HALLAN CULPABLE A LOS HOMICIDAS DE EMMA GABRIELA MOLINA CANTO

 

FOTO OFIC ANA MARIA

“La justicia no espera ningún premio, se

la acepta por ella misma. Y de igual

manera son todas las virtudes”.

Cicerón.

 

Ana María Ancona Teigell.-

 

(Parte III)

 

El jueves 22 de marzo del año en curso nos presentamos en el CJOM (Centro de Justicia Oral de Mérida) a las seis de la tarde, para esperar el fallo de los jueces en el juicio que se les siguió a Oscar Miguel López Tobilla y Jonathan Mézquita Avalos, como los asesinos materiales de Emma Gabriela Molina Canto.

Primero entraron las dos partes, y a las 19:30 horas pudimos entrar a la sala para escuchar el veredicto que los jueces emitirían en contra de estas bestias (no los puedo llamar de otra manera), que mataron sin piedad, con saña, crueldad y brutalidad a Gaby, el 27 de marzo del 2017.

Mientras esperábamos a los jueces, en la sala se respiraba un ambiente cargado de silencio, preocupación (porque sabemos por la madre de Gaby, que Martín Alberto Medina Sonda y su familia están soltando millones de pesos para comprar abogados, como sucedió con el Lic. David Dorantes Cabrera, quien primero fue parte del equipo de Doña Tere, teniendo en su posesión el expediente de Gaby, y después de que Fernando Molina Canto, hermano de la víctima, viera cómo los padres de Medina Sonda entraban al despacho del Lic. David Dorantes Cabrera, éste acabó defendiendo a los homicidas. Una actitud deleznable, que debe ser castigada y sancionada. Y, si se puede a autoridades) y tensión, porque sabíamos que si el fallo no era justo, iba a caldear los ánimos de todos los que estábamos presentes apoyando a Doña Tere.

A los pocos minutos, como siempre, nos pidieron que nos pusiéramos de pie para recibir a los jueces, a fin de dar inicio a la audiencia, en la que se dio lectura a la sentencia que de forma unánime y contundente decidieron los jueces Sergio Javier Marfil Gómez, María del Socorro Tamayo Aranda y Verónica de Jesús Burgos Pérez.

Los asesinos fueron declarados penalmente culpables de homicidio calificado, con premeditación, alevosía y ventaja, siendo coautores y actores materiales y directos. Culpables por portación de armas e instrumentos prohibidos, así como narcomenudeo en su modalidad de posesión de cocaína. Culpables de agredir a un policía con la navaja que portaba Oscar Miguel López Tobilla en el momento de la detención. Culpables por encontrar sangre de Gaby en una de las camisetas y un pedazo de tela. Y culpables por lo que muestra el video del vecino de Gaby, que los graba saliendo corriendo de su casa.

Por lo que los fiscales adscritos al Tribunal Segundo de Juicio Oral del Poder Judicial, Ediel Zapata Solís y José Manuel Pedro Evia Chávez, demandaron la pena máxima de 40 años de prisión para los homicidas; sentencia que se dictará el próximo miércoles 28 de marzo del año en curso, a partir de las diez de la mañana.

Recordemos que durante el juicio, todos los testigos: la madre de Gaby, su hermano, la persona que estaba en la tienda frente a la casa de Gaby (donde estaban los asesinos esperándola y al llegar ella salieron), quien oyó los gritos de Gaby pidiendo auxilio porque la estaban matando y salió apresuradamente para ayudarla, encontrándola tirada en el piso en un charco de sangre, y al percatarse que dos hombres salían corriendo, se sube a su bicicleta y los persigue, anota el número y placas del taxi que tomaron, dando aviso a la policía; los agentes que los detuvieron en la calle 61 entre 68 y 60, la persona que les rentó su coche a “El Huero” y “El Cachorro” (donde transportaron a los asesinos para ubicar la casa de Gaby), ¡Todos!, cuando el Juez les preguntaba si esas personas se encontraban en la sala, dijeron que ¡Sí! y señalaron a Oscar Miguel López Tobilla y a Jonathan Mézquita Avalos.

Cuando los jueces abandonaron la sala, las lágrimas comenzaron a rodar como cascadas por el rostro de Doña Tere. Esa noche, a esta madre y guerrera, que sigue en pie, con la frente en alto y el alma llena del amor de su hija, para seguir levantando la voz, exigiendo ¡Justicia!, fue como si le quitaran una lápida de encima que no la dejaba respirar.

Al salir, los medios de comunicación la estaban esperando. Sin dejar de llorar, agradeció su presencia y apoyo. Les dijo: “Ya hemos avanzado en este camino, hoy ha sido un gran logro, pero todavía queda un largo trecho por andar. A casi un año de la muerte de mi hija, queda pendiente el juicio de Martín Alberto Medina Sonda, actor intelectual de este homicidio-feminicidio, y sus cómplices, “El Huero” y “El Cachorro”. Hoy, se escribe en la historia de Yucatán la vida antes de Gaby y después de Gaby”.

Cuando la prensa se retiró, se acercó a mí y abrazándome bañada en llanto me dijo: “ya hemos avanzado algo, ya nos queda menos”. Emocionada y satisfecha por la sentencia, sin poder decir una sola palabra ante tanto dolor y sufrimiento, sólo me quedó abrazarla y besarla, para que sintiera mi apoyo y solidaridad. Sólo cuando hemos sido acompañantes de esta madre y su hija, las que conocemos el caso a fondo, las que conocimos en vida a Gaby y la llevamos en el corazón, ahora que está con Dios, oramos para que este crimen atroz, que cimbró a toda la ciudadanía y sociedad yucateca, nunca se vuelva a repetir.

Ella no deja de decir: “que investiguen a los padres y hermanas de Martín Alberto Medina Sonda, ellos son cómplices de su hijo, ellos desde afuera están moviendo todos los hilos, entregando millones de pesos para salvar a este asesino. Ellos seguían a una de mis nietas y a Gaby, por eso estaban asustadas. Ellos cuidaban de mis nietos cuando su padre los sacó del Estado y les envenenaban el alma en contra de su madre. Ellos están pagando al Lic. David Dorantes Cabrera la ropa que los homicidas materiales de mi hija visten en el juicio, su estancia en la cárcel, sus tenis Nike, porque ellos no tienen el dinero para comprarlos”.

La ilusión de esta madre, cuando este caso termine y todos los involucrados sean sentenciados con la máxima pena, es crear una fundación con el nombre de Gaby, para poder ayudar a todas las mujeres que lo necesiten. Para que el nombre de su hija, su niña, su chaparrita, nunca se olvide y quede como un baluarte en la historia de Yucatán.

Oremos para que su sueño se haga realidad. Creo que es tan perseverante y tenaz, y con una inquebrantable fuerza de voluntad, que lo va a lograr. Sólo nos queda a todas y cada una de nosotras el compromiso como madres, hijas, hermanas, tías, abuelas, ciudadanas, acompañarla, apoyarla y no dejarla a la deriva en total soledad.

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