JUAN VERDUGO. POR: RAÚL R. DZUL PAREDES.

foto Raul

 

De un gancho empotrado en el techo colgaba de los pies una mujer. Aparentaba haber sufrido un corte en la yugular. El charco de sangre en el piso así lo sugería. Juan Verdugo, extasiado y unas tijeras en las manos, contemplaba el cadáver tibio pero inerte de su esposa. Tratando de corroborar lo obvio, los oficiales le preguntaban inútilmente.

Los vecinos aseguraban que Juan y su cónyuge formaban una pareja sólida, sin hijos, pero estable. Que el hombre era muy trabajador y su consorte tan hacendosa como caritativa. Según sabían, Juan, recién se había jubilado como obrero de la planta industrial CAMPI.

Al no poder obtener mayor información, decidieron dirigir sus pesquisas hacia dicha empresa. Ahí apersonados solicitaron a la jefa de recursos humanos que les permitiera ver el expediente del presunto uxoricida.

En las primeras hojas del documento checaron la entrevista previa que le aplicaron, donde se apreciaban datos como los siguientes:

-Nombre: Juan Verdugo

-Color preferido: El rojo

-Herramienta(s) que domina: Tijeras

-Trabajo anterior: Jardinero

-Animal preferido: Gato

-Fecha de solicitud: 22/mar/1972

Luego solicitaron hablar con su jefe inmediato, quien les hizo los comentarios siguientes:

“Juan Verdugo siempre fue el segundo en la línea de producción, pero el primero en tomar posición. Invariablemente con diez minutos de anticipación. Para ello llegaba una hora antes que todos al trabajo.

Su línea de producción cambió de integrantes muchas veces, pero el ‘Verdugo’, como solían llamarlo pensando que era el nombre de su puesto, permaneció 35 años en la misma función. Hasta que el viernes pasado la empresa decidió, contra su deseo, jubilarlo”.

–Al parecer era un excelente trabajador –comentó asombrado uno de los oficiales.

–Era bastante apegado su labor. Diría celoso de su encomienda –completó el jefe de turno tratando de explicar la singularidad de su ex trabajador.

–¿Celoso, apegado? –repitió extrañado de estas definiciones el oficial, lo que animó al representante de la empresa a comentar:

–Cuentan como una especie de leyenda urbana que en cierta ocasión llegó con un par de minutos de retraso, razón por la cual se le sustituyó con otro compañero. Molesto hasta la cólera no accedió a realizar otra tarea que no fuera la que habitualmente desempeñaba. Desde aquello tomó la costumbre de llegar con una hora de adelanto a la fábrica.

–¿Y cuál era exactamente la función de Juan? –inquirió el policía.

–Cortarle… el cuello… a las gallinas –respondió con lentitud involuntaria el ex jefe de Juan Verdugo.

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