EL BASTÓN DE ORO Y PLATA. POR: LEANDRO EZEQUIEL DZUL CENTENO.

EL BASTÓN DE ORO Y PLATA

Por: Leandro Ezequiel Dzul Centeno

 

Había una vez una abuelita llamada Hermelinda que le gustaba cuidar a sus nietos. Entre todos ellos había uno que era el más pequeño y que la quería mucho, así que de cariño le decía “abuelita Linda”. Se llamaba Ezequiel pero toda su familia lo conocía como “Cece”.

Un día mientras la abuelita Linda hacía los quehaceres de su hogar, platicaba con Cece sobre muchas cosas que le habían ocurrido en su vida y en lo que todavía pensaba hacer en los años por delante.

–Mi sueño es poder ver a todos mis nietos crecer- dijo la abuelita.

– ¿Y qué tan grandes?- preguntó Cece.

– Hasta que sean unos jóvenes maduros y responsables- ella contestó.

– ¿Y cuánto falta para eso? –.

– Mucho, mucho tiempo, tanto que yo caminaré con trabajo por estar tan viejita -.

– No te preocupes abuelita, si para cuando ese tiempo llegue yo ya seré grande entonces voy a comprarte tu bastón de oro y plata para que no te canses al caminar y todos vean tu lindo bastón -.

La abuelita sonrió al escuchar las palabras de su nieto y se las grabó en la mente y corazón.

Al paso de los años Cece fue creciendo y nunca se olvidó de aquella abuelita con quien fue feliz en su infancia. Iba a visitarla frecuentemente y en ocasiones salían a pasear por las calles, pero a ella ya le cansaba caminar bastante así que por momentos la tomaba del brazo para que pudiera apoyarse.

Siguieron pasando los años y cierta tarde Cece, siendo un jovencito de 17 años, llegó a la casa de su abuelita y la encontró cansada en una silla mecedora.

-¿Se siente bien abuelita?-.

– Sí, solo estoy cansada – ella respondió muy alegre al ver a su nieto.

– ¿Y qué tanto ha hecho?-.

– Recordar muchas cosas – dijo la abuelita -, como cuando eras un niño muy pequeño y decías que me comprarías mi bastón de oro y plata cuando ya no pudiera caminar bien.

– Lo recuerdo muy bien abuelita Linda, pero como verá aún soy un joven que asiste a la escuela, aún no puedo comprarle su bastón de oro y plata –.

La abuelita sonrió al escuchar las palabras de su nieto y en pocos segundos recordó algunos otros pasajes de su vida donde él estuvo presente.

-Me alegra mucho que vengas a visitarme- dijo la abuelita -, veo que no me olvidas.

– Claro que no – dijo Cece.

– Salgamos a dar un paseo y tú serás mi bastón de oro y plata – dijo la abuelita Linda.

FIN

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