TOMA LAS RIENDAS DE TU VIDA. POR: LUIS CHAY CHUIL

 

 

Para no dejarse agobiar por la información chatarra hay que aprender a construir nuestro entorno y camino basados en el saber que se alcanza a través de la experiencia y que su temporalidad es distinta a la de la información.

El tiempo de la información es breve y fugaz. Los furtivos de la información van tras del último dato, aunque no saben para qué. Los labradores del saber saben de la paciencia, la renuncia y el cuidado.

Es necesario recuperar la mirada larga que demora las cosas sin explotarlas y saber descubrir lo esencial en medio del diluvio de informaciones y estímulos. El filósofo Heidegger lo distinguía entre el pensar calculador y el pensar contemplativo.

La aceleración que hoy se experimenta es sólo un síntoma de la dispersión temporal en la que se vive y por ende el tiempo no tiene un ritmo ordenador y al estar atomizados no se experimenta el valor de la duración. Así es como se entiende que se viva en el imperio de lo efímero.

El no devorar informaciones, sino saber disfrutar del saber, permite crecer en experiencia y sabiduría, abre la puerta a lo venidero, a lo sorprendente de un futuro por construir. No hay que “matar el tiempo”, sino que vivimos en él y construimos futuro en cada presente con sentido.

Elegir entre las muchas posibilidades es ejercer la libertad y hacernos responsables de en qué se nos va la vida. La experiencia de la vida como una continuidad con sentido, y no como una sucesión desordenada de vivencias e informaciones, es la que permite asumir compromisos y vivir equilibradamente, priorizando unas cosas sobre otras.

La promesa y la lealtad requieren de una genuina vivencia del tiempo. La mentalidad del “corto plazo” conspira contra la esperanza, por eso hay que pensar en un horizonte que ensanche el presente que vivimos. Eso exige no dejarse arrastrar por el diluvio informativo, sino elegir cómo se quiere vivir. Pensar en serio requiere tiempo y no puede acelerarse o basarse en libros que dicen cómo aprender las cosas “en menos tiempo”.

¿Acaso la cuestión es cantidad de tiempo? La calidad de las relaciones nos ponen en una encrucijada: simple intercambio de informaciones y estímulos fugaces o verdaderos vínculos profundos para echar raíces con el tiempo y arranquen del aislamiento y la superficialidad.

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