CAMINAR SOBRE LAS HUELLAS

 

 

Por Luis Chay Chuil

 

Más de 35 años tuvieron que pasar para que volviera a mi pueblo a “desintoxicarme” y repensar algunas cosas que el ajetreo y ritmo de vida en la ciudad y algunas cuestiones personales no resueltas del todo me traían un tanto apesadumbrado.

Algo así como un empezar desde donde surgieron algunos sueños y revitalizarme de la riqueza natural y la inmensidad del mar. Me he reencontrado un poco conmigo mismo. Volví a valorar la riqueza de la naturaleza. Disfruté el sol, el amanecer y el atardecer.

Mejoré un poco mi ritmo de sueño. Por las noches redescubrí la luna y las constelaciones. Descubrí la infinidad y las múltiples formas de las nubes que adornan el cielo, los colores verdes y marrones que cubren la tierra, los beneficios de la lluvia cuando cae en su justo momento.

Hubo contacto mayor con las plantas y los animales; por las mañanas desperté y desayuné con el sonido de los pájaros. Observé el paso de un tallo hasta el nacimiento de una planta. Me hice la idea de caminar sobre mis huellas que dejé en el olvido hace algunos ayeres.

La lectura de los signos del cielo y del tiempo me hizo disfrutar de la tormenta, viento, llovizna, tradiciones y costumbres. Mi cuerpo agradeció sentir el frío en un descampado, el calor del fuego hecho con leña. Corretear entre y detrás de los animales de patio.

Retomé el cultivo, algo que hace revalorar la esperanza de que llegarán los frutos, que vale la pena sacrificarse. El campo todos los días hay que cuidarlo, hay que trabajarlo con ahínco a costa del deterioro de las manos y la espalda, de la piel que curte el sol. Hay que mirarlo de cerca y estudiar para conocer qué cosas nuevas pueden ser de utilidad.

Hay que estar pendiente de la siembra, el abono, sacar las malas hierbas, el riego, la siega o la recogida de los frutos con los que puede llevarse una alimentación más acorde con la ecología.

Al vivir en el campo en un instante puedes quedar admirado al ver cómo se mueve una bandada de pájaros que vuela antes de un chubasco o cómo atiende un pájaro a sus polluelos en el nido. Se ve orden, armonía, leyes, ritmos… se encuentra paz.

En el campo se toma conciencia de todo el ruido interior, comienza un proceso de desprendimiento de preocupaciones innecesarias, de nervios… se cae en la cuenta del paso del paso del tiempo. Cada día hay oportunidad de ver cómo nace el sol y se pone. Los procesos de las plantas y algunos animales.

Contemplar la grandeza de la naturaleza enseña a evaluarse uno mismo. Hay lecciones como las de las abejas o las hormigas. Se toma conciencia de uno mismo, cualidades y debilidades, las cosas que hay que retomar o mejorar. Purificar el oxígeno interior y emprende de nuevo el caminar con nuevas ilusiones y metas, como el primer día cuando surgieron los sueños.

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