U CHÍLIL K’IN. POR: LUIS CHAY CHUIL

U CHÍILIL K’IN

 

Por Luis Chay Chuil

 

¡Malditas drogas…! Aquí sí aplico la expresión, pero no como tantas veces para hacerle chascarrillo a alguno que comete alguna pifia expresiva o acto inesperado e ilógico en algún momento y se le pretende hacer reaccionar.

Recurro a ella para lamentar y condenar el avance que se le ha dejado tener a ese monstruo del tráfico de estupefacientes que tantas vidas sigue cobrando, mientras las “autoridades” no han sabido darle solución porque están más ocupadas en encontrar formas para llenarse la bolsa con el dinero de la gente que sí trabaja.

En verdad no encuentro palabras para condenar todo el daño que causa ese cáncer social que parece no tener límites. En esta ocasión se llevó a otro coterráneo; más que eso, a un amigo, quien sin deberla ni temerla pagó los platos rotos por otro.

Cumplía su trabajo, humilde, pero digno y honesto: vulcanizador, pero en uno de los “paraísos” que ahora domina el narcotráfico, cuando las balas de alguien indolente, sin tentarse el corazón le bañó, pero con plomo.

Me refiero al apreciado “Caca”, “Cacaruso”, “Yauca”, “Jejefe”. Quienes lo conocieron y trataron en el pueblo saben a quién me refiero, pero para los que no, se trata de Alfredo Pech Borges, asesinado a balazos en Cancún.

Sus familiares le llamaban “Caca”, sus cuates le decían “Cacaruso”, un poco para que no se oyera tan feo o se prestara a compararlo con otra cosa. Con el paso del tiempo y sus cualidades para el fútbol y en comparación con un jugador que estuvo en el balompié mexicano se le empezó a llamar “Yauca”.

El mote de “Jejefe” se lo endilgaron sus pupilos del “Boca Juniors”, pero no vuelen tanto, no los jugadores del equipo argentino, sino de un grupo de chavos que formaron un equipo y adoptaron ese nombre y el buen “Yauca” los dirigía. Incluso si la memoria no me falla, obtuvieron un campeonato en la liga kinchileña hace algunos ayeres.

Además, lo de “Jejefe” tuvo su origen en la forma de hablar del buen “Cacaruso”, tenía un “tic”, quizá por nerviosismo o alguna situación de infancia que le ocasionaba tartamudear levemente. Cuando se le cotorreaba por su forma de pronunciación lo tomaba en “buena onda”, pues nunca se le hizo de menos o se le humilló, no había la malicia de ahora.

Otro de sus dotes fue el de beisbolista, en la posición de cátcher. La última vez que lo vi estaba enfundado en un traje de policía en Kinchil, de modo que ha pasado un buen tiempo, pues en Quintana Roo ya llevaba más de 10 años.

Fue el último recuerdo del apreciado “Yauca”, al que ahora saludo desde el lugar donde recibirá los lanzamientos de los pícheres, “pelará” a quienes quieran conquistar la segunda base y dirigirá a su nuevo “Boca Juniors”, pero vestidos de blanco y quizá con su pañoleta azul y amarillo.

La narcoviolencia es un mal que invade hasta los lugares más recónditos, incluso la migración de muchos a otros Estados es consecuencia de que en la comunidad de origen no se soluciona el desempleo, así que si no hay oportunidades van por mejores condiciones de vida.

Ojalá la muerte de este amigo no quede sólo en “¡ay qué pena, pobre!”, sino que lleve a remediar el alcoholismo y drogadicción que ya invade Kinchil.

Este es un llamado más a las autoridades locales para que encuentren formas alternas para encausar a esas nuevas generaciones que han cambiado el balón por una botella o marihuana y mal orientado sus emociones.

Mi estimado “Cacaruso”, descansa en paz, tus cuates trataremos de encontrar alivio, pues resignación y aceptación de tu partida, al menos yo, lo condeno en todo lo que da y no lo acepto, por la forma. Creo en la limpieza de tu actuar, de modo que estoy convencido que fuiste víctima de esa red maligna que nadie ha sabido cortar de tajo y darle una solución definitiva.

Solidaridad con tu familia que has dejado y deseo que sigas siendo su inspiración para luchar en la vida. Amigos de Kinchil, unamos manos y fuerzas para rescatar a ese terruño que nos vio nacer, a ese “K’in = Sol; “Chíilil” = acostar, ocaso.

Aún es tiempo de que la “Puesta del Sol” sea esplendorosa y la armonía posible; sin la violencia que ocasionan ya los vicios que envenenan a los jóvenes, porque quienes deben no les dan opciones de hacer de su vida algo en bien del crecimiento de nuestro amado Kinchil.

Quienes se quedaron “picados” por el título de estas líneas, es en lengua maya y la traducción es “La puesta del sol” (U = La; chíilil = ocaso o puesta; k’in = sol).

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