MALAS COMPAÑIAS

 

FOTO OFICIAL 2 DE YOXI

Por: (Yoxi)

 

Hugo dormía la mona en el asiento trasero de un auto estacionado en la calle. Estaba totalmente intoxicado de alcohol; la fiesta había terminado, y no conformes, él y sus amigos compraron otro “pomo” para seguir chupando en la calle. Finalmente, empujados por el frío, se metieron al auto de un vecino, que encontraron abierto.

Se siente mal, está teniendo una pesadilla: dos hombres pelean, uno más fuerte golpea a otro débil inmisericordemente, él oye los golpes; el, débil suplica llorando:

–Ya no me pegues carnalito, perdóname, no lo vuelvo a hacer.

–¿Perdóname? ¿Ya no me pegues? ¡Hijo de la chingada, me estabas ahorcando, casi me matas!

Apesta a sangre y alcohol, el sopor es insoportable. Hugo despierta asqueado y ve que no es una pesadilla. En el asiento delantero está teniendo lugar una golpiza…

¡Pum! ¡pum! siguen los golpes, el “Pelos” ofendido está pateando al “Meme” en el rostro. Hugo reacciona:

–¡¿Qué les pasa cabrones?! ¡¿Cuál es su pedo?! ¡Ya párenle!

–¡Ni madres, este hijo de la chingada me las paga!

–¡Para ya, te digo! ¡Te vas a meter en un pedo!

El “Pelos” para de golpear al pobre infeliz del “Meme” y contesta:

–Este cabrón empezó, estaba dormido y me despertó. Me estaba ahorcando, no me soltaba, me iba a matar, por eso le estoy partiendo su madre.

–¡No mamen, estábamos chupando tranquilos!

–Perdóname carnalito, yo estaba bien dormido también, estaba soñando algo raro. Cuando desperté, sin querer estaba encima del “Pelos”, pero yo no le quería hacer daño, somos cuates, ¿o no? Yo creo que fue el chamuco, no era yo.

–¿Ya ven cabrones? Se ponen hasta sus nalguitas y pierden gacho.

–Sí carnales, ahí muere ya. Perdóneme, total ya me madreaste carnal, estamos a mano.

“Meme”, así golpeado le ofrece la mano al “Pelos”. Éste se la estrecha y dice:

–Sí, mejor ahí muere, mejor vamos a echarnos un trago.

–Sí, el de la reconciliación, para que me vaya en paz mis carnales.

Se sirven un trago de tequila de a medio vaso de plástico por piocha. Brindan, se lo toman de golpe, se abrazan y ríen. El “Meme” les habla:

–Gracias carnalitos, estuvo chida la fiesta pero ya me voy a mi casa, es tarde y mi vieja me espera.

–Tranquilo “Meme”, no te puedes ir ahora, es de madrugada, todavía no pasan camiones. Además estás todo madreado, te tenemos que llevar a algún lugar para que te laves y te curen.

–No hay pedo carnales, no se preocupen, yo me voy caminando, ando bien.

–A ver a ver, ubícate. Estamos en Tultitlán y tú vives hasta Xochimilco. ¡Vas a llegar pasado mañana! ¿Cómo crees?

“Meme” empieza a alejarse, en eso interviene el “Pelos” que lo detiene y le dice:

–No hay pedo carnal, yo te madreé, yo te voy a llevar a tu casa.

–Cómo crees. No tenemos carro para llevarlo y el del vecino… no creo que nos preste las llaves y menos como andamos.

–No hay fijón, súbanse al coche y ahora verán.

Se suben, el “Pelos” al volante, mete la mano bajo el tablero, jala unos cables y los conecta, el coche arranca.

–¿Ya ven qué fácil?

–¡Pérate, pérate! ¿Qué te pasa?

–Tranquilo, sólo vamos a dejarlo a su casa y regresamos de volada. Nadie se va a dar cuenta…

Salen del pueblo a toda velocidad y agarran el Periférico enfilados hacia Xochimilco. El camino está prácticamente vacío. Es largo y se empiezan a medio dormir por la desvelada, pero finalmente llegan a su destino. Está amaneciendo, tocan a la puerta de una humilde vivienda, se prende una luz y abre la puerta una mujer. Ve como viene el “Meme” y lo regaña. Enojada se voltea con los acompañantes.

–¡Miren nomás cómo me lo traen! ¿Qué clase de amigos son estos? ¡Lárguense ya o voy a llamar a la policía!

–Mmmta, pinche vieja…

–Cállate güey vámonos…

“Hugo” y el “Pelos” se retiran. La mujer cierra la puerta de un portazo, se oyen gritos en el interior. Salen volados rumbo a Tultitlán, el domingo ya está bien amanecido.

–¿Y viste güey? Tú y tus pinches ideotas.

–No hay pedo, pobre cabrón, no lo íbamos a dejar así, ya cumplimos. Aunque creo que la gasolina no nos va a alcanzar, no funciona el medidor, pero creo que sí llegamos…

–¿Creo? ¡Ponle algo güey, cincuenta varos o algo!

–No traigo lana mi carnal…

–¿No traes dinero? Después que le pegas al pobre cabrón, te robas el coche, armas todo este desmadre, me metes en tus pedos ¿y ahora resulta que no traes dinero? ¡Ya ni chingas! Nomás falta que se nos acabe la gasolina.

–Yo no armé solo el desmadre, tú también estabas conmigo.

–¡Ya cállate y vámonos!

El “Pelos” maneja como endiablado, va pasándose los altos confiado en el poco tráfico dominguero. Cuando de repente de una bocacalle les sale otro carro de improviso. Todo pasa como en cámara lenta, el “Pelos” abre los ojos como platos, se para en el freno, el coche patina, el otro coche pasa lentamente frente a ellos pero no lo alcanzan a librar y lo golpean en la punta de atrás, hace un trompo mientras ellos chillando llantas hacen un medio trompo y finalmente ambos autos se detienen. Todos están aturdidos por el impacto.

El “Pelos” reacciona, saca los cables y arranca el coche nuevamente para darse a la fuga, acelera a fondo y sale chirriando llantas.

Del otro vehículo, un hombre joven que acompañaba al hombre mayor que conducía, unos segundos antes sospecha la acción, reacciona, abre la portezuela y corre como gamo para alcanzarlos; se prende como araña de la ventana trasera que estaba abierta y sin saber ellos cómo, en un momento ya estaba metido dentro del coche en el asiento trasero, trae un fierro y blandiéndolo le ordena al “Pelos” que se detenga. Este, al ver la acción se rinde y se para.

Se bajan discutiendo y van a ver el golpe del otro auto. Hugo espera, oye la discusión de quién paga a la distancia.

El “Pelos” se defiende pero el joven le dice que ya vio que el carro es robado, que si no quiere pagarles el golpe llama a la policía. Persuadido así y para salir del paso, el “Pelos” regresa fingiéndose calmado con Hugo y le dice:

–Quieren mil quinientos pesos carnal, no está mal, págales y ya nos vamos.

–¿Págales y ya nos vamos? ¿Cómo crees? ¡Eso es casi toda mi quincena!

–Sí, pero ya vio que el carro es robado, y si no les damos la lana llaman a la policía y vale madre. ¿Okey?

–El Hugo saca la cartera a regañadientes y da el dinero al “Pelos”.

El “Pelos” les paga a los parroquianos y sale de nuevo destapado rumbo a Tultitlán. Ahora con un farol apagado y una salpicadera hecha chicharrón.

Llegan a la colonia y como pueblo chico es un infierno grande, les espera el escándalo.

Todo el mundo al parecer ya sabe que se robaron el auto del vecino. Se dirigen a la cuadra a devolverlo; alguien le avisó al vecino que aparecieron los ladrones. Éste, enfurecido, ya les espera.

Al ver que traen el auto de regreso se tranquiliza un poco, lo revisa, ve el golpe, mueve la cabeza y los amenaza:

–¡Van a pagar por esto! ¡Les juro que van a pagar!

–Sí don Fabio, discúlpenos, fue una emergencia, un amigo estaba enfermo y…

–¡Silencio! ¡Emergencia mis polainas!… ¡Par de vagos, fuera de aquí!

Hugo y el “Pelos” se retiran con la cola entre las patas. Llegan a la esquina sin hablar y se despiden. Este último nunca mencionó cómo le iba a pagar su compañero su parte del dinero perdido, ni Hugo se atrevió a mencionarlo, así se fue a su casa.

Al llegar le esperaba su madre asustada por los rumores de que se había robado un coche. Le recibió con un tango de gritos, reproches y lamentos que hicieron palidecer a Gardel y le hicieron sentir chinche.

Él se defendió argumentando que no había sido su culpa, que fue una emergencia y bla, bla, bla.

El clímax llegó cuando su madre le pidió el dinero del gasto para la comida y Hugo le respondió que lo había perdido. Ella lo miró primero con ira y luego con tristeza, dio la media vuelta y se fue llorando a su cuarto.

Él, por su parte, también se encerró en su cuarto a pensar cómo iba afrontar la quincena sin dinero. Robar, ni pensarlo. Así que decidió que descansaría un poco y saldría más tarde a buscar a quién pedirle prestado.

Sentía asco de la sangre, de sus amigos, de la vida y de sí mismo.

FIN

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