MI AMIGO DEL ALMA (Por: Ana María Ancona Teigell)

FOTO OFIC ANA MARIA

 

“Cuando ya no somos capaces de cambiarAMIGO DEL ALMA

una situación, nos encontramos ante el

el desafío de cambiarnos a nosotros

mismos”.

Viktor Frank

Acompañada de la bellísima música de Samuel Barber interpretando “Adagio Pour Cordes”, me viene a la memoria mi gran amigo Jesús. Esos seres de luz que llegan a tu vida para iluminarla y embellecerla con su presencia. Esas almas que nacieron para encontrar una comunión, una unión de cariño y amistad con otro ser humano.

Esos amigos a los que les tiendes la mano y se quedan para siempre habitando cada rincón de tu espíritu y corazón, de tu mente y tus recuerdos, porque así son ellos, ¡puro amor!

Y, ¡qué difícil es llegar a cierta edad!, ser extranjero, no tener un hogar, ni empleo, porque la vida de los hoteleros es un peregrinar a diferentes puertos por un tiempo y después zarpar hacia donde te quieran llevar. Y así se pasa el tiempo, pero llega una edad en la que, quieras o no, todo lo tienes que dejar y, ¿a dónde vas? El terruño está del otro lado del mundo, aunque vienes y vas, ya no te quieres quedar, saludas a la familia, los amigos, pero después de tantos años, quizás ya no tienes nada que extrañar, haces tus maletas y te vuelves a marchar.

Son los aventureros del universo, que necesitan buscar otras playas, otros mares que los quieran acoger y arrullar, compartiendo sus sueños y proyectos, que se pierden en el cielo y se quedan en la eternidad.

Son los viajeros incansables, que solitarios caminan senderos llenos de ternura y amabilidad, que esperan una mano amiga que los quiera cobijar bajo el techo de un hogar donde puedan descansar.

Siempre que lo recuerdo, pienso que Dios sólo te da una oportunidad para tener por un tiempo a estos maestros que refuerzan en ti la humildad y honestidad, la integridad, la hermandad, el valor que tiene decir la verdad, que levantan la voz contigo, que se enfrentan a un destino duro y frío con una sonrisa en los labios y la inocencia de los niños.

Que a pesar de la adversidad nunca se dan por vencidos, que siempre encuentran un motivo para levantarse cada mañana y enfrentarse sin miedo, como los toreros, tirándose al ruedo a lo que la vida le tenga previsto.

Esos amigos que te toman de la mano y la aprietan con fuerza para que sientas que no todo está perdido. Que caminan contigo los senderos de tristeza y soledad, así como los que están llenos de alegría y felicidad. Los que respetan tus tiempos, tus espacios, tus silencios y recuerdos, los que secan tus lágrimas y te roban una sonrisa con una broma o una caricia.

Agradezco que mi hogar haya sido el suyo durante año y medio, agradezco su presencia en mi vida, presencia divina que compartió conmigo momentos que sólo los amigos pueden tener. Extraño verlo sentado en la sala de casa abrazando un cojín, como si quisiera sentir los brazos de la madre amada que un día dejó de existir.

¡Cuántas veces lo sorprendí con la mirada perdida en sus recuerdos, en todo aquello que callaba con tanto recelo!

Adora mi ciudad, por eso vino, quería quedarse a trabajar. ¡Cuantas puertas tocó! Y nadie las abrió. ¡Cuántas veces lo vi llegar con los hombros caídos, con el ánimo por los suelos porque nada había conseguido! ¡Cuántas veces!, cuando lo miraba, la tristeza de sus ojos me hablaba de desconsuelo y desesperanza. Ya no había ese brillo que irradiaba su mirada, contemplaba la calle como si quisiera escapar de un mundo cruel y de una sociedad que lo ignoraba.

Sabía que algún día tenía que partir de su Mérida adorada, no podía seguir sin hacer nada. La juventud la lleva en el alma, su espíritu aún tiene alas para poder volar y buscar nuevos horizontes donde pueda trabajar.

Nuestra soledad estuvo acompañada, miraba el sol por la ventana. Para él siempre hay un mañana, le gustaba salir a caminar y contemplar la noche estrellada, porque decía que ahí está su verdadera casa.

A veces la nostalgia lo embargaba, no me tenía que decir nada, sabía que extrañaba a sus hijos, sus hermanas, todo lo que hace tantos años dejó atrás, a todo lo que tuvo que renunciar por seguir sus sueños, sus anhelos.

Ese día tuvo que llegar y, una mañana de abril, hizo sus maletas y de nuevo se fue a conquistar sus objetivos.

Ahora trabaja en otra ciudad; aunque seguimos hablando por teléfono dejó un gran vacío en mi hogar, a veces siento una gran soledad. Me hace falta el hermano, el amigo del alma que Dios me ofrendó, su apoyo, sus palabras de aliento, su risa, él, que antes de partir el rosario de su madre me regaló. Joya que atesoro, que siempre está conmigo y que me hace sentirlo dentro de mi corazón.

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