JUSTICIA EN MAYAPÁN

 

FOTO OFICIAL 2 DE YOXI

¡Antigua ciudad de Mayapán, mis ojos no contemplaron tus alcázares soberbios, residencia de los señores absolutos de esta tierra! ¡Capital del antiguo Imperio de los Mayas! (1).

Según una leyenda, en tiempos del gobernador Xocbitún, tuvo lugar un hecho sin precedentes durante la fiesta del mes de Tzotz (2), consagrada a los dioses de la caza: Acanúm, Zuhuy Zipi y Tabai: un mancebo disfrazado de baldzam, denunció un terrible crimen.

Yelmal era una hermosa doncella, vivía con su anciana madre viuda, y era muy feliz en Mayapán, pese a no tener muchos recursos. Su padre, un renombrado guerrero, había muerto en batalla en defensa de su rey. Todos los que la conocían le admiraban, pues unía a su belleza un tierno corazón, que le tendía la mano a los pobres y desvalidos.

Nolmail (3), un joven del pueblo, quedó prendado de tanta gracia y virtud. Una noche de luna llena, bajo la sombra de una vieja ceiba le declaró su amor.

–Quiéreme Yelmal y te haré mi esposa, trabajaré duro para darte una mejor vida y para que continúes favoreciendo a los pobres.

–Nolmail, yo te querré siempre si tu cariño es puro y verdadero, y si me prometes que si yo llegara a faltar, cuidarás de mi madre desvalida y enferma.

–No temas Yelmal, tu madre tendrá en mi un hijo más, y tú, un esclavo.

La brisa nocturna murmuraba amor entre las ramas del frondoso árbol.

Una noche a Yelmal se le presentó Xibalbá (4); llamó como un pobre mendigo a su puerta y le rogó que le diera albergue por esa noche que era lluviosa. La joven se negó al principio, pero tanto rogó el pordiosero contando sus miserias, que finalmente la joven, enternecida, le dejó entrar.

Una vez en el interior, el pretendido mendigo se imponía diciendo poseer un elíxir que podía curar a la madre enferma, a la cual sirvió una porción, luego persuadió a Yelmal también de probar un poco del precioso líquido. Ella lo probó y ambas cayeron profundamente dormidas.

Al despertar entendieron el engaño, el presunto mendigo había abusado de ella mientras dormía bajo el sopor de la pócima, y huido. Madre e hija se entristecieron y lloraron amargamente la ofensa.

Al día siguiente, desconsolada, relató a Nolmail el engaño y el abuso que sufriera, pero él noblemente le contestó:

–No me importa lo que haya pasado, mi amor por ti es el mismo de antes.

–Agradezco tu nobleza Nolmail, pero me siento indigna de ser tu esposa.

–Indigno es el autor de esta infamia, tú has sido sólo la víctima y a mis ojos siempre permanecerás pura.

Sin ponerse de acuerdo por los sentimientos que atravesaban el corazón de Yelmal, él le prometió volver para casarse.

Al cabo de unos días el joven regresó, y sorprendió al traidor huyendo de la casa de su amada. Halló a su prometida exhalando su último aliento, por haber apurado un veneno que el canalla con engaños le dio, mientras su madre, perdida la razón, daba grandes carcajadas por el suicidio de su hija.

Nolmail pudo identificar al infame, se trataba de un príncipe hermano del rey. Pensó delatarle, pero como éste era de una alta posición social, temió que poco valdrían sus acusaciones. Luego pensó matarlo, pero le protegía la guardia real, no sabía qué hacer.

Así que planeó disfrazarse de baldzam y mezclarse con ellos durante la fiesta de Tzotz, para denunciarle delante del pueblo. En la fiesta era permitido denunciar injusticias y aún burlarse de los sacerdotes, nobles y gobernantes, como parte del festejo, esta era su oportunidad.

En un local que consistía de una espaciosa enramada, construida en una calle pública, el día señalado la fiesta comenzó. Sonó la música, se encendieron los sahumerios y el baile de los cazadores comenzó el evento. Éstos portaban una flecha en la mano y un cráneo de venado en la otra; bailaban acompañados de estridente música y cantos dirigidos por el Hool pop (6). Cada danzante ostentaba dolorosas raspaduras y arañazos en el cuerpo y libaban balché.

Los nobles reunidos en un estrado principal presidían el evento junto con el rey y su corte. Vestían ricas capas bordadas de plumas y portaban figuras de águilas, serpientes y otros animales tatuados en la piel; lucían también zarcillos en las horadadas narices.

Las damas lucían sus mejores hipiles, bordados con bellas flores de brillantes colores y, en general, todo el pueblo se engalanaba con lo mejor de su indumentaria para la fiesta.

El Hool pop tenía a su cargo los músicos y fungía también como maestro de ceremonias dirigiendo el evento.

Como era costumbre, al baile de los cazadores debían preceder otros bailes, cantos, actos teatrales, recitaciones, etc. y al final entrarían los baldzanes (5), que amenizarían el evento con sus desplantes, donaires y chistes; en los que se les permitía remedar a los sacerdotes y dirigir ciertas bromas “cilitz miatz” o inspiración santa, hacia los nobles, que debían soportarlas pacientemente.

Al final se solía aprovechar esta libertad para lanzar inculpaciones y aun denunciar crímenes, resultando terrible esta parte para los infractores de las leyes. Esta era la oportunidad que Nolmail buscaba para que se hiciera justicia a su amada Yelmal.

La fiesta continuó con su alegría hasta el final en que llegó el turno a los baldzanes, se armó un tablado en el centro para que todos pudieran ver y oír lo que sería representado.

Saltaron los baldzanes con sus caretas negras de madera, y sus capas con plumas negras y se formaron en línea hasta seis. El señor Hool pop, con voz cavernosa, fingiendo el estremecimiento de la inspiración divina se dirigió a todos:

“Aquí veo en el santo miatz que entre los baldzanes sobra uno, que no es posible conocerle porque todos llevamos el rostro cubierto, pero que sea quien sea, debe ser el primero en hablar, pues es menester que quien obligado por la necesidad, tiene algo importante que comunicar al pueblo hable, ya que para eso es que ocupa un lugar en el tablado”.

Se hizo un silencio y con gran voz el Hool pop se dirigió al infiltrado baldzam.

Quienquiera que tú seas que ha tomado un lugar entre los baldzanes de Mayapán, puedes referir al pueblo tus cuitas

El penúltimo dio unos pasos al frente, alzó la voz y dijo:

¡Pueblo de Mayapán!, vengo a contarte una historia triste. ¡Escúchala y advierte cómo se cumplen tus leyes!

La gente se arremolinó para escuchar.

–La liviandad ha sido siempre un crimen, y la seducción de una joven se ha castigado con la muerte; pero esto acontece con el pueblo, los grandes del reino pueden divertirse sin temer las leyes. ¿O es que pueden abusar de la inocencia impunemente y menospreciar los derechos del desvalido?

–¡Calla baldzam! –gritó el Hool pop– estás faltando a la verdad y ofendiendo a la justicia; en Mayapán rigen las leyes con igualdad.

–¿Con igualdad? –replicó el baldzam– Verás que no, noble Hool pop y lo verá también el pueblo que me escucha.

Luego, dando un gran suspiro y poniéndose la mano en el corazón, con voz trémula y sentida habló.

Relató su historia con Yamal y la infamia que había sufrido a manos de un hombre de la realeza disfrazado de mendigo, y de cómo él le vio huir de la casa de Yamal el día de su muerte. Luego, quitándose la careta continuó.

–Yo soy, noble Hool pop, el prometido de Yelmal, muerta por causa de un crimen que no se ha castigado, por tratarse de un noble de sangre real quien lo ha cometido.

–¡Calla baldzam! –gritó el Hool pop– muéstranos al traidor y verás si no hay justicia en Mayapán, y si el rey Xochitún no hiere por igual al pobre y al poderoso.

El baldzam paseó la vista sobre la multitud y dijo:

–Ha huido… Pero buscadle en el palacio real y allí le encontrareis

–¡Zamná nos asista! –exclamó el Hool pop– ¡Calumnia! ¡Traición! la familia real es incapaz de tan monstruoso crimen.

–¿Incapaz? –increpó el baldzam– pues bien, traed al príncipe Ozil, y si su voz y confusión no lo denuncian y os persuaden de su crimen, entonces yo, Nolmail, pechero de Mayapán, le diré al príncipe: ¡Vos sois el infame que traiciono a Yemal! Y si el poder le ampara, y si el rey lo protege, y si la ley es letra muerta y no hay justicia contra él. Aún queda del veneno que mató a Yemal, él me librará de presenciar la impunidad.

El rey, al conocer el hecho, mandó traer al príncipe Ozil y administró la justicia, aunque era su hermano, ordenó su ejecución y fue flechado en la plaza pública de Mayapán.

Nolmail cumplió su promesa, a la sombra de la ceiba administró cuidados filiales a la madre loca de Yelmal, hasta su fallecimiento.

Y en las noches de luna llena, Nolmail llevaba siempre flores de kanddirix y nictech chom a la tumba de su amada, mientras el viento a través de las ramas cantaba, amor, amor, amor.

FIN

 

Notas:

Manuel Rejón García. Supersticiones y Leyendas Mayas; La Revista de Mérida, 1905

El mes de Tzotz -del 25 de agosto al 13 de septiembre

Nolmail -Terquedad

Xibalbá -Demonio

Baldzanes -Graciosos

Hool pop -Cantor principal

 

Adaptación a cuento de una antigua leyenda maya.

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