Lo que el corazón me dicta. Por: Rita Elena Vázquez Peña

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BIENVENIDA A LOS LECTORES

Estimados lectores, quiero darles la bienvenida a este espacio que he decidido titular “Lo que el corazón me dicta”. Con la humildad que aprendí de mis padres, escribiré anécdotas, experiencias y también les confiaré mis sueños. Les invito a interactuar conmigo para conocernos y crecer juntos.

Lo que el corazón me dicta es así: transparente, espontáneo, auténtico. Es precisamente lo más valioso que tiene Rita Elena, lo que les quiero compartir: Los sentimientos.

Agradezco a la revista Con tu Reporte este valioso espacio.

Gracias a todos de manera anticipada por el respeto y tiempo para leer mis líneas.

 

Con afecto

Rita Elena Vázquez Peña

 

VACACIONES INFANTILES

 

Anoche puse la alarma del despertador… recuerdo vagamente que sonó pero me permití los clásicos cinco minutitos más, los que bastaron para dar un paseo hasta mi inolvidable pueblo y recorrer aquella vereda hacia la escuela primaria.

Sentí vívidamente el aroma a hierba mojada, escuché el canto de los pájaros y brinqué sorteando los grillos que habitaban por ese lugar no tan transitado.

Llegué a la escuela Miguel Hidalgo y Costilla (la única en ese entonces). Ocupé mi mesa-banco y abrí el libro de español acercándolo para sentir ese olor tan peculiar.

Saludé a mi mejor amiga y le conté brevemente lo que sucedió la tarde anterior. Estábamos en lo mejor del chisme cuando entró al salón de clases aquel maestro de cuarto año a quien le tenía tanta admiración. Todos guardamos silencio para luego decir casi al unísono: “¡Buenos días maestro William!”.

Entonces, con esa voz tan segura y cálida, nos dijo: “Hola niños, buenos días. A ver, quiénes hicieron la tarea de español?”.

La respuesta fue un largo murmullo, que fue cortado por la repetición del profesor… Levanté la mano porque me gustaba mucho participar en esa materia. “¡Muy bien!”, dijo el mentor, “a ver, cuéntanos qué hiciste durante estas vacaciones de verano”.

Aclarando la voz y tomando aire, comencé mi relato:

“La mayoría del tiempo estuve en casa… mis padres, hermanos y yo limpiamos el patio y sembramos lechuga, rábano y tomate. Todos los días regábamos las eras con agua que jalábamos del pozo.

“Por las tardes, luego que ‘cayera’ el sol, salíamos a jugar fútbol con los amigos y, aunque no teníamos zapatos, ni sentíamos las piedras que se incrustaban en nuestros pies porque ya estamos acostumbrados. A mi casa llegaba la vecinita, con quien ya no quería jugar porque me robó mi única muñeca, le perdí la confianza.

“En la última semana tuve la oportunidad de conocer el mar, porque mi tía Bertha me invitó a la excursión que hizo la iglesia. Fue algo maravilloso, imaginaba que el mar era bonito, pero al verlo, ¡mis ojos no podían creer tanta belleza! Estuvimos jugando arena lejitos de la orilla porque como no sabía nadar, temía ahogarme. Fue algo realmente hermoso, las mejores vacaciones que he tenido”.

Cuando estaba a punto de escuchar la reseña de una compañera, un ruido taladrante me lo impidió: era el despertador que nuevamente me recordaba la realidad para comenzar un nuevo día, el cual seguro iba a estar impregnado del sentimiento nostálgico de aquella infancia feliz.

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