 ambulancias con sirena abierta, además de una veintena de vecinos curiosos.

A la llegada de Stephanie y su esposo Roberto a casa de su mamá, ésta fue abordada por un oficial quien comienza a interrogarla: ─Señora, ¿cuándo fue la última vez que vio a su mamá y cómo se llama la desaparecida? A Stephanie le desapareció el color del rostro, sus ojos se desorbitaron y alcanzó a balbucear, ¿desaparecida? ¡¿Mi mamá?! Comenzaron a doblársele las rodillas, y afortunadamente el marido evitó que cayera.

Dirigiéndose a Robert, el oficial continuó ─A ver jovencito, ¿usted podrá responder algunas preguntas en lo que se compone su señora madre?

Robert hizo acopio de fortaleza, aunque la voz tipluda delataba su preocupación y el nudo en la garganta.

─Si señor. Se llama Micaela Flores de De La Canal y la última vez que vimos a mi Abue, fue hace tres semanas.

─ ¿Qué edad tiene la señora Micaela Flores?

─72 años

El policía anotó el dato, no sin antes dirigirle una mirada de reproche, y continuó interrogándolo y escribiendo las respuestas. En ese momento otro uniformado que salía de la recámara, le sisea algo al oído a su superior y éste le dice ─no toquen ni  muevan nada, ahorita voy a revisarla. Todos guardan silencio y Stephanie, de un salto, se pone de pie pero antes de dar un segundo paso, el oficial la retiene de un brazo y dijo ─ ¡nadie toca nada!, incluso usted, la policía está aquí para investigar, permítanos trabajar

La voz del Inspector retumba en la pequeña sala ─señora Stephanie, dígame si esta computadora es de la desaparecida. Ella toda llorosa y muy compungida atina a responder,

─Si oficial, es de mi mamá

─Pues nos la llevaremos para que un perito la revise y nos diga qué fue lo último que hizo en ella.

En esos momentos sonaron 4 celulares, el de Stephanie y el de su esposo Roberto, así como los de Melanie y de Robert. En automático y por impulso, lo encendieron y lo que vieron los dejó estupefactos.

─Familia, conocí a un italiano en línea y ayer nos casamos en Venecia abordo de una góndola. Estamos en París de luna de miel. Regreso en un mes. Los quiero mucho. Adieu

 

 

 

 

 

 

 

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