“UN CASO DE DERECHOS”. POR: ELIZABETH BORGES

 

 

El derecho de los que hablan los adolescentes. Es “SU DERECHO”, es cierto, es legítimo, es legal, es hasta correcto, todo está bien, pero no siempre es lo justo.

Cuando a una amiga la enfrentó su hijo, con las conductas propias de la adolescencia, la forma de cómo le respondió ha quedado grabada en mí, para su eventual utilización.

Resultó que el jovencito de 16 años, con una vida de fiesta interminable, inacabable, de día y de noche, de lunes a domingo, 24 de 7 como se usa ahora en el idioma de estos millennials, le reclamaba a su mamá por qué en esa ocasión no podía “ejercer el derecho” como todos sus amigos (amiguísimos para las fiestas) de asistir a la fiesta número sesenta de la semana.

El chamaquito le dijo: “no te metas en mi vida”. Mi amiga, ante la casi impotencia y ya sin argumentos le contestó de forma brutal como ella misma dice:

“¡¿Que yo no me meta en tu vida?! ¡Te informo que fuiste tú quien se metió en la mía!”. El muchachito no podía salir de su asombro, porque obvio, nunca jamás le había contestado de esa manera su reverenda madre. Una vez enmudecido por la respuesta, se sentó en el piso sin dar crédito de lo que acababa de escuchar y Cecilia continuó:

“Tú te metiste en mi vida, yo ya tenía mi carta de aceptación para irme a mi doctorado a España, tengo la carta de aceptación y la conservo sin nunca haber planeado que la utilizaría para este momento. He conservado ese papel como un diploma de mi mejor decisión, mi mejor elección. Yo sí renuncié al derecho que tenía en ese momento para irme a Europa a hacer un posgrado.

“Renuncié porque TUS derechos eran mucho más importantes que los míos, renuncié por amor, te elegí a ti y quedarme aquí a compartir mi embarazo y tus primeros años con tu abuela y tus tíos. Yo también tenía todo el derecho de irme y seguir mi sueño del posgrado europeo. Yo también tenía derecho a dejar absolutamente todo sin mirar atrás por al menos cuatro años. Elegí que tu derecho a estar aquí era más importante que los míos. Mis derechos de continuar mis estudios los pospuse por tus derechos a todo lo que tuvo que ver con tus primeros años.

“Después de seis años yo sí hice un doctorado europeo, en España… ¿De qué carajos derechos me hablas tú Rodolfo?

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