¿VOTAR O NO VOTAR? [POR: RAÚL R. DZUL PAREDES]

FOTO OFIC DE RAUL DZUL

Parece una exageración decir que todo está decidido, que AMLO se llevará la quinta y los mangos. Estimo que no es así. Lo de los mangos ya no tiene remedio, pasará a manos del tabasqueño, pero lo de la quinta está por verse. La llamada al voto parejo tiene sus propios problemas, pues, según algunas encuestas, dos de cada diez que voten por el candidato presidencial de MORENA, votaran por candidatos diferentes en los otros puestos en pugna.

El propio llamado de AMLO, a votar parejo, demuestra que sí hay preocupación por este hecho. Y ciertamente puede complicar sus intenciones de dar respuesta a sus compromisos, especialmente los que requieren la aprobación en las cámaras de diputados y senadores. Es válido el argumento.

Pero igual de válidas pueden ser las razones de quienes están decidiendo emitir un voto diferenciado; he aquí algunas:

1.- La trayectoria de AMLO avala el voto que se le está otorgando, mientras su partido MORENA, de muy corta historia, no está probado. Los que votan por la persona.

2.- Otros razonan que es mejor dividir el poder por aquello de los contrapesos, a sabiendas que los supuestos contrapesos formales, la división de poderes, han fungido como eso, una mera formalidad, porque en la práctica los diputados y senadores del partido en el poder son una extensión del poder presidencial.

3.- Los perfiles de los candidatos morenistas y aliados no responden a las exigencias de las necesidades del país o nuestras entidades y hay temor de que MORENA se convierta en una plataforma que impulse y otorgue poder a personas ambiciosas y hasta deshonestas e incapaces. Un problema recurrente en los partidos más antiguos.

Seguramente existen otras motivaciones particulares e iguales de válidas.

Personalmente voy a votar disparejo, como lo he hecho desde hace dos sexenios. Voy a votar por López Obrador porque considero varias de sus propuestas las correctas y viables: Acabar con la corrupción y destinar más recursos a los temas de salud y la educación; convocar y lograr una reforma electoral en la que el factor dinero no sea el preponderante para ocupar candidaturas y puestos de representación popular; y parar los gasolinazos que encarecen productos de consumo y de servicios, como el transporte, que empobrecen a grandes capas sociales.

Ninguna de estas cosas son inviables y por sí solas son capaces de contribuir al bienestar y la paz en nuestro país.

No creo ser ingenuo y entiendo que al resultado electoral tenemos que agregarle nuestra participación demandante y crítica. Es necesaria, porque siendo plausibles los propósitos, no todos está de acuerdo en ello y mucho menos con la forma de alcanzarlos.

No voy a pedirles que hagan lo mismo y mucho menos tratar de convencerlos, que esto es una vulgaridad, como alguien dijera, así que cada quien asuma su responsabilidad, en esto sí nadie se puede echar para atrás, no es una cuestión de ¿votar o no votar?, sino un imperativo: ¡salir a votar!

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