LA CUEVA MALDITA [POR: YOXI]

FOTO OFICIAL 2 DE YOXI

 

Alex, Gran Maestro de la “Orden de la Llama Dorada”, organizó una expedición a una “cueva secreta” para invocar un demonio, que, en teoría, quedaría a su servicio, otorgándoles conocimiento, poder y riquezas inimaginables.

Convenció a dos de sus amigos y adeptos de la Orden: Conrad y Freddy, para unirse en la peligrosa pero prometedora misión. Viajaron desde California hasta Denver, Colorado, en ferrocarril y se dirigieron al Monte Evans. Buscaron la entrada de la cueva de acuerdo a un mapa, encontrado oculto en las pastas de un antiguo libro de magia ritual, propiedad de la Orden, al cual sólo Alex tenía acceso.

El libro detallaba el ritual, y el autor explicaba, entre otras cosas, que el “ente” que se localizaba en la cueva era uno de tantos seres caídos, cuya existencia niega la ciencia, pero que a través de siglos de prácticas mágicas, muchos sabios, incluyendo el Rey Salomón, los habían invocado y dominado, pues conocían sus debilidades y la forma de ponerlos a su servicio.

Después del largo viaje en tren llegaron al sitio, bajaron y siguieron a pie el resto del camino llevando su equipo a cuestas en sus mochilas. Caminaron por una ladera poco frecuentada de la montaña para no ser notados.

Al llegar al sitio, ya atardecía, la boca de la cueva era casi imperceptible por la vegetación.

Ingresaron con cuidado y encontraron una primera galería, donde había vestigios de que el antiguo lugar fue usado para ritos religiosos. La cueva se extendía kilómetros adentro en diferentes direcciones por oscuros túneles infestados de murciélagos.

Prendieron una fogata cerca de la entrada y se prepararon para realizar el ritual; montaron un altar y pusieron velas negras, incienso, espejo, daga, copa y símbolos propios de la Orden.

Finalmente trazaron un círculo de sal, como protección alrededor de ellos. Así esperaron hasta la medianoche. Era viernes 13 de noviembre del año 1801. Iniciaron el ritual unos minutos antes, y justo las 12.00, cuando entonaban un salmodio negro invocando al ente, la tierra se estremeció, se oyeron extraños ruidos subterráneos, como algo que se resquebrajaba, y oyeron el murmullo como de mucha gente que se lamentaba y quejaba, proveniente del fondo de la cueva. Una corriente de aire frío salió del interior de los túneles, les circundó y casi apaga las velas.

Se sintió entonces un fuerte olor a azufre y una presencia opresiva llenó el ambiente. De pronto, una estalactita al fondo de la cueva se desprendió y cayó con mucho estruendo cerca de ellos.

Freddy, uno de los tres expedicionarios, sin poderse contener, gritó asustado y salió corriendo del lugar, hubo un largo silencio, Alex y Conrad se miraron; también tenían miedo pero se sobreponían. Alex a estas alturas tenía los ojos muy abiertos, y una expresión demente en la cara, parecía complacido con el resultado hasta este punto. Al ver la valentía de Conrad, le sonrió y dijo:

–Esto es sólo para las almas fuertes amigo. ¿Continuamos?

–Adelante Alex –asintió Conrad.

Freddy, a cierta distancia afuera de la cueva, lloraba como un niño asustado y maldecía la hora en que aceptó seguir a Alex a ese espantoso lugar.

De pronto, proveniente del interior de la cueva, escuchó un grito desgarrador, seguido de guturales y macabras carcajadas que le helaron la sangre.

Saltó asustado y echó a correr como alma que lleva el viento; cayó varias veces, pero se levantó y siguió hasta que el cansancio lo detuvo. Paró asesando y sudando bajo un árbol. Fue entonces que se dio cuenta que no sabía dónde estaba, que sin mapa ni brújula y en la obscuridad de la noche, jamás encontraría el camino de regreso.

Temiendo algún depredador, pasó el resto de la noche subido a un árbol.

Al otro día, se cayó al bajar del árbol, se lastimó seriamente una pierna, se improvisó un vendaje y una muleta; Y sin atreverse a volver atrás, continuó alejándose de la maldita cueva, caminó así hasta casi desfallecer.

Ya era tarde y no había comido ni bebido, pero para su suerte encontró un arroyo, bebió agua hasta saciarse y se desplomó extenuado al lado del arroyo. Unos cazadores que pasaban por ahí lo encontraron en esa lamentable condición.

Les relató lo sucedido con sus amigos -cambiando un poco el relato para que no lo creyeran loco, así, lo llevaron a la estación de policía.

Se organizó una expedición para buscar a sus compañeros, formada de policías y experimentados montañeses, conocedores del área. Sin demora, esa misma noche partieron al bosque.

La expedición ubicó la cueva casi al amanecer, entraron y quedaron estupefactos, la visión era dantesca: El cadáver de Conrad yacía en el piso. Tenía los ojos desorbitados y la boca abierta en un rictus de terror. Alex, perdida la razón, estaba oculto en un rincón de la cueva hecho un ovillo, temblaba de frío o de miedo, su pelo se había vuelto totalmente blanco.

 

FIN

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