LA TORMENTA. POR: WILBERTH BERMÚDEZ CH.

FOTO OFIC DE WILI

 

Trabajaba en la explanada,

estaba arriando mis reses.

Lo hacía como otras veces,

cabalgaba tras la manada.

 

Era un día caluroso,

en el cielo el sol brillaba.

La manada ya pastaba,

el día pintaba hermoso.

 

De pronto todo cambió,

el cielo fue oscureciendo.

La tarde está cayendo,

el sol pronto se ocultó.

 

Un relámpago se vio

y un trueno que lo seguía.

Se acababa la sequía,

el verano terminó.

 

Se asustaron los becerros,

todas la reses bramaban;

los caballos relinchaban,

se oía ladrar los perros.

 

Pronto comenzó a llover,

a chorros el agua caía.

Y los techos parecían

que se iban a romper.

 

De pronto se oyó un estruendo.

Es un rayo que ha caído,

un gran árbol ha partido,

sus ramas están ardiendo.

 

Me siento como entumido,

completamente mojado.

La tormenta no ha parado

ya se está creciendo el río.

 

El valle en silencio está;

los animales se han ido.

Llueve fuerte y hace frío,

nada que quiere escampar.

 

El potrero está inundado,

el campo es un barreal;

las reses en el corral

toda la tarde han estado.

 

Todo se torna negro puro,

la noche está llegando,

la tormenta está parando,

ha caído el manto oscuro.

 

Aunque dejó de llover,

aquí todo está inundado.

El agua entró y ha mojado,

todo se ha echado a perder.

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