EL DIOS MALVADO [POR: RAFAEL HERNÁNDEZ ARENAS]

 

Era un fanático antirreligioso. Desde muy joven se enfrascaba en debates acalorados acerca de la existencia de Dios, se sentía con los argumentos suficientes para convertir a cualquiera al ateísmo; sin embargo, nunca consiguió hacerlo.

Con el tiempo dejó de tocar el tema. Para él, no tenía ya ninguna importancia. La gente creería lo que le pareciera mejor. Además de que cosas más importantes ocupaban su tiempo.

Un día su vida se vendría abajo. Todo lo que amaba lo perdería en un accidente de avión. Él pasaría años sumergido entre la depresión y las drogas. Buscaba escapar de su realidad y sobre todo salir de ese laberinto de soledad en el que se había convertido su mente.

Estando bajo los efectos del LSD, se veía traspolado a otra realidad. En ella, se daba cuenta que sólo había imaginado a sus hijos y a su esposa. Eso le daba horas de libertad, el dolor que lo perseguía día y noche le daba una tregua, al menos por unas cuantas horas.

El avión despegó a tiempo, el recordaría una despedida repleta de besos y abrazos. Cuando llegó a su casa encendió el televisor y se echó a descansar. Se sabía dueño y señor de la casa, al menos por un breve tiempo. Por ratos dormitaba y ajustaba canales sin buscar nada específico. Fue en ese momento que recibió una llamada, era personal de la aerolínea, le informaban que había habido problemas con el avión en donde viajaba su familia.

Aunque pidió más detalles, el empleado le rogó que regresara al aeropuerto para una mejor explicación. Perturbado y con terror a flor de piel voló de regreso. En cuanto llegó lo comprendió todo, en todas las pantallas había escenas del avión que se había estrellado, no muy lejos de la pista de despegue.

Quedó paralizado de pies a cabeza. Un reportero explicaba los detalles técnicos del accidente. A su espalda, los bomberos apagaban los restos en llamas del avión. Nunca más trabajaría, los abogados le consiguieron mucho dinero, como indemnización por lo sucedido.

Pasaron muchos años, muy dentro de sí, albergaba la posibilidad de que todo hubiera sido en efecto un sueño o una alucinación, pero día a día la esperanza iba disminuyendo.

Pensó que había sido suficiente, ya no tenía nada que hacer en este miserable mundo y tomó la decisión de que en cuanto tuviera un arma en sus manos se pegaría un tiro en la cabeza.

La idea fue como un bálsamo, despertó tranquilo y por primera vez sin el uso de drogas, no sentía ningún dolor o angustia. Recordó que en el barrio Sur había un hombre llamado Ezequiel, era un tipo que traficaba con cualquier cosa.

El barrio Sur era una combinación abstracta de cosas que pretendían ser casas. Había desde techos de madera que goteaban incesantemente en temporada de lluvias, hasta escaleras de diferentes estilos que se unían para llegar a un segundo, piso que no era más que un auto cortado en dos y que servía de dormitorio. Anduvo preguntando por Ezequiel, y nadie le decía dónde encontrarlo.

Fueron unos chiquillos que jugaban a la pelota los que le dijeron dónde podría encontrarlo.

Dobló en una calle sin salida, había seguido las indicaciones que le habían dado. Caminaba sin miedo y al adentrarse en la calle vio a un grupo de hombres recargados en un carro muy viejo, podría tratarse de un Ford.

Uno de ellos comenzó a caminar a su encuentro, llevaba puesta una chamarra de piel de color negro. Su mano derecha permanecía oculta en uno de sus bolsillos.

–¿Qué buscas aquí?

–Necesito un arma, sé que Ezequiel puede ayudarme.

El hombre lo contempló un momento en silencio. Le señaló con la mano que esperara ahí. Volvió al encuentro del grupo que le miraba con curiosidad. Ezequiel escuchó la explicación y sin dudarlo un segundo se encaminó hacia aquel extraño visitante que pedía un arma. Nadie más del grupo lo acompañó, sabía cómo demostrar confianza. Al igual que el otro sujeto, las primeras palabras de Ezequiel no llevaban ninguna amabilidad.

–¿Por qué diablos ha venido usted solo aquí?

–Sólo vengo a buscar el arma de la que le hablé a aquel sujeto.

Sus palabras se escuchaban claras. Ezequiel pensó que este hombre estaba loco o estaba ahí porque su vida había dejado de importarle.

En su mano llevaba una pistola, que sólo hasta ahora que le apuntaba se podía ver.

–Esta pistola es muy cara, y francamente no creo que usted tenga con qué pagarla.

–En mi cartera está el dinero, puede tomarlo todo.

Se dio vuelta y alzó los brazos. Con cautela, Ezequiel se acercó y la tomó. Estaba llena de dinero, más de lo que podía valer ese revólver usado. Descargó el arma, y dejó una bala.

–Creo que sólo necesitará una.

Le extendió el arma y se marchó con todo el dinero y la cartera.

Ahora ya tenía lo que había venido a buscar, se alejó y en poco tiempo se encontró en uno de los basureros de la ciudad, la puesta del sol había comenzado. No tenía por qué alargar más su estancia en este mundo, se fue a tumbar en un lugar en donde nadie pudiera encontrar su cuerpo, toda huella de su existencia tenía que ser borrada.

Se tumbó donde pudo, respiro con calma y saco el revólver. Se aseguró de que la única bala estuviera en posición correcta. Metió la pistola en su boca, y puso el dedo en el gatillo, poco a poco fue poniendo presión en él. El percutor comenzó a moverse y en cualquier momento aquella bala apadrinada por Ezequiel, esparciría sus sesos y lo arrancaría de tajo de su miseria.

El pequeño golpe lo sorprendió, no había sido una bala lo que sintió, era una pequeña mano que salía de un bulto. Bajó el arma y se asomó al interior de lo que parecía una manta. Una hermosa niña lo miraba justo a los ojos. Sin pensarlo un segundo, la tomo en sus brazos y salió de aquella inmundicia. En el umbral de la muerte esta pequeña le había encontrado, y le había salvado la vida.

Aquella niña sería su hija, le daría el nombre de su esposa. Con ella a su lado, la vida tuvo sentido una vez más. Pasaría el resto de sus días procurándola y cuidándola con exageración. No tenía ninguna intención de perder a su familia una vez más.

Años después en su lecho de muerte, su hija y sus nietos estarían a su lado. Había sido un hombre amado y todo aquel dolor que padeció fue curado por una hija que no era de su sangre.

La muerte se aproximó muy lentamente, era como un velo de seda que se fue posando encima de su cuerpo hasta extraer por completo su alma.

Abrió los ojos sin mucho esfuerzo, se sentía ligero y saludable, estaba en una cama redonda y era tan grande que fácilmente podría albergar a toda una multitud, las sabanas se sentían lisas y despedían un olor agradable. El cuarto eran inmenso y estaba hecho de vidrio, lo curioso era que parecía de una sola pieza, al menos tendría cien metros de largo. No existían piezas de vidrio así.

La confusión por su pasado con las drogas le hacía pensar que este podría ser un episodio más, sin embargo, esta alucinación tenía características muy nítidas, era continua, no había lapsos sin explicación y definitivamente se sentía real.

Pasó un largo rato contemplando este mundo, ningún lugar en la tierra era ni remotamente parecido. Su asombro fue aún mayor cuando vio en el cielo lo que se pudiera considerar como el sol, pero se le podía ver directamente y era por lo menos tres veces más grande que el sol de la tierra. Alrededor de este astro, diez pequeños satélites parecían orbitarle. Era un pequeño sistema solar a simple vista.

Un hombre, completamente desnudo, estaba de pie mirando las gigantescas olas que rompían y se desbarataban hasta sólo convertirse en riachuelos que sutilmente rozaban la punta de sus pies. Tenía un cuerpo perfecto, no había escultura que pudiera compararse a la simetría de su anatomía. Cada rasgo y cada línea eran perfectos.

Aquella extraña figura le miraba fijamente, le sonrió invitándolo a acercarse. Era tan cautivadora su presencia que hubiera sido imposible no aceptar aquella invitación. A cada paso que daba veía cómo este hombre se hacía más y más perfecto. Sus ojos eran grandes y negros, estaban en perfecta armonía con sus cejas y pestañas. No había nada absolutamente fuera de lugar. La altura y la corpulencia de este hombre eran intimidantes, estar parado de frente a él lo hacía sentir completamente desprotegido.

–Soy Dios y sólo hace uno momento has muerto. Estás aquí porque yo así lo decidí, veo que te divierte lo que digo –y es que debido a lo que él creía, le parecía una ironía estar ahora mismo hablando con Dios.

Toda su vida se manifestó a través de la ciencia, y mientras vivió, la ciencia nunca dijo que hubiera un Dios. Las primeras palabras de Dios le quitaron toda duda de que esto fuera una alucinación.

Inmediatamente creyó en sus palabras. Hablo con miedo y titubeante.

–Toda mi vida… pensé que la existencia de un Dios, de ti… era imposible, hay tantas cosas que se pudieron hacer mejor y… ¿Por qué si existes, nunca lo supimos de forma clara?

Dios lo miraba como se ve a un hijo pequeño que no entiende las cosas más básicas.

–El Dios del cual te han hablado y del cual se han creado tan grandes expectativas, está muy lejos de ser verdad. Ustedes prácticamente inventaron a su Dios a imagen y semejanza. Fueron adaptándolo a sus necesidades como una manera de resolver sus problemas entre el bien y el mal. Tenían que justificar sus actos de barbarie de alguna forma. Hombres más inteligentes, como tú, por ejemplo, se dieron cuenta de que un Dios así, tan maleable, no era posible, lo que sí era posible era controlar y subyugar a las masas con el temor.

“La idea del cielo y el infierno fue muy creativa, en los inicios de tu civilización era entendible que creyeran eso, lo sorprendente fue que humanos evolucionados aún crean en ese cuento”.

Dios echó a andar y como un perro obediente el hombre le imitó. Iban en silencio, se sentía intimidado, todas las preguntas se perdían una tras de otra. Finalmente se aventuró a preguntar:

–¿Tiene un nombre este lugar? ¿En dónde estamos?

–Estamos muy cerca del centro de lo que ustedes llaman la vía láctea, las lunas que bañan de luz a este planeta, son alimentadas por una estrella mil veces más grande que el sol que da vida al tuyo. Esa es la combinación exacta para la evolución de la vida.

“Este planeta es por naturaleza perfecto. Ustedes nunca podrán llegar aquí por sus propios medios. Y qué caso tendría, los hice destructivos. Son una especie condenada al fracaso, aunque dejé la posibilidad de que lograran sobrevivir. Se encuentran en un momento decisivo de su supervivencia. Tienen el conocimiento suficiente para conservar a salvo su hogar, sin embargo, sus debates morales, políticos y religiosos, están lejos de tener alguna solución”.

Había demasiadas preguntas por hacer. Dios lo miró de reojo, sabía perfectamente qué estaba pensando y qué estaba sintiendo.

–Ten un poco de calma, disfruta de esta bella y eterna noche. Llegaron hasta unos cuadros negros, parecían hechos de madera. Flotaban a unos centímetros de la arena. Dios le dijo al hombre que se parara justo en el centro de uno de los cuadros, inmediatamente comenzó a flotar, los cuadros negros compartían su anti-gravedad con cualquier materia que estuviera en su campo magnético.

Dios se colocó también en uno de los cuadros y dijo:

–No tuve inicio y no tendré fin, soy toda la energía que existe y decir que el universo es parte de mi creación, sería un error, yo soy el universo mismo, nada me rige y me controla. Decidí poner vida en muchos planetas, todas las galaxias están rebosantes de ella. Dejé que las cosas fluyeran por sí solas, dando detalles a factores evolutivos con el fin de variar a las especies.

“Para las civilizaciones más avanzadas la vida ha sido mucho más placentera. Su tecnología los ha hecho entender el comportamiento del universo, han podido colonizar otros planetas y hacer que su especie asegure la supervivencia.

“Carecen completamente de remordimientos, sus actos son nobles y no poseen instintos agresivos. La violencia es desconocida para ellos, están viviendo una utopía. Ellos jamás pensaron que un Dios los había puesto ahí, imagina su sorpresa cuando hablan conmigo, luego de vivir cientos de años, llenos de comodidades y placeres obtenidos del fruto de su sabiduría.

“Otros viven entregados al sexo, no les importan los lazos familiares, para ustedes sería el lugar más depravado, y sin embargo, no existen los asesinatos, sólo los enfrentamientos ocasionales por cierta pareja. El sexo es el principal objetivo, todos lo practican, desde muy pequeños son capaces de aprender los misterios de su sexualidad, nada está prohibido.

“Por otro lado, hay especies que sólo avanzaron hasta lo que ustedes llamarían la edad media. Les tomó siglos llegar ahí, ese fue su tope como civilización. Su apetito por la violencia no sé agota.

“Ustedes han sido muy divertidos, tan inteligentes y tan agresivos, eso los ha hecho depravados, matando, violando y exterminando a todo aquel que se les resistiera. Le han dado de beber a esa sed de destrucción que no conoce límites. Tienen la misma inteligencia que las especies más avanzadas, pero dejé en ustedes el libre albedrío. Eso ha hecho que sus decisiones sean difíciles, un debate constante entre el bien y el mal, entre el día y la noche. Han librado mil batallas y librarán mil más.

“Son amorosos y compasivos, soñadores. Capaces de desarrollar miles de formas de arte, entregan su vida por otros seres humanos, basados en códigos de lealtad y amistad, que les encanta romper.

“Los humanos han sido grandes observadores, descubrieron el cosmos mucho antes que otras civilizaciones. Para su desgracia también descubrieron su inseguridad, y para sentirse protegidos, me inventaron a mí. Amoroso y generoso. Esa simple decisión los ha mantenido alejados de los mejores en el universo.

“La historia más famosa afirma que envié a mi propio hijo a salvarlos de sus pecados. Nunca en la tierra he hablado con ningún humano, nunca envié un hijo y la realidad acerca de mí es muy diferente a lo que han imaginado. A ese que se hizo pasar como hijo mío, le queda una eternidad de sufrimientos. Pensé que, al ser un mártir, le agradaría le idea de seguir así por siempre, el nivel de sufrimiento que él está experimentando es único”.

–¿Por qué a mí? ¿Qué hay de especial en mí?

Dios dejó escapar una pequeña sonrisa.

–No hay nada especial en ti insolente. Te elegí porque me entretiene contarles a algunos seres la verdad de los que les espera. Tienen el privilegio de conocerme y de saber la verdad absoluta, podrías decir que es la parte bondadosa que vive en mí.

–El hombre estaba molesto, sintió un odio repentino por su Dios.

–Estamos en manos de un malvado, que nos odia y que se divierte con nosotros, un Dios solitario, que necesita crear para entretenerse, porque su grandeza no le es suficiente.

–Tus razonamientos no me afectan en lo más mínimo. No lástimas nada en mí y mucho menos harás que las cosas cambien con tu infantil sermón.

Su voz se hizo más grave e intensa.

–Soy él que te juzgará, a vivos y muertos por igual.

Una sonrisa macabra adornaba el hermoso rostro de Dios.

Y Dios le dijo al hombre:

–Ustedes los humanos tienen un destino diferente, han buscado por siempre la recompensa en la siguiente vida, han creado un mundo imaginario que les espera para hacerlos descansar y disfrutar eternamente. No es así, están aquí para sufrir eternamente. Escúchame bien, no encontrarás paz, ni descanso, errarás por bastos desiertos y sentirás la agonía del sediento. Tendrás las fuerzas para seguir y seguir, el miedo al olvido por las personas que amaste será tu compañero, en verdad te digo que aquí permanecerás por siempre.

El misterio de todo era develado finalmente. Dios, sin que aquel hombre lo notara, había partido. Las hermosas arenas eran ahora dunas de arena rojiza y dura, el peso de su cuerpo volvió y el deseo por andar comenzó, vio un sol enorme subir en el horizonte, ya no se preguntaba el porqué de nada, sólo el miedo a olvidar a su amada esposa e hijos le acompañaba…

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