SEGUNDO DEBATE: PEJE RELAJADO [Raúl R. Dzul Paredes]

foto Raul

 

Aunque el segundo debate presidencial fue bastante más entretenido respecto al primero, de mayor interacción entre los candidatos, si atendemos algunas encuestas que casi de inmediato se dieron a conocer, no hubo un claro ganador. La nota quizá fue el cambio de estrategia de López Obrador, que esta vez sí replicó los ataques que sus adversarios le enderezaron, lo que quizá pesó demasiado para los espectadores.

Si alguien esperaba un desempeño extraordinario de Mead o de Anaya, y por extraordinario entendemos algún evento que permitiera estimar un abono similar a su porcentaje de votos, pues no, no lo hubo. Si las cifras cambiaran después de este debate, no serían significativas.

Lo que a nuestro entender sigue igual es la utilidad de esta herramienta para contrastar proyectos si al mismo tiempo se utiliza para lanzarse descalificaciones entre los mismos.

De por sí los tiempos son muy cortos para tratar temas complejos y si encima se les resta valiosos minutos para tirar golpes, pues el producto final siempre quedará a deber.

Es curioso que tanto Mead Como Anaya presuman de su capacidad técnica, pero en lugar de asestar golpes limpios a AMLO deciden fajarse con él, cuando en este terreno tienen las de perder. No sabemos si cayeron en sus propios dichos de que estaban ante un candidato cansado, viejo y enfermo, que no tendría los reflejos para responder, pero lo cierto es que el ademán de Anaya de intimidarlo invadiendo su territorio, obtuvo por respuesta un gesto brutal, cuando con plena sonrisa del peje, éste abrazó su “carterita” para no perderla, lo que provocó la sonrisa  hasta de los moderadores. No dudo que lo mismo para millones de televidentes.

Incluso el ocurrente Bronco terminó por relajar al tabasqueño invitándolo a darle un abrazo a Mead y Anaya, lo que ni tardo ni perezoso y con una sonrisa socarrona les repitió la dosis al panista y su parte al neopriísta. Nadie sabe para quién trabaja.

Quizá por ello el viejito terminó con un buen discurso y lleno de vitalidad. Sigue bateando arriba de trecientos y si el Bronco y Anaya y Mead le siguen pasando puras rectas, pues les seguirá aporreando la pelota.

Si no les gustan los términos beisboleros y prefieren el box, no queda más que esperar el último raund, como dijera el bronco. Pero si están confiados en que pueden repetir la hazaña de Julio César Chávez, creemos que alguien les debe avisar que ellos no parecen pelear ni pegar como el gran campeón sonorense. El peje relajado.

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