UN BUEN AMIGO[POR: YOXI]

FOTO OFICIAL 2 DE YOXI

 

El señor Núñez llegó a su casa esa noche más tarde de lo normal. Venía como revolcado y traía sus lentes rotos, a más de un golpe en la cara que le hacía ver diferente.

–¿Qué pasó? ¿Por qué llegaste a esta hora? –interrogó su mujer.

–Nada importante mujer. Dame algo de cenar que traigo un hambre…

Doña Tina lo vio más detalladamente, hizo un puchero, empezó a llorar y lo abrazó fuertemente.

–¿Qué te pasó papá? —Insistió la mujer.

–Ya te dije, no me pasó nada, sólo resbalé y caí, eso es todo. Se me rompieron los lentes y ya… Compro otros.

–¡Ay mi amor! ¡Lo siento! ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Estás lastimado? ¿Vamos al doctor?

–Que estoy bien. ¡Sólo quiero tragar algo!

–Está bien, enseguida te sirvo la cena mi vida. Ven a la mesa.

Al día siguiente en la mañana, el señor Núñez desayunaba con su hijo, que le veía intrigado por su cara hinchada y el conato de ojo morado que ahora lucía. Aunque actuaba natural, se veía simpático con sus viejos lentes de refacción, que estaban un poco chuecos:

–¿Qué onda mi jefe? ¿Estrenando modelito? ¿Qué te pasó en la cara? –preguntó su hijo.

–Nada. ¡Shhh! Luego te digo. Nomás que se vaya tu madre.

–Vale. Provecho…

La señora Núñez por fin salió al mercado y, ya solos en la sala, platicaron:

–Ora sí mi jefe, dime qué te pasó y en qué te ayudo.

–Pues nada, que ayer pagaron en el trabajo y cuando venía para acá, me agarraron en la calle unos rateros y me robaron todo.

–¡¿Cómo?!

–Sí, iba caminando por Eje Central y al pasar por un callejón antes de Fray Servando, un tipejo me salió y me agarró. Iba jalándome hacia el callejón. Yo me defendí y forcejeamos; con la mano que tenía libre le di de puñetazos en la cara para que me soltara. Ahorita debe estar peor que yo –dijo mostrando el puño amoratado–. En eso, de no sé dónde, apareció otro cabrón grandote que sin más me prendió con un jab a la mandíbula que me noqueó, y ya no supe más de mí…

–¡Qué poca madre!

–Sí, seguro sabía box el canalla. Me dio en el punto exacto, para el knock out. Son unos cobardes. Trabajan en grupo, eran jóvenes y fuertes, podrían trabajar cargando bultos; no respetaron ni mis canas. Infames, pero así les ha de ir, no llegarán a viejos.

–Chale qué mala onda jefe. ¿Y luego, cómo llegaste a la casa?

–Pues desperté y estaba tirado en el suelo, ya estaba oscuro, había dos policías y una bola de mirones alrededor que no hacían nada.

“Entonces un joven muy amable llegó, habló con los policías y se acercó para auxiliarme. Me dijo que no me levantara que esperara un poco; me revisó, me miró a los ojos, puso su dedo frente a mí y me pidió que lo siguiera, lo movió hacia ambos lados y lo seguí con la vista. Entonces me ayudó despacito a sentarme, me hizo preguntas, como si fuera médico. Me ayudó a levantarme y me sostuvo hasta que me sentí bien parado.

“Uno de los policías me devolvió los lentes rotos. Como el muchacho me hablaba en un tono muy familiar le pregunté quién era y…”.

–¿Y qué te dijo?

–Dijo que era tu amigo de la iglesia y la Cruz Roja. Que estuvo contigo cuando fuiste socorrista voluntario.

–¿Te dijo su nombre?

–Sí, me parece que… no lo recuerdo ahora, debe ser por el golpe

–¿Quién sería? ¿Pero y luego qué pasó?

–Pues nada, que me revisé los bolsillos y mi cartera ya no estaba. Tampoco el sobre con el sueldo. Me bolsearon inconsciente y se llevaron todo. Pensé qué iba a hacer sin dinero. Cómo llegaría a la casa.

–Entonces, ¿cómo le hiciste?

–Tu amigo me prestó dinero para el metro y el camión. De hecho vino conmigo y él lo pagó. Me acompañó en el metro y en el camión. Se bajó en Tulpetlac. Tienes que agradecerle cuando lo veas.

–Sí, claro, pero, ¿cómo te dijo que se llamaba?

–¡Ah! También me dijo que te ve seguido en la Iglesia… Caray, no puedo recordarlo.

–¿Quién podrá ser?

–Pues el caso es que platicó conmigo todo él camino. Me contó cuando rescataron juntos del lodo a la señora que atropelló el camión de volteo. Aunque traía el pelo largo y la barba medio jipi, iba muy limpio y hablaba con mucha corrección. ¡Qué buen amigo tienes!, me hizo sentir muy bien… Creo que dijo llamarse Jesús.

–Qué raro. Recuerdo ese día del rescate y no iba ningún Jesús con nosotros…

–Antes de bajarse te mandó muchos saludos y bendiciones, que espera verte pronto por la iglesia. Ahí pensé que a lo mejor era seminarista o sacerdote. Bajó del camión y en unos minutos más ya estaba yo aquí frente a la casa. El chofer me paró frente a la puerta.

–Qué bueno que estás bien viejo. Yo te puedo ayudar con unos centavos si necesitas. Te quiero mucho, ya me tengo que ir también.

El joven salió intrigado de quién habría sido el amigo que ayudó a su padre en tan duro trance. Abordó un autobús y de repente algo le vino a la mente que le conmovió hasta las lágrimas.

–Sí, creo que ya sé quién fue –dijo para sí mismo–. Hizo un esfuerzo para controlarse y entre lágrimas musitó: Gracias Jesús…

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