VILA EN DUDA (Raúl R. Dzul Paredes]

FOTO OFIC DE RAUL DZUL

 

La acusación de Huacho a Vila respecto a que había beneficiado a una veintena de empresas fantasma con contratos millonarios puso sobre la mesa un asunto que, a decir verdad, si no fuera por las redes sociales diríamos que nunca se tocó o que carece de importancia.

En nuestra opinión contiene gran relevancia, no porque esperemos que la denuncia penal vaya resultar en sanciones ejemplares (de hecho concluirá como siempre, encarpetada), sino porque evidencia de manera didáctica la forma en que los grupos partidistas utilizan los recursos públicos para acceder y conservar el poder.

El método tradicional de utilizar los programas sociales carece de los alcances de antaño y la amenaza de quitarlas u otorgarlas, de tanto uso ya no funciona eficientemente como herramienta de control y cooptación. Lo que en automático lo elimina como elemento de una estructura partidista.

Desviar de manera directa recursos del presupuesto público deja demasiadas huellas y es tanto comprobable como sancionable.

En este marco la transparencia como antídoto de la corrupción en el otorgamiento de contratos públicos para satisfacer requerimientos de productos y servicios muestra su efectividad al evidenciar que  las empresas beneficiadas con los fallos por el Ayuntamiento de Mérida carecían de una serie de requisitos, que van desde domicilios fiscales falsos, carencia de trayectoria e historial bancario o financiero, hasta nula estructura administrativa y personal. Errores que se repiten tanto que no pueden catalogarse como excepciones, sino como un deliberado propósito de favorecerlos.

Si alguien ya pensó que tales requisitos y su carencia no son pruebas de corrupción, están en lo cierto, pudieran ser sólo prerrequisitos de una gestión de calidad y no necesariamente de legalidad. Por ello, no podemos esperar que Vila sea sancionado, pero sí nos da derecho a preguntarnos y contestarnos ¿Por qué? Y más aún sospechar que las utilidades de dichas empresas, toda o alguna parte, finalmente estén fondeando la campaña de Vila, que, dicho sea de paso, no parece sufrir mucho de ellos, a juzgar por la cantidad de promocionales estáticos y en medios electrónicos.

Que hayamos tomado el ejemplo de Vila sólo es por la actualidad de su demanda y como caso inmejorable para explicar a la sociedad la manera cómo obtienen fondos los partidos que en algún nivel fungen como gobierno.

Por ello tienen capacidad financiera para pagar una nómina extensa de sus estructuras electorales y de activismo. Los cientos de jóvenes reclutados para diversas actividades no provienen de fervor partidista, sino de un pago generoso y una promesa que de obtener el triunfo las prebendas concluirán en plazas, becas, etc., etc.

Por supuesto, esto explica igual que la división entre más partidos de las gubernaturas estatales deviene en una disminución de hecho en las estructuras de los partidos.

Por eso el candidato del frente panista-perredista, Anaya, se puso tan nervioso cuando el gobernador de Michoacán Silvano Aureoles le retiró su apoyo para otorgárselo a Mead. No era una figura la que lo abandonaba sino mínimamente una nómina cambiaba de color.

Por todo esto es tan importante la voluntad política para acabar con la corrupción. Relajar los requisitos para concursar obras y servicios puede ser por iniciativa de algún subordinado, pero hacerlo sistemáticamente precisa de una orden superior. Por ello no puede deslindarse tan fácilmente Vila de las acusaciones de Huacho y prefiere desviar la atención hacia su contrincante acusado de poseer un mega-rancho.

 

Vila parecía seguro gobernador. Las cosas se le complicaron y el ganador es incierto. Que Yucatán merece más nadie lo discute, pero que Vila merezca más parece que los yucatecos, mínimo, lo dudan, quizá por ello no ha podido obtener clara ventaja sobre su oposición.

Se parece tanto a Patricio Patrón que no quiso o no supo cambiar la manera de hacer política en nuestra entidad.  No por nada seguimos hablando de corrupción.

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