PROSA SIN MÉTRICA A LA LUZ

 

 

Por (Luis Chay Chuil)

 

Conozco, sé y vivo muy de cerca la historia de alguien que vive en la indescriptible realidad de la oscuridad física, pues lamentablemente no puede disfrutar los colores del arcoíris o de las cosas con las que a diario convive.

Vive desde hace varios años en el paraíso de la oscuridad, describo así su situación porque eso le ha permitido desarrollar otras cualidades, pero sobre todo no vencerse ante esa adversidad; todos los días levantarse y mantenerse activa para no pensar y sentir de más el dolor del estigma que lleva en el cuerpo y el alma.

Algo que la mantiene con ánimo, lo cual tiene casi grabado en la frente y escrito en su mundo de tinieblas, es que alguien le regaló una bendición con algunas palabras de consolación: “La luz de tu corazón guiará tus pasos todos los días y donde quiera que vayas”.

Así que como un intento de comprender ese mundo invisible y procurando interpretar esa inmensidad e indescriptible mundo de las tinieblas, trataré de describir ese mundo en el que muchos se encuentran y a diario recorren las calles luchando para no decaer y sin saber que son unos héroes anónimos y salvan a muchos de no dejarse atrapar por las cadenas de la depresión.

Métrica y concordancia quizá no encuentre amigo lector, pero es un ensayo de sumergirse en ese mundo de las tinieblas que puede volverse un caos, pero que a la vez no conoce ocaso y vuelve a muchos triunfadores a pesar de la invisibilidad.

En el principio reinaba la oscuridad, todo era profunda y densa tiniebla. El viento arrastra la soledad, la tristeza envuelve todo con su soledad. El aire acaricia el universo, pero todo es penumbra.

Todos desean ver y hablar de la luz y los colores, pero nadie tiene idea ni experimenta lo que es estar iluminados. Hasta cuando duermen sueñan en la oscuridad; viven en una cotidiana noche.

Se preguntan del color de las sonrisas o cómo es la luz del canto de las aves, pero no hay respuesta. ¿El rojo será como un grito? Y el blanco, ¿como el agua fría? La piel, ¿será como la luz? Las lágrimas ¿de qué color serán? La única respuesta es el silencio de la noche.

¡Quiero ver y vivir en la luz! Ese es el grito en cada amanecer. ¿Acaso estamos condenados a vivir siempre en la oscuridad? ¡Qué larga y solitaria es esta noche! ¡Cuántos fantasmas asedian con sus mil voces! Siempre atento a cualquier sonido se llenan de asombro y las dudas se agudizan…

¿Esta es la vida que vence la oscuridad, la luz que llama a la soledad sueño? ¿O cómo explicar la claridad que envuelve con su ternura infinita? ¿Cómo describir lo inexplicable? La vida de la verdadera luz es una fiesta continua, hace que las enfermedades y penas se vuelven pasajeras, vuelven ilusiones lo que parece un mundo irreal.

Así que voz en cuello exclamo: Luz, centella de amor, enséñame la senda por la que caminas ilusionada en busca de la plenitud. Ilumina mis pasos que pisan el tiempo para una nueva ilusión, con frío o sol, lluvia o nieve, con gran emoción disfrute la brisa del viento y amor de la libertad interior, que es lo mejor.

Dueño de la luz y vencedor de las tinieblas, haz que mis ojos estén absortos, rompan las ataduras de la noche, reluzcan y estremezcan hasta tocar la verdadera claridad que no conoce ocaso.

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