DISTRACCIÓN, CASUALIDAD, SERENDIPIA O SIMPLEMENTE BUENA SUERTE [ POR: VANESSA PADMIR*]

 

FOTO OFIC DE VANESSA

Cuando los seres humanos nos despojamos de esa terrible tendencia a querer controlar lo incontrolable, la vida misteriosa y mágica se torna presente, al dictar sus designios dejando muy en claro dos cosas: una, que ella es la única poseedora del control; y dos, que le gusta consentirnos con sorpresas.

Justo así inicia esta historia, se le puede llamar distracción, casualidad, serendipia o simplemente buena suerte, la verdad es que su nombre real es fe.

Ella era un alma libre, respiraba su ritmo, clamaba su espacio, mostraba su locura y soñaba sus secretos. No era muy joven ni muy vieja, para ella la edad era un número insignificante, se conformaba con cambiar de rol cada que se le antojaba, luego entonces, en momentos era niña, en otros puberta o una pasiva anciana, según la ocasión.

Él era un encanto, su inteligencia sobresaliente era un sofisticado atractivo para el sexo opuesto; su creatividad desbordada exponía la inquietud de sus ideas y todo envuelto en un traje de ángel protector de cuanta criaturita indefensa o aparentemente indefensa se cruzara por su camino.

Ni uno ni otro eran perfectos, por supuesto, pero tampoco pretendían serlo, ambos andaban por el mundo con singular despreocupación. Sabían de sobra sus defectos, mas no los ocultaban, por el contrario, expedían su soltura con un toque de valemadrismo, al final, les daba igual quién los juzgara o por qué.

Ella podía ser muy intensa, defendía sus argumentos a capa y espada, era imprudente y llegó tarde a la repartición de filtros, con frecuencia se expresaba sin mesura o consideración a los sentimientos ajenos.

Él, en cambio, era capaz de soportar cargas ingentes con tal de no herir a los demás, no importando quiénes sean; tan permisivo que le costaba decir que no o poner límites. En consecuencia solía ser blanco fácil de cualquier abusivo o confianzudo.

La vida los conocía bien, juguetona como es, los puso en jaque en muchas otras vidas: asesina y asesinado; víctima y verdugo; hermanos insufribles; conquistador y conquistada; judío y nazi; negro y blanca; macho y feminista, e incontables más… sus personalidades eran producto de muchas experiencias opuestas.

Unas ocasiones el intenso fue él y la permisiva fue ella; otras, ella era el encanto, mientras él un alma libre.

Lo que nadie pudo prever es que habiendo sido oponentes recalcitrantes, por primera vez, en esta vida, habría oportunidad para la única guerra que se juega diferente: el amor.

En las mentes diminutas de los hombres sólo cabe la posibilidad de un extremo de las cosas, o es norte o es sur, o es oscuro o es brillante o es bueno o es malo, mas la vida, que entiende al todo en sus polaridades, sabe que no hay más que uno. De tal suerte que nos engaña, nos hace la travesura de cambiarnos de lugar para que aprendamos a estar en los zapatos ajenos, mientras nosotros nos creemos esa polaridad momentánea para odiar al extremo opuesto.

El que hoy odias, en otro tiempo fue tu amado y el que hoy amas en otro tiempo fue tu odiado.

El y ella se buscaron en miles de conflictos, danzaron un baile de tantas vueltas, a veces frustrados murieron sin entender, otras lograron evolucionar un poquito más, pero hoy han llegado al clímax, a ese punto cúspide donde no queda más que volver a descender.

Él la ama profundamente, ella lo ama en misma medida, ninguno de los dos sabe los eternos caminos que han recorrido para encontrarse así, aquellos, los que fueron en otras vidas, inconscientes reprocharían desde sus egos este amor y por eso la vida les quita la memoria para que nuevos vuelvan a jugar desde el principio.

Esta historia jamás comenzó, tampoco sabemos si tiene final, de vez en cuando sus vidas pasadas afloran, cuando exaltados se besan con ansiedad, librando la mejor de las guerras. Una vez más, vuelven a ser enemigos que se enfrentan, desorbitados se entregan a otro tipo de calor, uno que ya no es enojo, se funden en uno y vuelven al remanso de serenidad, ese es el regalo magno: la inefable sensación de conocer la guerra, ansiar la paz y por fin lograrla.

Ellos no lo saben, quizás nunca se enterarán, pero inertes en esta inocencia son felices, ¿para qué buscar más? llámenle distracción, casualidad, serendipia o simplemente buena suerte, la verdad es que su nombre real es fe.

 

*Coach en Desarrollo Humano

Coaching, blog, cápsulas, radio, medios

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