¡DIVÓRCIATE DE LA CHATARRA!. POR: LUIS CHAY CHUIL.

 

 

¡Qué bueno que ya se acabaron las campañas….! Fue una frase de consolación que me propuse mentalizar horas antes de las elecciones ya repasadas y comentadas hasta el cansancio en todos los medios, pero ahora vivimos los remanentes y deshojamos la margarita de si cumplirá o no quien resultó ganador.

En lo particular, no me importa el triunfador, pues a fin de cuentas cada vez que voy a comprar hasta un boli para mitigar el calor que agobia estos días o unos panecitos para disfrutar la frescura del ocaso me cobran impuestos para sostener a esos supuestos representantes del pueblo, del cual me considero parte, para defender nuestros derechos… ¡ja, ja! Me río una y mil veces más.

Lo anterior no es desestimar la decisión de más de 30 millones de electores ¡al contrario!, aplaudo que al fin despertaron y expresaron en las urnas quién quieren que lleve el control de la pelota (para no desentonar con la euforia futbolística), en una verdadera democracia, de la cual estamos lejos.

Después de tanto pan con lo mismo, mucha gente ya siente una saturación y agotamiento a causa del consumo y manejo excesivo de información que desborda a la persona, pero con chatarra informativa.

Esta saturación suele acompañarse de falta de atención, concentración, poco análisis y toma de decisiones, e incluso ansiedad. Aunque no se encuentra en manuales y diagnósticos médicos, es algo real en la vida agitada actual invadida por las redes sociales y nuevas tecnologías que han transformado la esencia de la sociedad que han cambiado la forma de percibir la realidad, de relacionarse, pensar y convivir.

El exceso de información chatarra hay que saber discernirla para prescindir, en la percepción de todo lo que no es esencial. Esto sucede porque el diluvio informativo al que estamos expuestos no permite enfocarse en lo importante.

Más información no necesariamente conduce a mejores decisiones, ya que por sí sola no esclarece el mundo. Lo excesivo deforma y desinforma, se vuelve sólo acumulación sin sentido. Contrario a la información, la verdad no se amontona. La información es acumulativa y adictiva, la verdad es exclusiva y selectiva; así que no hay que cargar ni calentarse la cabeza por la desinformación, lo mejor es alejarse de ella, divorciarse.

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