EL FIN DEL MUNDO (Por: Yoxi)

 

 

FOTO OFICIAL 2 DE YOXI

 

Le oyó  en la plaza del pueblo predicando con vehemencia  el “Fin del Mundo”, la mayoría de la gente le ignoraba y seguía su camino. Era un raro predicador que no hablaba muy bien el español. Clamaba a gran voz “¡El fin del mundo está cerca! ¡Arrepentíos!”.

Iba descalzo vestido extrañamente con una túnica, dijo ser el apóstol Juan, haber caminado con Jesús y haber vivido más de dos mil años, –como dijo fue profetizado por éste– para así permanecer hasta su regreso y anunciar el mensaje de arrepentimiento al mundo del fin de los tiempos, ante la inminente segunda venida de Jesucristo para juzgar a vivos y muertos.

A Francisco le pareció demasiado exagerado su pronunciamiento, sin embargo, había algo en el tono de su voz que le alarmaba y le daba miedo, como la voz de su padre cuando de niño le regañaba con autoridad por alguna travesura y le hacía mojarse en los pantalones.

¿Pero quién se cree este tipo? ¿Por qué no se va a otro lado a escandalizar?

En esto pensaba cuando el hombre se dirigió a él. Y en tono suave le hablo: “Sé lo que pensabas, amigo. Mi mensaje es muy importante, por eso lo anunció en las plazas y en las esquinas. Te buscaba a ti para completar el grupo local, tú eres uno de los elegidos para este trabajo”.

Francisco quedó perplejo, él no había dicho nada, sólo lo había pensado, era imposible que el hombre oyera sus pensamientos.

“Sígueme –le dijo con autoridad–, tú me serás una vasija útil para cumplir mi misión”.

Le siguió caminando como un cordero, sumiso y sin hablar, hasta un barrio cercano de la ciudad. Entraron a una casa antigua y se encontraron ante un grupo de hombres que al parecer le seguían, se iluminaban con velas y estaban reunidos de rodillas en oración.

Al entrar ellos, se incorporaron, les recibieron y se regocijaron por su llegada.

Eran once hombres y con él se completaba el místico número doce de asistentes en ese recinto. Todos se sentaron entonces alrededor de Juan y les empezó a hablar.

“Hermanos, como ustedes saben, el Maestro no tarda en regresar, me ha hecho albacea de su voluntad y me ha dado el don de la longevidad como testimonio a ustedes y al mundo, para cumplir su voluntad preanunciada y anunciar las buenas nuevas. Para que se proclamen a todos los hombres  en este tiempo, ya que se han desviado del camino recto que marcó el Señor.

“Por eso ahora yo os comisiono ¡Proclamad el Evangelio y explicadlo! Que es muy simple: El hombre se tiene que  apartar de sus malos caminos, creer que Jesús le puede salvar y cambiar por medio de la fe. Guardar los mandamientos que son muy simples: Amar a Dios sobre todo y al prójimo como a uno mismo. El Señor no soporta más sacrificios ni ritos, -le son abominación- solo el cambio verdadero de actitud del corazón. Este es el único camino a la vida.

“Así que esfuércense y sean valientes, si tienen pendientes con el Señor, pónganse a cuentas con Él y los perdonará y los limpiará de toda su maldad. Ahora, vayan por todo el mundo y anuncien el cumplimiento en breve de las profecías del fin del mundo y anuncien las buenas nuevas del Evangelio eterno y puro a todos sus allegados, y al que crea denle la misma indicación, de esparcirlo de boca en boca, tal como fue anunciado al principio y que yo vine a recordarles a ustedes ahora, como escogidos, para hacerlo en este tiempo”.

Todos salieron gozosos a la calle cada cual para su casa. Francisco, como autómata, hizo lo propio, llegó a su casa y abrió la puerta. Era tarde ya y le esperaba su esposa que le miró extrañada. Estaba pálido y ella lo notó enseguida, le cuestionó qué le pasaba.

Él le platicó su extraña experiencia, y en ese momento le vinieron a la mente las palabras del apóstol cuando dijo que era Juan y que estaba vivo hasta el regreso del Señor y por su gracia.

–Eso no es posible –replicó su esposa–, Juan murió en la isla de Patmos en el Mar Egeo, eso lo estudiamos en la Iglesia hace tiempo, ¿qué te pasa? ¿Te dieron a beber algo?

–Un momento –dijo él–, Juan dijo que llevaba esperando vivo más de 2000 años de acuerdo a la Biblia. A ver, tráela y vamos a checar. A ver qué dice el verso que nos dio como referencia, que es… mmmh. San Juan 21:22.

Abrieron la Biblia y efectivamente el verso hablaba del discípulo amado, de su probable inmortalidad, aunque no lo declaraba explícitamente…

Su esposa se le quedó viendo incrédula.

–A mí se me hace que se ya se te aflojó un tornillo mi rey.

–Por supuesto que no mi amor, mañana vamos para que veas con tus propios ojos  que te digo es real.

Al día siguiente por la tarde, después de sus actividades, la llevó a la casa señalada, llegaron al gran portón de madera y se encontraron un letrero que decía: “Se Renta”.

–¡A caray!, esto no estaba ayer-comento Francisco-

Así que, inquieto, tocó insistentemente. Sin respuesta del interior.

Después de un rato de espera, un vecino fastidiado por el ruido salió y le dijo: “Nadie vive ahí desde hace tiempo señor, si quiere rentar el lugar marque el teléfono del letrero y ahí le darán informes”.

No había notado tampoco él teléfono, pero al verlo su sorpresa fue mayor, en letras pequeñas se leía el 777-777-7777, a simple vista parecía sólo una raya. Lo anotó y se alejaron en silencio. Llegaron a casa y mientras ella lo veía con recelo marcó el número  del anuncio.

“El número que usted marcó no existe”, fue la contestación de una grabadora.

FIN

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