HAY UN NUEVO PRIISTA Y ESO ES MUCHO EN ESTOS TIEMPOS [Raúl R. Dzul Paredes]

FOTO OFIC DE RAUL DZUL

Luego de constatar el desastre que ha sido Meade como candidato, uno se pregunta qué hizo a la cúpula priísta decidirse por un candidato de su perfil. Porque ni modo que no supieran que abanderados de su tipo, Salinas y Zedillo, por ejemplo, en cuya trayectoria sobraban títulos de maestrías y doctorados en Harvard y Yale, así como experiencia en los más altos puestos de Administración Pública, se habían mostrado como pésimos candidatos, y si no es por vías sospechosas, uno llegó en medio de elecciones altamente cuestionadas y el otro trepado en el magnicidio del malogrado Luis Donaldo Colosio. La  receta ni era novedosa ni probó ser efectiva.

De Salinas mucho se ha dicho y basta recordar que su gestión se coronó con una guerrilla y Zedillo pasará a la historia como el priísta que entregó el poder a un candidato que no era de su partido; por lo que dos sexenios bastaron para que la tecnocracia evidenciara que la política no era su fuerte o para decirlo más claro: Carecen de algunas herramientas esenciales para gobernar. ¿Entonces?

Cabe la posibilidad, y hay indicios para pensarlo, que la cúpula gobernante y quienes tienen el control de las decisiones estén convencidos que el hartazgo social no responda a la realidad sino a una percepción producto de una mala comunicación o “cuentas mal sacadas” de la sociedad.

Ante este caso, se habrán planteado que una buena campaña y una fuerte operación electoral, tipo Estado de México, bastaría para allanar el camino exitoso a su candidato.

La otra posibilidad es que entendiendo el malestar y hartazgo social como una condición genuina calcularan que un deslinde de su candidato no abonaría nada a su causa y al final del día sólo serviría para demeritar más lo que consideran la gestión más eficaz en términos de cambios estructurales. Sin soslayar los proyectos económicos (aeropuerto, concesiones petroleras, etc.) en plena marcha y que precisan de la venia del poder para no toparse con demasiados frenos.

Estaría en sus presupuestos sacrificar a su candidato, oveja dócil incapaz de patalear y oponerse a los dictados de sus amigos y verdugos. O si se quiere ver más benigno, ya le tocó ser martillo, ahora le toca ser yunque.

Quizá dotado con esta consigna es “admirable” notar al nuevo Mead defendiendo con denuedo al priísmo y a priístas que la sociedad ya decidió y señaló como los íconos de ese PRI: Deschamps, Moreiras, etc., que ha rebozado de hartazgo al 80 por ciento de la sociedad.

Por lo que su nuevo discurso está dirigido a los miembros de su partido, con el fin obvio de evitar la desbandada que merme sus filas para dar la batalla en el escenario de las cámaras y la gubernaturas, sus últimos reductos para pelear y resistir en espera de mejores tiempos, sabedores que en política nadie muere para siempre.

Son malas noticias para Anaya y por más que se esfuerce en mandar guiños concitando posibles alianzas, nadie le hará caso porque lo conocen como traidor e irrespetuoso de sus acuerdos.

Está cosechando lo que sembró el otrora niño maravilla que no resulto tan maravilla en las ligas mayores. Incapaz de presentarse como una opción distinta, no sólo porque carece de proyecto diferente al del gobierno actual sino y además porque prácticamente aprobó todas y cada una de las iniciativas que hoy por hoy cuestiona la sociedad, desde el gasolinazo hasta la llamada Reforma Educativa, que tiene inconforme a los maestros, que pocos no son.

Por fin buenas noticias para el PRI, tienen un nuevo miembro, y eso ya es mucho en estos tiempos de cólera.

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