LA OMNIPRESENCIA DE LA CORRUPCIÓN [Por: Raúl R. Dzul Paredes]

FOTO OFIC DE RAUL DZUL

Se le ha criticado a AMLO que la mayoría de los problemas los explique partiendo de la corrupción y, en consecuencia, proponga soluciones o fórmulas que contengan como sustancia activa la honestidad. Algunos de sus consuetudinarios detractores, que no necesariamente críticos, llegan a la exasperación parodiando que responde lo mismo en problemas de comercio exterior que los relacionados a la salud.

A lo descrito algunos le han sumado la evidente lentitud de López Obrador para disertar y poca aptitud para debatir, lo que según ellos los autoriza a presumir su “ignorancia” y por supuesto descalificarlo para presidir la conducción de nuestro país.

Sin embargo, llama la atención que al paralelo de la descalificación del famoso Peje para explicar con habilidad sus propuestas se le reconozca una gran maestría para conectar con la gente, lo que según sus mismos detractores se explica por su mensaje populista, es decir sus propuestas de corte populista. Aquí hay algo interesante, pues a un mismo personaje se le adjudica maestría para comunicarse en cierto contexto e incapacidad manifiesta cuando se le ubica en otra condición. Justamente lo contrario de lo que le sucede a sus contrincantes del PRI y del PAN.

La escritora Soledad Loaeza lo explica en una frase “López Obrador ve lo que la mayoría de los mexicanos vemos”.

La pregunta intrigante es: ¿Será que Anaya y Mead estén incapacitados para ver lo que la mayoría de los mexicanos vemos? Pareciera que no o se han comportado a lo largo de seis meses de campaña como invidentes políticos. Para no adentrarnos a la discusión de que Mead no lo hizo por cobarde, por complicidad o lealtad a sus amigos y Anaya porque arrastraba una enorme cola que de cierto sabía que el gobierno conocía y no dudaría en reventárselo si venía al caso. Ahora cuando ya no tiene nada que perder se avienta a denunciar a Mead y a Peña Nieto sus implicaciones en el caso Odebrecht.

Es decir, resulta que efectivamente la corrupción tiene la virtud de la omnipresencia. Se encuentra en todos los órdenes e instancias del gobierno. Que cuando López Obrador explicaba la carencia de hospitales y medicinas, en el tercer debate, una buena parte de esto efectivamente se explicaba por efectos de la corrupción. En las licitaciones amañadas que inflaban los precios tanto de medicinas como los de construcción. Los derechohabientes que sufren cotidianamente estos servicios, ven lo mismo que López Obrador.

Otro tanto sucede en el sector de la educación en que se quiere centrar el debate en la calidad antes que en la cobertura, como si no existiera el problema de espacios. En este preciso momento pregúnteles a miles, ¿debo decir millones?, de buenos estudiantes que no pasaron el examen de admisión. Producto de la irresponsabilidad, otra cara de la corrupción, de las autoridades que decidieron abandonar la construcción de espacios educativos que respondieran a la demanda social de estos derechos.

¿Se podrá decir algo si hablamos del sector petrolero? ¿El agradecido Mead puede mirar la realidad en este terreno y al mismo tiempo justificar la insultante propiedad de 6.6 millones de dólares de Romero Deschamps?

En mi opinión, tampoco creo que todos los problemas se puedan explicar partiendo de la corrupción, pero cuando se correlacionan con el presupuesto, es decir a la hora de etiquetarles un presupuesto, ¿habrá alguna dependencia libre de este cáncer? Mucho me temo que no. He aquí la omnipresencia de la corrupción. Así lo vemos la mayoría de la sociedad. Los que no, pues no.

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