RELATOS SENCILLOS (LA PETICIÓN). POR: JOSÉ SALATIEL TEC.

sala-foto-oficial

 

–¡Sí, es un caballo! –dijo el hombre sabio que examinaba las huellas en la tierra, recorriéndolas con una rama seca–. Y a juzgar por lo profundo del rastro, debe ser un equino ¡muy robusto! –continuó.

Uno de los peones de la hacienda que lo rodeaban le dijo lamentándose de la situación:

–¡¿Pero por qué se ensaña con nuestros animales?! ¿Qué daño le habrán hecho?

Y es que desde hacía tres noches, el misterioso corcel se aparecía furtivamente en la hacienda de Nohchén masacrando terriblemente con sus patas y mordiscos, cuanto animal se cruzara en su camino.

–¡No es posible conocer las intenciones de un animal! –contestó el hombre de las huellas– y menos de uno como éste… Ellos se guían por el instinto, que es como una forma primitiva de razonamiento. Lo único que podemos hacer es encontrar una pronta solución a todo esto –sentenció.

–Alguien le dijo a mi padre –mencionó otro de los peones que miraba lastimosamente a los animales muertos– que hace años se aparecía por las haciendas aledañas un caballo bermejo que sembraba el terror despedazando a los sencillos animales de los peones, con sus pisadas terribles, y nadie podía lazarlo y acabarlo porque era tan huidizo como el viento.

“Y de noche no se pudo localizar su guarida por más que se le buscó. Dicen que después de realizar sus tropelías dormía bajo un frondoso árbol de jabín, que se volvía invisible en cuanto el sol tocaba sus contornos.

“Y ante estos hechos, una vieja comadrona mencionó que una noche de luna llena, nació un pequeño caballo de patas temblorosas, cuyo olor a carne tierna atrajo a unos tigrillos de la selva que por poco lo devoran. La mujer lo salvó de la muerte con una rama encendida y lo cobijó en su jacal, curó sus heridas, hasta que una noche ya grande y repuesto de sus males desapareció por completo. Hasta que una noche, como un caballo terrible se apareció despedazando, en venganza, cuanto animal se cruzara en su camino. Posiblemente se trate del mismo animal, y si es así, va a ser casi imposible acabarlo”.

A la cuarta noche, los habitantes de Nohchén resguardaron sus animales y se encerraron en sus casas, ateridos de miedo. Ya entrada la noche, sólo se oía el relinchar terrible, los jadeos enfurecidos del equino, el sonido sibilante de sus patas al cortar el aire, y el gemido lastimero de los animales muriendo bajo las patas del corcel nocturno…

Sólo se veía en lo alto al único testigo de la masacre, como si los animales muertos la hubieran teñido con su sangre, a la luna llena que colgaba brillante como una gigantesca granada.

A la mañana siguiente, cuando de nuevo los peones hacían el recuento de los daños, el joven profeta se acercó hasta ellos y escuchó con paciencia sus peticiones para que todo aquello cesara.

Dibujó algo en la tierra con una rama seca. Y su voz resonó como si tuvieran alas las palabras:

–Hay cosas que sólo nuestra fuerza física no puede realizar, porque tienen que ver también con la fuerza justa que ponemos en todo lo que pedimos. Una débil e incierta petición sería como pedir que un árbol de zapote nos colme de ciruelas o como pedir que el arco iris despliegue su abanico de colores en la noche.

“El cielo, que conoce todas nuestras peticiones, reconoce la certeza y fortaleza de lo justo que pedimos, y concederá todo sin faltar en nada”.

A la quinta noche, de nueva cuenta los peones escucharon al equino que venía como un remolino nocturno a cumplir con sus fatídicas tropelías… pero de pronto, en medio del tumulto, un silbo suave comenzó a debilitar los ruidos emitidos por el corcel salvaje, así como un torrencial aguacero cambiara de pronto a una brizna de lluvia.

A la mañana siguiente muchos vieron a la salida de la hacienda un caballo bermejo convertido en piedra, inmóvil, con el hocico abierto y una soga blanca anudada alrededor del cuello. Nadie dijo nada, pero todos sabían quién lo había llevado hasta ahí, como un testigo perenne de que las cosas justas se cumplen siempre….

Y esa noche en Nohchén, la luna llena apareció colgando llenísima de luz, como un corazón recién nacido.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s