LA DESPEDIDA

foto analeti

Por: Ana Leticia Menéndez Molina.-

Amanecimos cara a cara, yo sin hacer ruido, casi sin moverme, para poder observar su belleza, la finura de su piel que se dejaba ver en sus hombros desnudos bajo las sábanas blancas. Sentí su agradable aroma natural, y ella fue abriendo poco a poco sus ojos color esmeralda y con una dulce mirada me cautivó.

Entonces la miré fijamente a esos verdes ojos y descubrí unas cuantas arrugas alrededor de sus labios, notificando lo mucho que ha reído, y esas pequeñas bolsas cargadas debajo de sus ojos, quizá guardaban las lágrimas aún no lloradas.

Le sonreí, y me sonrió, y a contraluz le vi unas cuantas arrugas que marcaban su frente, quizá conseguidas a través del asombro ante lo hermoso de la vida. Sus labios se abrieron para pronunciar en voz bajita un “buenos días” y recordarme que había comenzado un nuevo día.

Después de saludarnos y sonreír, nos despedimos. Así habíamos acordado anoche cuando nos encontramos en ese pequeño bar al son del “Cielito Lindo”. No sé si fue la letra de la canción o el ambiente, pero decidimos compartir nuestra soledad.

Prometimos no contarnos nada el uno del otro, sólo platicar y acompañarnos, nada de sexo, ni de amor, sólo compartir la noche, disfrutar el repertorio musical, bailar a los acordes de la banda, hablar del momento y quizá algo del futuro sin prejuicios, sólo pasarla bien.

Reíamos y nos divertíamos con nuestras ocurrencias. Las cartas ya estaban tiradas, al amanecer cada quien a su realidad, a su vida diaria.

Pero no fue así, al despertar y despedirnos, nos quedamos atrapados en un beso de amor, nos enamoramos, ahora cada uno tendría que seguir su propio camino sin el otro, o decirnos la verdad antes de partir.

Yo sentí ese beso suyo tan cálido mordiendo ligeramente mi labio superior, un beso que nunca había recibido ni sentido, yo diría un beso de amor, perfecto. Mucho se dice del amor, que no puede ser a primera vista, que cómo se puede amar a una persona que ni conoces. Pero el símbolo del amor es precisamente el beso. Confieso que me erizó la piel, un beso muy especial, tan poderoso, y me decía en voz bajita y con mucha suavidad: no me dejes ir, no me dejes ir.

Cerré los ojos y le correspondí, mi beso era de amor, verdadero amor y en este momento, depositados en los labios correctos, y le murmuré al oído: te amo y no te dejaré ir. La abracé, de verdad que me sentía enamorado, lleno de vida, sentí que nuestros cuerpos estaban ocupando el mismo espacio al mismo tiempo.

La apreté contra mi pecho y abrí mis labios para sentirla, un beso suave y lento, iba despacio, aunque estaba ardiendo por el deseo, pasé suavemente mi lengua húmeda en sus labios, la abracé, enseguida sentí su aceptación.

Yo no era un hombre aprovechado, oportunista, no era un vividor, aún sin saber nada de nosotros, en este momento no empecé a juzgarnos, sólo la sentí y percibí su beso como un placer en sí mismo y no como un cortejo amoroso. Nos entregamos, entrelacé mis dedos en sus cabellos y acaricié su nuca, ella me correspondía… Se entregó a mis brazos y aceptó mis caricias, comenzamos un baile sensual y nos amamos como si nada importara, realmente fuimos bañados por una felicidad indescriptible, buscada por años.

Y cuando abrí los ojos… ya no estaba.

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