¿EL MUNDO UNIDO POR EL FÚTBOL? POR: LUIS CHAY CHUIL

 

 

El pasado 13 de este mes, la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) aprobó otorgar la sede de la Copa del Mundo 2026 a México (que será anfitrión por tercera vez), Estados Unidos (segunda) y Canadá (primera).

Con su participación en esa justa mundialista, México se convertirá en el único país en el que se disputará en tres ocasiones, las anteriores fueron en 1970 y 1986, pero su equipo representativo nunca ha llegado a cuartos de final en todas las ediciones en las que ha participado.

Con esto, lo que el comercio y la política desunen, aparentemente lo une el fútbol. El otorgamiento de la sede se da en plena negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y con el “presidente” de Estados Unidos aplicando aranceles a sus socios fronterizos.

La noticia llega en un delicadísimo momento de desencuentro entre Canadá y México con el país del norte, propiciado por el proteccionismo y el nativismo de quien “dirige” a esta nación.

Los mandatarios de Canadá, Justin Trudeau, y México han celebrado la obtención de la sede; el estadounidense, en su cuenta de twitter, se limitó a felicitar a los países vecinos y a decir que había sido resultado de un “gran trabajo” conjunto. El no mencionar el nombre de los dos “presidentes” es a propósito, una forma de desacuerdo con la forma de dirigir, sin rumbo ni idea, a su respectiva nación.

La propuesta de los tres países superó a la de Marruecos, después de la votación en la reunión en Moscú 134, contra 65. Aunque se niegue, lo que influyó en la FIFA fue que la candidatura conjunta de Canadá, México y Estados Unidos en el torneo generaría una ganancia de once mil millones de dólares, mientras que ese evento en el país africano dejaría beneficios sólo por cinco mil millones de billetes verdes.

En pocas palabras, “dinerito habla”. ¿Esta es la forma de unir al mundo por el fútbol? Otra “motivación” comercial del organismo rector del balompié es que será el primer mundial en el que participarán 48 selecciones, por lo que habrá más aficionados de otros países, que llegarán a consumir, hospedarse en los tres países, principalmente Estados Unidos, pues la mayoría de los partidos será allá.

De los ochenta partidos que constará el Mundial del 2026, diez se jugarán en México, diez en Canadá y los otros 60 en el vecino país. La final será en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.

El presidente de la Federación de Fútbol Soccer en Estados Unidos, Carlos Cordiero, dijo en su momento: “Gracias a todos por confiarnos el privilegio de organizar el Mundial de 2026. Hoy el único ganador es el fútbol”.

En el fondo diría que más bien agradece los once mil millones de dólares de ganancias que el espectáculo dejará en los tres países, principalmente en Estados Unidos. ¿Será que soy muy mal pensado?

Lo anterior no es malinchismo o secundar a un ex futbolista argentino que ha dicho que México no se merece el Mundial, ni los otros dos países sede. Habrá sido un jugador excepcional, pero demuestra una vez más con sus declaraciones que de la habilidad que tuvo con los pies en su tiempo no tiene nada en educación y sentido común; se diría que piensa con los pies.

Disculpas a quienes lo consideran incluso casi un dios, pero creo que no tiene ningún derecho y menos autoridad moral para juzgar quien sí o no tiene méritos para ser sede de un evento de la magnitud de un Mundial.

Si desde que era jugador no me simpatizaba por su arrogancia y mucho menos me parecía una maravilla como jugador, con sus recientes declaraciones me queda claro que lo inflaron mucho algunos medios… y no me refiero a toda la masa corporal que ahora se carga.

La gota que derramó el vaso fue la muestra de su bipolaridad en el partido de Argentina contra Nigeria, cuando de la desesperación y angustia explota en euforia hasta insultar y hacer señas obscenas con los dedos medios de las manos.

Alguien que supuestamente es embajador de la FIFA en el mundo me parece que deja mucho que pensar y ante eso lo menos que debe hacer ese organismo deportivo es repensar a quién designa como su representante en el ámbito deportivo. Lo menos es quitarle ese título, que en lugar de enaltecer demerita y deja entrever que su designación fue a la ligera.

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