EL MEJOR REGALO, UNA FAMILIA

 

 

foto analeti

 

Mucho se habla del amor de madre, del sacrificio por sacar adelante a los hijos, por los desvelos, por las tristezas, por las noches en vela ante las enfermedades, por las alegrías no vividas cuando las madres trabajan, por todas las vivencias no compartidas por cualquier motivo, mucho se critica en la sociedad por el hecho de regalar a un hijo…

Así comencé mi discurso como directora de la universidad ante un auditorio con más de 500 madres, cada una con historias diferentes, pero madres. Unas reían y otras lloraban de tristeza o de alegría, pero todas con el mismo semblante en la cara: amor a sus hijos. Mujeres guerreras, fuertes, positivas ante la vida, muchas que han librado enfermedades, otras que han perdido a un hijo.

Festejábamos el Día de la Madre. Era una mañana muy concurrida, mariachis, comida, aplausos, en fin, un gran día.

La universidad otorgó reconocimientos a varias madres por diferentes motivos, y el último y no menos importante era para Martina. Al llamarla para que subiera a recoger su reconocimiento, fui recordando 25 años atrás y más que Martina se sintiera orgullosa, era yo quien la admiraba, era yo quien me sentía orgullosa de ella, era yo quien le reconocía su valor y su mérito, su sacrificio, pero lo que más le admiraba era su silencio.

Martina fue elegida como la MADRE 2018 por su pasado, por su vida de sacrificio, ella estaba psicológicamente tratada para hoy contar sus vivencias, cómo se fue superando y cómo no murió en el intento.

Martina tuvo que entregar “regalar” a su hija Valentina al General Sebastián y a Rosita, su esposa, quienes no habían tenido hijos, y le prometieron a Martina que Valentina se sentiría orgullosa de este acto de amor. El mejor regalo que le podía dar a Valentina era una familia con ellos, y Martina lo aceptó.

Ya en el estrado, Martina tenía que hablar, contar su pasado, cómo superó los abusos de los novios de su madre, (cuya consecuencia fue el nacimiento de Valentina), los abusos de sus mismos familiares, los trabajos que pasó y sus tristezas.

Sus noches de angustia, cómo tuvo que reprimirse para no dar su amor de madre, cómo tuvo que guardar silencio siempre, y mientras ella contaba, yo la admiraba más. Yo sabía que Martina era mi verdadera madre, porque Rosita y el General Sebastián siempre me lo dijeron, me enseñaron a quererla, a amarla, a respetarla, pero Martina no sabía que yo lo sabía.

Ella trabajaba en nuestra casa, me cuidaba, estaba pendiente de mí y de mis padres, veía nuestras vidas, pero siempre en silencio, sin decir ninguna palabras. Conforme yo iba creciendo, Martina crecía conmigo. Le enseñé a leer, a escribir, y recuerdo que le pedí que hiciera la primaria, y no quería, le daba pena, pero al fin fue aceptando las cosas buenas que le dábamos, siempre temerosa, desconfiada, en silencio.

Martina siempre estuvo a mi lado y yo al lado de ella. Hoy yo le daría el mejor regalo, una familia, dejaría de ser Martina la del servicio para convertirse en mi verdadera madre. El General Sebastián me lo pidió, cuando yo le conté que dirigiría el festival del Día de la Madres, y que me darían ese mismo día el cargo de directora, entonces él me dijo:

“Hija, ese será el día que le debes de decir a Martina que ella es tu verdadera madre. Nosotros te seguiremos queriendo por toda la vida, pero será el mejor regalo que le puedas dar”.

Y durante un mes, lo planeamos todo.

Al terminar Martina su intervención, le daría el reconocimiento a la MADRE 2018 que le otorga la universidad, y le dije:

“Martina, yo soy María Valentina de los Santos, tu hija, y me siento orgullosa y muy feliz de que tú seas mi madre, y te pido en este auditorio, que me permitas llamarte así, MAMÁ, y que a partir de hoy vivas como mi mamá en nuestra casa. Tú me diste una familia hace 25 años, y yo hoy te doy una familia”.

Martina no podía hablar, en lo que se recuperaba, llamé a mis padres, Sebastián y Rosita y juntos fuimos aplaudidos por todos los presentes y le reconocimos el sacrificio y el silencio a Martina.

Hoy puedo decirles a todos los hijos “regalados” que tengan amor en su corazón, perdón para sus verdaderas madres, que siempre ellas hacen lo que mejor sea para nosotros.

Yo le doy las gracias a Martina POR EL MEJOR REGALO… MI FAMILIA.

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