MUERTE EN LA RUEDA DE LA FORTUNA

foto analeti

Por Ana Leticia Menéndez Molina.

Caminaba por el parque y decidí sentarme en la banca que da a la fuente, me gusta mirar y escuchar el caer del agua, me distrae el gritar de los niños y jóvenes que suben y bajan de los juegos mecánicos de la feria que se instala en vacaciones, es un constante gritar. Unos gritan de miedo, otros de emoción.

La altura de los juegos da miedo, quienes están en la fila quieren subir, quienes están en lo alto ya quieren bajar, todos los de arriba con cara de pánico, pero divertidos y gritando.

Yo desde la banca observaba el panorama y me atrapó la mirada la rueda de la fortuna. Un juego mecánico muy colorido, con bancas de madera pintadas en multicolores

Desde niño quise subir, pero la verdad es que nunca me atreví. Hice la fila muchas veces y al llegar pretextaba que no había comprado boleto, sabiendo que al hacer la fila ya lo debía de haber adquirido, sin embargo volvía la feria a los pocos meses y yo soñaba con subir y así se me pasó la infancia y la adolescencia.

Hoy que miro la altura de la rueda, me doy cuenta que no es mucha, pero algo me llamó la atención: en una de las bancas va un hombre que parece muerto, ya lleva varias vueltas en la misma posición y no cambia su semblante.

Me acercaré, pues ya casi se detiene.

Vaya sorpresa, la rueda se detiene y el hombre queda en lo más alto, todos gritan, pero él ni se mueve. Bajan unos jóvenes y comentan sus impresiones, bajan unos novios y sus amigos les aplauden, bajan un padre y su hijo muy abrazados, bajan unos niños como de doce años, ellos sí verdaderamente emocionados.

Yo parado esperando a que baje el hombre que para mí está muerto, y cuando llega a la salida, el operador le quita el seguro, mueve la palanca para abajo, y aquel hombre ni se mueve y el operador le dice:

“Señor, ya puede descender, hemos llegado a tierra firme. Señor, ya puede bajar. ¡Señoooorrrrrrr! “¡Auxilio! ¡Auxilio!”.

Y el hombre se cae del lado derecho y se resbala llegando al suelo.

Yo había observado todo, pero no desde que comenzó la vuelta, pero sí pude percatarme que el hombre ya estaba muerto en las alturas, pero se tuvo que haber subido vivo.

Me acerqué para estar más informado, esto era una locura y más que la feria es familiar, había desde nenes hasta tipos como yo que sólo somos espectadores.

Enseguida llegó la ambulancia y desde el momento que lo alzaron para subirlo a la camilla, el joven paramédico le dijo a su compañero: “Éste hombre está muerto”.

El compañero se acercó hasta el juego mecánico a revisar si había algo más en la banca, y ahí estaba mi inseparable sombrero de huano.

Yo me acerqué para mirarle la cara y cuál fue mi asombro:

“Era yo quien había muerto de un infarto, pero al fin logré subirme y vencer mis miedos, siempre quise subir, pero no me atrevía.

Oí decir al paramédico: “Es don César, el de la botica, que llamen a sus familiares”.

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