RUIDO, ¿IGUAL A BUENAS VENTAS?

 

 

Por Luis Chay Chuil.-

 

Ante la pérdida de valores y la mal entendida libre expresión, muchos ya no saben guardar límites y menos respetar los derechos de los otros. Lo anterior quiero aterrizarlo en la pugna que hay respecto al ruido excesivo que hay en establecimientos del centro de Mérida.

Estoy convencido que la música tiene muchos factores que hacen bien a quienes gustan de ella, hasta el punto de ser empleada para fines terapéuticos.

Hasta aquí todo bien, pero cuando se pierde el justo valor de este arte -que incluso es descrito como que “no es para entender, sino para sentir”-, se vuelve algo desagradable, no en esencia, sino en la forma emplearlo.

Esto último es en lo que se ha caído en los diversos comercios del Centro Histórico de esta ciudad, una forma errada de concebir la música, lo cual se refleja en excesivo ruido que invade las calles y, por ende, el malestar que causa a transeúnte y a quienes habitan en esa zona.

Me pongo del lado de quienes piden se regulen los decibeles en el ruido, pues ya no es agradable, y se piense en el bien de las personas y de los edificios, que también a la larga resultan afectados, muchos de los cuales son de gran valor y mudos testigos de mucha historia.

Quienes han levantado la voz, en ningún momento han pedido, al menos en público, el cierre de esos comercios o la prohibición de emplear música para atraer potenciales clientes.

A mí, en particular, el excesivo volumen musical o los supuestos promotores o animadores no cumplen en mucho su finalidad y me parece una manera errónea de mercadotecnia, si es lo que pretenden que sea.

Considero que con eso, en lugar de atraer clientes lo único que hacen es ahuyentar a muchos, a pesar que la melodía empleada sea la de moda en el momento.

Lo que hago cuando me encuentro con un lugar de esos es evitar acercarme y opto por otro establecimiento para adquirir lo que busco.

Es claro que lo que se pide no es que se suprima la música, sino disminuir el volumen, pues parece que se ha vuelto una batalla para ver quién hace más escandalo para atraer a la gente. Hasta algunas farmacias le han entrado a esta “fiebre”, por lo que creo que alguien que entra a una para encontrar alivio a una jaqueca lo único que adquirirá será una neurosis.

Estoy seguro que si se usa buena música de fondo, agradable al oído, otra cosa sería la situación y dudo que muchos clientes eviten esos lugares, pues es bien sabido que hay melodías adecuadas que son empleadas muchas veces para fines terapéuticos, lo que demuestra que cuando son bien empleadas logra cosas positivas.

A fin de cuentas, y muy en el fondo, es lo que pretenden los responsables de los establecimientos, pero creo que no han hecho un buen enfoque y se han dejado llevar por la inercia de que el ruido o escándalo llama la atención.

Hagan la prueba y estoy seguro que los resultados serán notables, pues una buena motivación y mejor ambiente, que tome en cuenta al cliente es una buena táctica. ¡Ahí se ven!

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