CUANDO LA PUBLICIDAD CHOCA CON LA REALIDAD

FOTO OFIC RAÚL CUADRO

CUANDO LA PUBLICIDAD CHOCA CON LA REALIDAD

Por Raúl R. Dzul Paredes.

En un contexto en el que la población asalariada perdió un 11 por ciento de su poder adquisitivo irrumpe el tiempo de eslóganes, de promesas de que en el futuro estaremos mejor (bajo el supuesto de que en la actualidad nos va bien).

Nuestro país ocupa el lugar 15 de 17 respecto a su poder adquisitivo, muy debajo de países como Guatemala, Panamá y hasta de Belice. Sólo estamos por encima de Haití y El Salvador.

La verdad no sabemos si los candidatos comprenden la realidad del grueso de la sociedad o sabiéndolo prefieran adoptar el cinismo, porque la sinceridad, la franqueza, no tiene cabida en la contienda política.

Sin embargo, me parece que la sociedad tiene la claridad para identificar quiénes le hablan con cinismo; aunque se requiere un mayor debate para identificar las promesas de mundos maravillosos.

Para ello es importante reconocer los factores que afectan los niveles de bienestar. Uno de aquellos es el binomio gasolina-transporte.

Como es lógico,  el incremento en el precio de las gasolinas inevitablemente se reflejará en el precio del transporte. Lo que a su vez modificará el presupuesto de gastos de una familia. Pongámosle números y lugar para comprender la magnitud y el efecto tan significativo de este factor.

En nuestra capital del Estado, Mérida, Yucatán, el costo del pasaje en camión urbano es de 8 pesos. Los centros de trabajo que ocupan la mayoría de mano de obra se encuentra en la Ciudad Industrial. Así que todos aquellos que viven en los grandes fraccionamientos habitacionales del poniente y oriente de la ciudad, normalmente requerirán tomar dos camiones, porque ninguna de esas rutas los lleva directamente a su lugar de trabajo. Eso sumará al final del día 32 pesos.

Pero las familias tienen hijos y cuando no tienen la suerte de contar con una escuela que les permita llegar caminando, la suma aumentará con 16 o 32 pesos, dependiendo si tuviera uno o dos niños.

¿Qué cantidad les parece un buen promedio del gasto diario en transporte familiar? Pongámoslo conservadoramente en 48 pesos. Recordemos que el salario mínimo es de 88.36 pesos. Sabemos que todavía hay una franja significativa que gana el salario mínimo y en Yucatán hay miles de esos.

Lo que observamos para esas familias es que más de la mitad de su salario (54%) lo gastan en transporte. A esto tenemos que sumarle otro dato: un obrero, al no tener la oportunidad de ir a su casa a comer, tiene que pagar su comida. Las empresas suelen subsidiarles una parte pero la cantidad que aporta el trabajador le sigue restando a su salario diario.

Podemos mover los datos para arriba o para abajo, pero de todas maneras la situación se mueve entre dramática y muy dramática.

Quienes piensan que la situación del trabajador y su molestia con la misma es un asunto de percepción; o no saben lo que dicen o sabiéndolo responden con cinismo.

El gasolinazo no es un concepto que se reduce a pesos y que sólo molesta a quienes tienen carro, como el transporte tampoco es un asunto de la comodidad o incomodidad del pasajero y mucho menos de los intereses de los camioneros. Es un asunto que afecta directamente al bienestar de las familias, que por mucho que se les quiera convencer con publicidad, puede más la realidad.

Por eso, los candidatos que no tengan respuestas para lo urgente, difícilmente concitaran la menor empatía y mucho menos la intención de votar por él o ella. La publicidad tiene sus límites ante la realidad.

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