SE LE ECHÓ EL MUERTO ENCIMA. POR: YOXI

FOTO OFICIAL 2 DE YOXI

 

Archie estaba confundido con lo sucedido la noche anterior. Se encontraba trabajando en la oficina con otros empleados en el área de dibujantes del despacho de ingeniería, montado en su banco de trabajo, dando los trazos finales a un plano en una posición imposible sobre la mesa de dibujo, mientras su compañero Royer, en otra mesa frente a él, hacía lo propio en silencio. Archie inició la conversación.

–Qué crees que me pasó anoche Roy.

–Se te metió un hombre en la cama. ¡Ja ja ja!

–No vaciles, es algo serio y muy raro…

–¡Tú eres el raro! Ya no me distraigas ponte a trabajar.

Sin hacer caso a las ironías de su amigo, Archie continuó su relato.

–Me desperté a las tres de la mañana…

–¡Y eso qué!

–Espérate wey, lo que pasó después me sacó mucho de onda. No me podía volver a dormir y ya estaba desesperado. Tenía clase de matemáticas a las siete de la mañana, daba vueltas en la cama y nada. Luego sentí como un sopor y empecé a oír un zumbido dentro de mi cabeza o fuera no sé, bajaba sobre mí y me cimbraba, muy feo.

–Estás bien loco wey. ¡Ja ja ja!

Luego como que algo me cayó encima y no me dejaba mover.

–Se te echó el muerto encima, no me digas…

–No, ningún muerto, sólo que no me podía mover. Yo estaba como muerto pero consciente y me asusté. Hice un gran esfuerzo para moverme y no podía, luché y luché y finalmente logré moverme. Brinqué por el esfuerzo y me caí en un lado de la cama… ¡Pero me moví!

–Qué menso… ¡Ja ja ja! ¿Tan grandote y te caes todavía de la cama?

–Escucha lo que sigue. Me levanté con cuidado para no hacer ruido, pero cuando me iba a acostar de nuevo, vi que había alguien en mi cama, un bulto… Entonces voltee a la cabecera para ver quién era y a la luz del poste de la calle que se filtraba por las persianas vi quien era…

–¡El viejo encuerado. ¡Ja ja ja!

–Era yo mismo wey, ¡cálmate!

–¡No manches!, sí que andabas bien marihuana.

–No wey, yo no le hago a esa yerba, es más tampoco bebo y tú lo sabes. Estaba fuera del cuerpo, creí que me había muerto y me dio mucho miedo. Salté sobre mi cuerpo para meterme pero me caí al otro lado de la cama, me sentía muy raro, me subí a la cama con cuidado y sentía mi cuerpo a mi lado como otra persona, su calor… Me puse a rezar y me volví a quedar dormido…

–Lo mocho no se te quita. ¡Lo soñaste wey o ya se te fue el avión!

–No canijo, no fue un sueño, fue real…

En eso llegó la hora de la comida, sonó la campana y todos recogían sus cosas para salir.

Archie notó que Connie, una secretaria cercana a su mesa de dibujo lo veía con una sonrisa condescendiente.

“Esta me oyó –pensó– ha de pensar también que estoy loco… Pero ella  –que era bastante mayor que él– muy tranquila le habló:

–Oí sin querer todo lo que contaste y las burlas de tu amigo…

–Lo siento, debí hablar más bajo… Ya me voy a comer…

–No, espera, escúchame. Yo sé qué te pasó, eso no le pasa a cualquiera, tienes un don y tienes que aprender a vivir con él, a manejarlo, porque seguro tienes una misión que cumplir… Algo muy bello, te felicito. Si quieres vamos a comer juntos y te platico más de esto y dónde te pueden ayudar para que lo ejercites en forma segura.

Archie no lo creía, Connie lo miraba sonriente y con una seguridad que le daba confianza. Tal vez tuviera razón. Así que se fue con ella a comer y platicaron largamente.

En la tarde, ya en casa, Archie reparaba una vieja lámpara poniéndole un foquito muy tenue que consiguió de los viejos adornos de navidad, su madre pasaba, lo vio y se acercó:

–¿Qué haces mi amor?

–Nada Jefa… bueno, un experimento, una lámpara de noche con una luz muy tenue.

–¿Otra lámpara? Tú ya tienes una, ¿para qué quieres una así?

–Bueno… es para encontrar mi camino en la noche, la dejo prendida y listo.

–¿Tu camino de qué? Tú me ocultas algo, una madre nunca se equivoca. A ver, ¡dímelo todo!

Aun sin quererlo, Archie le platicó la historia de lo que le había sucedido en la noche y su charla posterior con la secretaria, que ella le dijo que era necesario tener una luz muy tenue para poder regresar cuando se saliera del cuerpo. (No le dijo que la luz también era para que no se metiera un ente extraño en su cuerpo mientras estaba afuera).

La madre lo miró incrédula, pero no pareciéndole peligroso lo de la lamparita y como tenía mucho que hacer, sólo le pidió que no fuera a hacer una tontería y se fue.

Un par de noches después se volvió a repetir el fenómeno de los ruidos y el desprendimiento de Archie, se salió del cuerpo y decidió explorar los alrededores en ese estado (como le había dicho Connie que podía). Lo primero que notó es que no podía controlar bien sus desplazamientos, tropezó con la esquina de un muro y en vez de rebotar, lo atravesó limpiamente sin daño ni ruido.

Se dirigió a la puerta pero no pudo girar el picaporte, pues sus manos pasaban a través de él. Decidió asomarse afuera metiendo la cabeza en la puerta, y atravesándola se asomó al pasillo exterior; siguió adelante y atravesó sin problema. Era una rara sensación, estaba perfectamente consciente de lo que veía y de lo que hacía, sin embargo, su cuerpo permanecía en su cama junto a la lamparita.

Se le ocurrió subir al cielo y empezó a ascender, cruzó el techo, sintió el frío exterior de la noche y se elevó. La vista de la noche estrellada y las luces de la ciudad desde arriba era espectacular. Se dedicó a hacer algunas piruetas como para aprender a controlar su vuelo y luego de un rato ya no se le ocurrió otra cosa, así que decidió regresar. Se acordó de la lamparita de noche, pero como abajo se veían miles de luces, no sabía a cuál dirigirse, así que empezó a entrar en pánico.

Deseó regresar, y sin saber cómo, en un segundo, ya estaba nuevamente en el pasillo, fue ahí donde le pareció escuchar voces raras y sintió que de entre las sombras muchos ojos le observaban.

Oyó risas burlescas, y de repente vio a unos gnomos moverse a su alrededor y cambiar de posiciones corriendo, escondiéndose entre las sombras y como burlándose de él.

Definitivamente esto era demasiado, así que atravesando rápidamente la puerta entró al cuarto y se arrojó sobre su cuerpo, quedándose dormido casi de inmediato.

Al día siguiente en el trabajo le comentó a Connie su nueva experiencia, le dijo que la pasó mal, que tuvo mucho miedo y que no deseaba tener otras experiencias así, que esto debía parar de alguna forma. Ella lo persuadió de seguir “el trabajo” pero él se negó e insistió en que le revelara alguna forma para evitar que se siguiera desprendiendo del cuerpo. Ella reacia le dijo que sí había una posible manera de evitarlo, le dijo:

–Si pierdes tu pureza, el fenómeno desaparecerá.

–¿Cuál pureza? ¿Cómo?

–Bueno, es peligroso y yo no lo recomiendo pero…

–¿Pero qué?

–Bueno, las personas que consumen alcohol o drogas, se bloquean y pierden su don, su capacidad de desprenderse…

–Ok. Gracias Connie, lo voy a pensar…

No fue necesario pensarlo, porque al día siguiente se celebró la fiesta del tres de mayo, “La Santa Cruz” en una de las obras de la Constructora y Roy y Archie asistieron invitados por los ingenieros.

Oyeron misa, comieron barbacoa, tomaron pulque con los albañiles y se pusieron una borrachera que los tuvieron que llevar en calidad de fardos a sus casas en la madrugada.

De ahí en adelante la lamparita ya no fue necesaria, desaparecieron los dones de Archie.

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